Calvino y la Reforma necesaria.

Congregation Inside Cathedral with John Calvin

Luis Pino Moyano[1].

¿Por qué recordar a Juan Calvino a 500 años de la protesta de Lutero con sus 95 tesis? ¿Se le quiere quitar en algo la figuración a Lutero en esta celebración? La realidad es que no, estamos muy lejos de acometer una empresa como aquella. Lutero es sin dudas el protagonista más preponderante de la Reforma del siglo XVI. Pero aquello, no obsta para señalar que la Reforma no se limita a un acontecimiento histórico, sino que es, más bien, un proceso de más larga data, que con el paso del tiempo, tuvo implicaciones más radicales. Calvino es una buena muestra de aquella acentuación de la Reforma toda vez que el, desde su producción teológica, sus exégesis y sus aproximadamente cuatro mil sermones dio paso a una cosmovisión, en tanto filtro para el análisis de todo cuánto sucede a nuestro alrededor y como un sentido de la vida, en el caro decir de Juan Mackay, que nos hace ser parte del mundo como “teatro de la gloria de Dios”. A su vez, es uno de los aportes que quienes somos calvinistas podemos realizar en esta celebración y recuerdo del inicio del camino a la Reforma.

¿Por qué hablar de la Reforma necesaria según Calvino? El título de esta comunicación es un guiño al tratado del teólogo de la Reforma titulado “La necesidad de reformar la iglesia”[2], que tuvo como destinatario principal al Emperador Carlos V y los príncipes y otras autoridades reunidas en la Dieta en Spires realizada en 1544, en este interés de dar a conocer las verdades del protestantismo a los magistrados civiles, para que no se viese a esta nueva corriente como un elemento disruptivo y cismático del cristianismo histórico. Algunos años antes fue este mismo propósito el que le alentó a dedicar una carta de presentación de su “Institución de la Religión Cristiana” a Francisco I de Francia, en la que señaló que: “La Iglesia de Cristo ciertamente vivió, y vivirá en tanto que Cristo reine a la diestra del Padre: con su mano es sustentada, con su favor es defendida, y con su poder es fortificada. Él sin duda cumplirá lo que una vez prometió: qué él asistirá a los suyos hasta la consumación del siglo. Contra esta Iglesia nosotros no queremos hacer ninguna guerra. Porque de un consentimiento y acuerdo, todo el pueblo de los creyentes reverenciamos y adoramos a un Dios, y a un Cristo Señor nuestro, como siempre fue por todos los creyentes adorado. Pero ellos en no menor forma se han alejado de la verdad cuando no reconocen por iglesia sino a aquella que a simple vista ven, a la que quieren encerrar dentro de ciertos límites en los que ella nunca estuvo encerrada”[3]. Ambas invitaciones tuvieron la finalidad de mostrar la seriedad de la empresa reformada, en otras palabras para mostrar la tarea de restaurar a la iglesia, sacándola de su miserable condición y, a su vez, defendiendo la sana doctrina.

La Reforma era una necesidad, toda vez que se era urgente el rescate de la doctrina bíblica, y con ella, de la adoración la salvación, los sacramentos y el gobierno de la iglesia. En todas estas expresiones del cristianismo se daba abuso, mala administración y tiranía. Por lo que los cambios comenzados por Lutero, y de los cuales el mismo Calvino se consideraba un continuador, se leían como remedios apropiados que debían ser, siguiendo la metáfora farmacológica, “consumidos” en forma inmediata.

Veamos brevemente los asuntos que ameritaban Reforma para Calvino:

1. La adoración. Para Calvino este no era un tema secundario o periférico sino fundamental, porque reporta el modo en que Dios debe ser adorado y el origen de nuestra salvación. Entonces, el rescate parte por el fundamento de nuestro culto, es decir, el reconocer a Dios como Él es: fuente de toda virtud, justicia, santidad, sabiduría, verdad, poder, bondad, misericordia, vida y salvación. La adoración siempre debe ser entendida como una negación del yo. Por eso es que el énfasis de la teología reformada no se halla en cinco puntos, sino en la idea de que Dios es y debe ser glorificado en todo. Y esta glorificación, entre otras cosas, busca tener a Cristo como único mediador entre Dios y los hombres. Por eso el culto reformado debía ser piadoso, eliminando imágenes mentales y físicas de lo que es imposible asir con el intelecto, y suprimiendo todo intento de volver a una suerte de promoción judaizante que se centra en sombras que ya fueron completadas con Cristo que es la luz. La regulación del culto en Calvino no tiene que ver con normas estáticas como algunos calvinistas recientes parecen suponer, sino una bandera de libertad frente a normas ajenas a las Escrituras. Decía Calvino que: “Dios ni habita en ceremonias, ni pone valor alguno en ellas, si se consideran sólo en sí mismas; sino que Él mira la fe y la sinceridad del corazón; y que el único fin por el cual Él las ordenó, y las aprueba, es para que puedan ser ejercidos limpios de la fe, de la oración y de la alabanza”[4]. Dios se complace en la obediencia de su pueblo, por lo que un culto corrupto sólo genera la falsa esperanza de la tarea cumplida, llevándonos a olvidar que ante Dios no somos más que mendigos vulnerables necesitados cada día de su gracia.

2. El origen de la salvación. Para Calvino, como para los reformadores, era un error creer que había obras que nos lleven a recibir la salvación. Es una herida mortal para la iglesia cerrarse a creer en la sola gracia. El reconocer a Cristo como salvador y mediador produce descanso y paz, porque sólo en él se tiene la certeza del perdón. Para Calvino somos incapaces de salvarnos y esto frente a un Dios totalmente justo. Por eso es que el moralismo es un error en la teología calvinista, puesto que invita a poner la mira en los pecados vulgares y visibles, sin pensar en lo mortal y profundo de todos nuestros pecados. Es por esto que el teólogo francés proponía “es que Dios nos reconcilia a sí mismo, sin tomar en cuenta nuestras obras, sino solamente a Cristo; y por una adopción gratuita, en vez de hijos de ira, nos hace sus propios hijos”[5]. Cristo satisfizo la ira de Dios en la cruz y conquistó nuestra redención. Inclusive las recompensas del día final por nuestras obras serán por el puro afecto del Dios de la vida.

