La marcha del millón.

Estaba en mi casa y veía que la gente comenzaba a llegar a la Plaza Baquedano muchas horas antes de la convocatoria. Había visto su propaganda, convocando a la marcha más grande de la historia, y quise ir. Como cristiano, como ciudadano y como profesor de historia, todo eso junto, enmarañado como la vida misma. Como un protestante que protesta, tomé un block y anoté dos versículos bíblicos (Proverbios 31:8,9 e Isaías 32:17), para usarlo como pancarta y me encaminé a Santiago. Mucha gente en los paraderos para salir a Santiago. Me bajé del colectivo en Matta con Vicuña Mackenna y caminé por esa última calle hacia la Plaza Italia. Miles de personas caminando por la calle, gritando consignas, múltiples, con distinto contenido y fondo. Me detuve casi al lado de un escenario improvisado donde cantaban los Sol y Lluvia, donde quienes participaban de esta movilización coreaban esas letras surgidas en los años ochenta y que me recuerdan los tiempos de la vida en la pobla, en la Angelmó de San Bernardo, y el sabor de los cubos (bolsas largas de jugo congelado). Cuando terminaron la presentación caminé por en medio de ese mar de gente. Andaba con mi polera de homenaje al “Chamaco” Valdés, y cabros de la U me felicitaban y decían “¡Grande Chamaco!”. Sí, era otro mundo, uno que no imaginábamos. Crucé la Alameda y llegué hasta Pío Nono. Me devolví. Tomé algunas fotos. Miré aquello que no imaginaba ocurriría y que ocurrió. Me devolví caminando por Vicuña Mackenna con la tranquilidad de siempre. El dolor de un lumbago crónico que padezco de años, no me permitió estar más rato. Pero sí, era para estar alegres. 

Más allá de la espontaneidad de la misma movilización, con gente caminando para distintos lados, sin el orden que el pequeño Portales que llevamos dentro y nos constriñe a la estructura no me hacía entender, hay múltiples cosas que son destacables: 

  • La primera, es la gran diversidad de personas que participaban: gente de distintas edades, clases sociales, convicciones políticas. 
  • En segundo lugar, desde el 4 de septiembre de 1973, cuando los partidos de izquierdas celebraban los tres años del gobierno de la Unidad Popular que no se movilizaba por las calles de Santiago un millón de personas. Hoy, según las cifras oficiales, hubo un millón doscientos mil personas tomando el espacio público en son de protesta y celebración.
  • A propósito de lo último, el país sin carnaval, se sacó la máscara y salió a la calle en tono celebrativo. Pese a todo lo que vivimos estos últimos días, la gente no sólo sonreía, festejaba.
  • Y, por último, esta es la movilización más masiva en la que se haya vuelto ocupar la bandera chilena como símbolo, luego de las movilizaciones contra la dictadura en las jornadas de protesta iniciadas en 1983. Eso es esperanzador. El cariño por la tierra de nuestros padres y madres, y el sueño de un país diferente se funden en ello.

Cuando esto se cuente en los libros de historia, podré decir a mis futuros estudiantes: “yo estuve ahí”. Cuando hayan documentales sobre este hito histórico, podré hablar con mis nietos, diciéndoles: “yo estuve ahí”. 

Y es que el Chile que viene requiere compromiso: en el estudio, la reflexión, el diálogo y la acción vital. 

Luis Pino Moyano. 

Algunas fotos tomadas por mi:

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