¿Por qué diezmar?

diezmos

“Traigan su diezmo al tesoro del templo, y así habrá alimentos en mi casa. Pónganme a prueba en eso, a ver si no les abro las ventanas del cielo para vaciar sobre ustedes la más rica bendición” (Malaquías 3:10, DHH).

Puede ser que en este tiempo, hablar del diezmo sea algo complejo, pero no por eso es algo que debamos callar. La corrupción financiera de algunos ministros evangélicos, o el mal uso de los dineros por algunos encargados de finanzas de las iglesias, no es razón suficiente para obviar este tema, pues la experiencia no es normativa. Nosotros creemos que la Biblia es nuestra única y suficiente regla de fe y de práctica. Y las potenciales falencias humanas son frenadas por el ejercicio transparente de rendición de cuentas, que en el sistema presbiteriano se hace con miembros de la iglesia local, cuyo informe es presentado al Presbiterio de manera semestral.

El diezmo no es una práctica que se origina con la ley. Vemos a Abraham haciéndolo varios años antes de su promulgación en el Sinaí (Génesis 14:20). Dicha práctica es ratificada en la ley de Moisés (Levítico 27:30-32; Números 18:21-28). En el Nuevo Testamento, cuando se habla del tema, no hay ningún indicio que permita decir que es una práctica obsoleta, por el contrario, se refiere al hecho que muestra el acto de Abraham, señalado con antelación (Hebreos 7:2-9). A su vez, en la ocasión en que Jesús habla con los fariseos respecto de las prácticas religiosas aparentes, les señala que daban el diezmo no haciendo caso “de la justicia y el amor a Dios”. A lo que añadió: “Debían haber practicado esto, sin dejar de hacer aquello” (Lucas 11:42 NVI). En otras palabras, Jesús está ratificando el diezmo, señalando que es parte de nuestra espiritualidad. La Biblia nos sigue diciendo, entonces, que debemos diezmar.

Timothy Keller hablando sobre este asunto señaló que: “Jesús ratifica el diezmo, pero dice que por sí solo no es suficiente. Es decir, para un cristiano, diezmar es el estándar mínimo de generosidad y de hacer justicia. Los creyentes en Cristo no están menos en deuda con Dios ni han sido menos bendecidos por Dios que los creyentes del Antiguo Testamento. Por tanto, no deberíamos pensar que el estándar de Dios de generosidad es menor para los cristianos que para los creyentes del Antiguo Testamento. ‘A todo el que se le ha dado mucho, se le exigirá mucho’”*.

“Los creyentes no estamos simplemente en la iglesia. Cada uno de nosotros somos la iglesia. Y en el trabajo por la misión somos llamados a dar lo mejor de nosotros, lo que incluye nuestros recursos financieros, que son importantísimos para el desarrollo de los trabajos en la comunidad, como para los nuevos desafíos que tendremos por delante”**.

Pero por sobre todas las cosas debemos diezmar porque es un acto de adoración a Dios. Cuando diezmamos le estamos diciendo al Señor que Él es dueño del 100% de lo que tenemos, y que somos simples mayordomos, pues lo que damos fue lo que por pura gracia hemos recibido. El combate a la pagana teología de la prosperidad no nos debe llevar a dejar de afirmar lo que la Biblia dice al respecto: el Señor nos bendecirá. El texto de Malaquías es radical: ¡haga la prueba! Sea fiel en el diezmo y compruebe que Dios será fiel a lo que dijo. Él le bendecirá, Él le sostendrá, Él cuidará de usted. Luche contra la avaricia, porque es idolatría. No ponga su confianza en el dinero ni en su esfuerzo en el trabajo. Ponga su confianza en Dios que le provee de trabajo, fuerza y sustento. Sea adorador del único Dios verdadero.

La invitación, entonces, es a que sea fiel en el diezmo y generoso en sus ofrendas (2ª Corintios 9:7). Y si tiene dudas respecto de este tema, estoy disponible para conversar con usted.

Luis Pino Moyano.

Compartida en el boletín de la Iglesia Refugio de Gracia, marzo de 2017.

_________________

* Timothy Keller. Justicia generosa. Barcelona, Publicaciones Andamio, 2016, p. 219.

** Este párrafo es una traducción y síntesis de ideas del folleto “Dízimo? Que tal uma luz sobre esse assunto”, de la Igreja Presbiteriana Chácara Primavera (2016).

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