La larga jornada de un pastor que sigue peleando la buena batalla de la fe.

Si bien es cierto, quienes nos preciamos de ser calvinistas no sentimos gusto por los homenajes públicos, puesto que nuestro centro está puesto en la gloria de Dios, en ningún caso atentamos contra ese modo de entender y vivir en el mundo cuando reconocemos la labor de un ministro del Señor. Esto, porque en primer lugar, seguimos glorificando al Señor por los dones manifestados en la iglesia para su edificación y alegría. Por otro lado, porque la Biblia nos manda con toda claridad a testimoniar respecto del trabajo de los hijos de Dios. La Escritura dice: “Pagad a todos lo que debéis: […] al que honra, honra” (Romanos 13:7); “Los ancianos que gobiernan bien, sean tenidos por dignos de doble honor, mayormente los que trabajan en predicar y enseñar” (1ª Timoteo 5:17); y “Acordaos de vuestros pastores, que os hablaron la palabra de Dios; considerad cuál haya sido el resultado de su conducta, e imitad su fe” (Hebreos 13:7). Si la Biblia es firme en enseñar esto, hacemos bien en honrar, acordarnos, reflexionar respecto de la caminata de la fe y, por supuesto, imitar lo bueno realizado, porque eso bueno, sin dudas, ha provenido del Señor. La última razón para hacerlo es de carácter personal: por razones de un trabajo de carácter sinodal, quien suscribe estas palabras no estará presente en este día tan importante para la 10ª Iglesia Presbiteriana de Santiago, por lo que en una actitud de agradecimiento a esta comunidad que me ha invitado a colaborar en su arduo y fiel trabajo en la misión de Dios, y por la honra de poder conocer al Pastor Manuel Covarrubias desde el año 2011, me parece sumamente relevante estar hoy por la vía de estas palabras, dando cuenta de la historia de un ministro que ha servido con tanta fidelidad al Dios de la vida y, en ese trabajo arduo, a la Iglesia Presbiteriana de Chile. 

Manuel Enrique Covarrubias Bravo, nació en Viña del Mar el 2 de febrero de 1937. Mientras estudiaba en el Colegio Alemán de Valparaíso, a la edad de 16 años, vivió su conversión. En sus propias palabras, señala que “pertenecía a una cultura católica, aunque en mi familia no íbamos a misa. Era un alumno desordenado, hasta que llegó a mis manos el Nuevo Testamento y lo leí en 20 días. Algo pasó, un suceso misterioso” [1]. Allí se sumó a la Iglesia Presbiteriana San Lucas, en Viña del Mar, comunidad eclesial en la que trabajó activamente con los jóvenes. En 1960, fue enviado a realizar su práctica pastoral a Chañaral, como Encargado de Obra, en una congregación que por mucho tiempo no tuvo dirección pastoral, marcada por una presencia joven, en la que de hecho recuerda idas al cine con parte importante de la comunidad. Al año siguiente, 1961, en las sesiones del Presbiterio de Chile, fue examinado para su ordenación pastoral, siendo aprobado para ello, acto que se realizó en Rancagua, lugar de su primer pastorado (1961-1964). Después de eso, fue pastor en San Fernando (1966-1967), Concepción -entre 1968 a 1998, lugar en el que deja una huella muy profunda (no por nada, una calle de El Cardal lleva su nombre)-, y como presidente de los Consistorios de las 1ª y 2ª Iglesia Presbiteriana de Chillán (1994 a 2006 y 1998 a 2007 respectivamente). En su estadía como pastor en Concepción, dio inicio a la Avanzada en Chiguayante, congregación que este 2018 fue organizada como iglesia. Desde el año 2008 al año 2015 es pastor en la 1ª Iglesia Presbiteriana de Santiago. Al finalizar dicha etapa, es llamado a ser Pastor Auxiliar de la 4ª Iglesia Presbiteriana de Santiago, siendo instalado en ella en marzo de 2016. En 2018, es invitado a presidir el H. Consistorio de la 10ª Iglesia Presbiteriana de Santiago “La Paz de Cristo”, en la que ha mostrado un compromiso ejemplar no sólo en la labor a la que se le llamó, sino dando mucho más. El sábado 29 de septiembre de 2018 la Asamblea Congregacional de esta iglesia le llama como Pastor Titular por cinco años, labor en la que el Rev. Manuel Covarrubias comienza a ejercer desde hoy, con este acto de instalación. A su vez, el Pastor Covarrubias fue Moderador del Sínodo de la Iglesia Presbiteriana de Chile entre los años 1983 y 2009. 

Su ministerio pastoral lo comenzó siendo soltero. Conoció a su esposa, la hermana Hilda Urbano en la ciudad de Huépil, con quien contrajo matrimonio el 8 de marzo de 1968. De dicho matrimonio, nacieron dos hijas, Paola y Cecilia, que junto a la hermana Hilda le han acompañado en esta larga jornada de arduo trabajo de servicio a Jesucristo y a su iglesia, con todo lo que ello implica. 