3. La administración de los sacramentos. Esto fue un tema muy relevante, particularmente el de la cena del Señor, para los reformadores. Calvino poniendo su vista en la misa señalará que ésta es una performance en la que hay un sacerdote apartado de la comunidad, que come y bebe, mientras la congregación, por mero capricho, sólo come, olvidando que la finalidad de los sacramentos consiste en tomar nuestra mano y dirigirnos a Cristo. Por eso, se debe volver a la simpleza del mismo, desconfiando de cualquier rito externo carente de sentido bíblico, lo que lleva a eliminar la procesión de la hostia y la idea de transubstanciación, y a restaurar la copa al pueblo. El sacramento tiene el misterio, pero eso no obsta a la explicación. Por ello, nuestra mirada de los medios de gracia deben hacernos mirar qué y cuán excelente fruto es el que de allí redunda para con nosotros, y cuán noble es la prenda de vida y salvación que nuestras conciencias reciben de esto”[6].

4. El gobierno de la iglesia. Calvino creía que el objetivo del ministerio pastoral era la edificación de la iglesia con la sana doctrina. Esto conlleva la promoción de un buen testimonio, sustentando en la idea de que los pastores se entiendan como embajadores de Dios y no como gobernantes por sí mismos. El creerse gobernantes por sí mismos conduce a la tiranía eclesiástica y a la mejor excusa de la misma: el sometimiento al Espíritu Santo, generando la tiranía más terrible que es la que produce peso en la conciencia y desautorización de la Palabra. Por el contrario, el pastor debe ser maestro, ministro y guardián fiel de la sana doctrina. De ahí que Calvino declare que “Si un perro ve que se le hace daño a su amo –tanto igual al insulto que se le hace a Dios en los sacramentos- ladra al instante, y expone su vida al peligro cuánto antes, que permitir silenciosamente que su amo sea así maltratado. ¿Deberíamos nosotros mostrar menos fidelidad a Dios que una bestia suele mostrar al hombre?”[7]. El celo por la gloria de Dios es lo que debe hacer que los ministros trabajen y tomen riesgos y no su propia fama. Por eso es que el pastor no debe estar centrado en otras preocupaciones. Para Calvino esta era una regla ministerial: “Que no se envuelvan a sí mismos en asuntos seculares, que no hagan excursiones lejos de sus iglesias, que no se ausenten por mucho tiempo”[8]. El rechazo y la persecución son síntoma de estar realizando bien el trabajo y no algo por lo cual llorar en público y a destajo.

Esta es la Reforma necesaria de Calvino, una en la que Cristo es cabeza sobre todo, en la que la Santa Biblia es creída y predicada, una en la que se vive la libertad de aquellos que han sido reformados, una en la que aquellos que son reformados por el Espíritu, es decir renovados por su acción, dan fruto. Esta es una reforma que nace de la iglesia y que se extiende fuera de sus muros, donde también Dios debe ser glorificado, pues la libertad que viven aquellos que han sido redimidos por Cristo es integral y total. Ejemplo de esto es lo señalado por Giorgio Tourn en su biografía sobre Calvino, cuando releva la influencia de su pensamiento en Ginebra, señalando que: “El mayor éxito de Calvino fue haber creado en Ginebra un nuevo tipo de ser humano, ‘el reformado’, y de haber diseñado los primeros trazos de la futura civilización moderna. Mientras que la Contrarreforma católica llenó a Europa de iglesias barrocas y de pinturas, Ginebra imprimió libros y educó a sus hijos en el colegio. Mientras los nobles italianos y españoles, creyendo representar una realidad política permanente fueron de corte en corte y de fiesta en fiesta, desperdiciando el poco dinero que poseían, los pequeños ginebrinos aprendieron que no se honra a Dios con procesiones y con catedrales o con batallas contra los turcos (Lepanto), sino desarrollando una vida honesta y laboriosa, y que no se es un ciudadano responsable únicamente en la edad adulta sino que también el joven estudioso puede hacer bien sus tareas”[9].

 Ser reformado es más que declarar un par de ideas verdaderas y coherentes. Es una cosmovisión y un sentido de vida. Una expresión de fe que se proyecta del culto a Dios a la vida toda.


 

[1] Licenciado en Historia con mención en Estudios Culturales de la Universidad Academia de Humanismo Cristiano. Plantador de la Iglesia Refugio de Gracia. Comunicación presentada en el “Conversatorio sobre Protestantismo”, organizado por la Corporación Sendas, Pensamiento Pentecostal y el Seminario Teológico Presbiteriano, el 24 de agosto de 2017.

[2] Juan Calvino. La necesidad de reformar la Iglesia. Edmonton, Landmark Project Press, 2010.

[3] Juan Calvino. Institución de la Religión Cristiana. Tomo I. Rijswik, Fundación Editorial de Literatura Reformada, 2006, pp. XXXIV, XXXV. Hice una actualización del lenguaje.

[4] Calvino. La necesidad… Op. Cit., p. 39.

[5] Ibídem, p. 49.

[6] Ibídem, p. 57.

[7] Ibídem, p. 82.

[8] Ibídem, p. 59.

[9] Giorgio Tourn. Juan Calvino, el reformador de Ginebra. Barcelona, Editorial CLIE, 2016, p. 86.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s