La Reforma Protestante desde hoy.

“Acuérdense de sus dirigentes, que les comunicaron la palabra de Dios. Consideren cuál fue el resultado de su estilo de vida, e imiten su fe” (Hebreos 13:7).

El autor desconocido de la carta a los Hebreos nos presenta en tres verbos la tarea de pensar la historia de la iglesia: acuérdense, consideren e imiten. Somos llamados a no olvidar a quienes nos enseñaron la Palabra, a evaluar desde el evangelio y con juicio crítico la práctica de nuestros antecesores, para que de ese análisis saquemos a cuenta qué elementos rescatar y conservar, y cuáles cambiar.

Octubre es un mes que nos lleva a recordar la Reforma Protestante. Si bien, Lutero, cuando escribió sus 95 tesis (algo así como los tweets de hoy, que buscan provocar ideas a discutir), no estaba pensando separarse de Roma, y que fue llevado a eso luego de su excomunión, si podemos encontrar en dicho texto el germen del cambio que se vendría.

Por ello, este mes nos proporciona un tiempo especial para el recuerdo. Las instancias deben aprovecharse. Y nunca está de más recordar a Martín Lutero, Ulrico Zwinglio, Juan Calvino, John Knox entre otros. Ellos fueron parte de los dirigentes que en el pasado nos comunicaron la Palabra de Dios. Y en dicha comunicación nos enseñaron de la centralidad y suficiencia de Cristo, de la salvación por pura gracia, de la justificación por la fe, de que nuestra doctrina y práctica está sustentada sólo en la Palabra y en toda ella. Nos enseñaron también que hemos sido hechos libres para amar y servir, que la iglesia reformada debe siempre reformarse a la luz de la Palabra y que sólo Dios debe ser glorificado en todo y por todos. Esa enseñanza conllevó una práctica: una vida que descansa en Cristo y sus méritos, que no es coaccionada por una jerarquía que dice cosas fuera de la Palabra y que vive para la gloria de Dios, proclamando la fe. Todos los reformadores, más allá de sus humanas limitaciones, fueron incansables predicadores de la verdad y no consideraron como valiosas sus vidas, pues lo realmente valioso era el evangelio y que el Reino de Dios fuese propagado.

¿Qué tenemos que imitar? Todas las enseñanzas relevantes de la Reforma del siglo XVI tuvieron un punto en común. No fueron innovaciones, no fueron descubrimientos ni inventos, como sí lo era, por ejemplo, la predicación de las indulgencias. El mayor mérito de la Reforma Protestante es su falta de originalidad. Lo que los reformadores hicieron, y lo que nosotros debemos seguir haciendo, es ir a la Escritura, y recoger de allí lo que creemos, pensamos y vivimos. Lo que debemos imitar es el reconocimiento del alto valor que tiene la Palabra revelada de Dios, inspirada por el Espíritu, leída en comunidad y en nuestro idioma con la ayuda del Espíritu Santo. Tener la Palabra como centro y base es más que una declaración doctrinal. Es un estilo de vida. Era el estilo de los reformadores. Dios nos ayude.

Luis Pino Moyano.

* Compartida en el boletín del mes de octubre de 2016 de la Iglesia Refugio de Gracia.

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