Su formación teológica la desarrolló entre 1957 a 1960 en Argentina, en la Facultad Evangélica de Buenos Aires (centro de formación que en 1969 a ser el ISEDET). Allí desarrolló los estudios de Teología, graduándose de Bachiller el 1 de diciembre de 1960. 

El Pastor Covarrubias se ha destacado como un ministro muy preocupado por las personas en su aspecto integral. Son muchos le recuerdan en sus visitas andando en su bicicleta en sus años mozos, y luego, llegando en otros medios, preocupado por la salud espiritual de la grey del Señor. Por supuesto, se le reconoce también en su preocupación por la predicación y la enseñanza, elocuente, pedagógico y vivaz.  Muchos recuerdan que siendo niños entendían sus sermones, porque siempre dedicó espacios de éste para educarles, como también en el momento de la cena del Señor. ¡Quién no entiende a cabalidad la naturaleza de este sacramento luego de escucharle su ministración! Para qué hablar de su profundo conocimiento en la historia eclesiástica, área en la que ha educado a tantos de nosotros en la conversación informal, en la educación de las iglesias a las que ha servido, y en el Seminario Teológico Presbiteriano como profesor en dicha área. Dicha casa de estudios le reconoció con la Licenciatura Honoris Causa en Teología el año 2011, cuando cumplió cincuenta años de ministerio pastoral. 

El Pastor Covarrubias ha servido incansablemente en tantas áreas de la vida de la iglesia, tanto que a modo anecdótico, en los retiros de jóvenes hablamos del “Pastor Covarrubias Style”, cuando quienes somos líderes equipados con nuestras linternas hacemos una ronda por la Granja Presbiteriana antes de irnos a acostar con la tranquilidad de que todos están su debido lugar. Ese estilo, refleja el cuidado integral de quienes formamos parte de la iglesia, y que denota una cuestión mucho más profunda: estamos en presencia de un hombre honesto, que da seguridad a la hora de hablar con él, leal y firme en sus convicciones, y que siempre ha procurado el consenso en el acuerdo, cosa que tanto destaca a nuestro sistema presbiteriano. No por nada, a pesar de divergir en muchas consideraciones con el Reverendo Horacio González, que sin dudas es uno de los actores más relevantes del presbiterianismo chileno del siglo XX, fue uno de sus principales colaboradores a la hora de solidificar a la iglesia que se independiza de la misión estadounidense en 1964, lo que releva el respeto profundo a la libertad de conciencia, que debemos procurar entender bien y practicar a la luz de nuestra confesionalidad en el presente. De hecho, a tanto se manifestó ese respeto mutuo, que según algunos testimonios el Pastor González le habría referido como “lo mejor del presbiterianismo chileno” [2].  

No se puede dejar de mencionar un aspecto demasiado relevante: el servicio a la iglesia de Jesucristo del Pastor Covarrubias, también se extendió al trabajo interdenominacional. Si bien es cierto, se podría mencionar su labor en la Sociedad Bíblica Chilena, en el Concilio de Iglesias Históricas, y en el presente, en la Mesa Ampliada, en la que ha colaborado como Vicepresidente y Director, sin lugar a dudas, una de las tareas primordiales la llevó a cabo en el Consejo de Organizaciones Evangélicas, COE, instancia interdenominacional creada con la finalidad de obtener la llamada Ley de Libertad de Cultos, que daba un estatuto de igualdad ante el Estado chileno respecto de la iglesia mayoritaria. En ese espacio, el Pastor Manuel Covarrubias colaboró con el establecimiento de la filosofía del proyecto de ley, y en la negociación con los parlamentarios en el Congreso Nacional. Testimoniando respecto de ese trabajo dijo: “Es necesario considerar que con la recuperación de la democracia, el gobierno se encuentra con una masa evangélica que no la puede ignorar. En ese sentido entonces, no nos regalaron esta ley y si hubo en algún momento alguna intención de querer usarnos no les resultó, porque nosotros insistimos en las posiciones de igualdad de la ley. […] como evangélicos debemos tener cuidado en no prestarnos para ser instrumento y que nos utilicen como pretexto para ensuciar la esencia de la ley” [3]. Este aspecto del ministerio del Pastor Covarrubias, que muestra la firmeza en las convicciones y el cuidado frente a la instrumentalización política del mundo evangélico, es refrendado por otro participante del COE, el pastor e historiador Juan Wherli, quien señaló que “el cerebro, la tenacidad para no ceder, cuando la tentación era grande, a las presiones de todo tipo, fue obra de la Iglesia Presbiteriana, y particularmente de la Iglesia Presbiteriana de Chile, a través de su moderador, el hermano Manuel Covarrubias Bravo, que cuando muchos querían decir ‘-Bueno, ya, conformémonos con el 80%, con el 90%, él, y otros que le seguimos en esto, [decía] ‘No, o el 100 o nada. Todo o nada. No estamos pidiendo, ningún regalo, ninguna dádiva. Estamos exigiendo que se nos reconozca lo que nos hemos ganado y conquistado en este país, y lo que la Constitución nos asegura’. Si no, hace mucho tiempo algunos habrían aceptado cualquier migaja. Pero esa tenacidad, ese concepto de los principios […] es parte de la genialidad presbiteriana” [4]. Muy probablemente, por la sencillez a la hora de compartir con todos, y por tenerlo aún muy presente en la cotidianidad de la Iglesia Presbiteriana de Chile, no asumamos aún con conciencia que estamos frente a uno de los actores más importantes de la historia de las iglesias evangélicas en nuestro país. Y glorificado sea Dios por ello. 

Y porque todo esto, es parte de la historia de la misión de Dios y su extensión en Chile, y teniendo en cuenta que el Pastor Covarrubias viene a ser algo así como una bisagra entre la vieja escuela, esa marcada por “El sentido presbiteriano de la vida”, tan llena de ética calvinista y de aquello antaño llamaban “cultura general”, con esta generación más reciente, impulsada por la proclamación del evangelio y la extensión del Reino de Dios, cerramos con sus palabras en el Servicio de Acción de Gracias el año 2017, cuando sintetiza el fundamento de la vida cristiana diciendo que: “Como evangélicos y fundados en las Sagradas Escrituras, por cierto tenemos que respetar el derecho de cada persona, y defender la libertad de conciencia, porque viviendo en una sociedad plural también reclamamos el derecho a que nosotros podamos decir y pensar libremente fundados en las Sagradas Escrituras. […] La invitación, cuando estamos celebrando el aniversario patrio, es a que el pueblo chileno, cada persona, desde el que no tiene ilustración al que tiene mayor ilustración, sepa que solamente en Cristo Jesús está el fundamento para una vida de justicia, de verdad y de amor” [5].

Gracias Pastor Manuel Covarrubias por enseñarnos el evangelio. Que el Señor le siga usando por muchos años más, para su gloria y la alegría del pueblo de Dios. 

Luis Pino Moyano.

Santiago, 19 de octubre de 2018. 

* Escrito en ocasión de la instalación del Rev. Manuel Covarrubias como Pastor Titular de la 10ª Iglesia Presbiteriana de Santiago “La Paz de Cristo”, realizada el sábado 20 de octubre de 2018. Este artículo biográfico es el paso inicial a uno más profundo, y en otro soporte, que esperamos concretar antes del fin de este año. Para éste, se ha tenido en cuenta, además de las fuentes citadas expresamente, conversaciones con el Pr. Manuel Covarrubias, testimonios de otros hermanos, además de los siguientes documentos: “Entrevista com Manuel Covarrubias”. En: Revista Ultimato. Julio-Agosto de 2004. Publicada en: http://www.ultimato.com.br/revista/artigos/289/entrevista-com-manuel-covarrubias (revisada en octubre de 2018); y “IPCH celebra 50 años de pastorado del Reverendo Manuel Covarrubias”. En: Boletín IPCH. Departamento de Comunicaciones de la Iglesia Presbiteriana de Chile. Nº 3, Diciembre de 2011. Agradezco a sus hijas, Paola Covarrubias y a Cecilia Covarrubias, por ayudarme a precisar algunos datos y con material valioso.

[1] Luis Miranda y Marcela Escobar. “Los hombres detrás del poder evangélico”. En: Revista Sábado (suplemento de el diario El Mercurio). Nº 481, Santiago, 8 de diciembre de 2007, p. 18. 

[2] Resulta recomendable acá, ver la ponencia del Rev. Jonathan Muñoz, titulada “La primera crisis del Sínodo Presbiteriano y los orígenes de la IEPCH”, disponible en: http://youtu.be/b7q6MStuFfo (revisada en octubre de 2018).

[3] Alejandra Riveros. “Por una mayor igualdad”. En: http://www.creas.org/recursos/archivosdoc/entramado/07-02/mayorigualdad.pdf (revisada en octubre de 2018).

[4] “Parte 2: ‘Protestantismo y Presbiterianismo en Chile’ (Conferencia), Rev. Juan Wehrli”. En: http://youtu.be/CvOPm7hEYgM (revisada en octubre de 2018). 

[5] “Servicio de Acción de Gracias 2017”. En: http://youtu.be/WVwf-SLf548 (revisada en octubre de 2018).

Puede descargar una versión en pdf, haciendo clic aquí.

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