El mito fundacional de un presbiterianismo de izquierda en Chile.

La celebración de los 150 años de la Iglesia Presbiteriana de Chile en 2018 marcó un momento de importantes instancias de rescate de la historia de nuestra Iglesia y de los distintivos del genio presbiteriano que caracterizan nuestra identidad, junto con los desafíos que reporta el presente y futuro de nuestro desarrollo eclesial. Una de las actividades relevantes en dicho rescate fue la serie de conferencias históricas desarrolladas por la 1ª Iglesia Presbiteriana de Santiago, la que derivó también en la publicación de un libro [1]. Dicho esfuerzo informativo y reflexivo debe ser sumamente valorado. 

Dicho lo anterior, eso no obsta para hacer algunas precisiones necesarias, sin ningún dejo de generar una “historia oficial”, particularmente en lo referido al origen de la Iglesia Evangélica Presbiteriana en Chile. En primer lugar, hubo una presentación del Pr. Guido Benavides, la que ya no se encuentra disponible en el canal de YouTube de la 1ª Iglesia de Santiago, que suscitó el derecho a réplica de la Iglesia Evangélica Presbiteriana, por medio de una conferencia dictada por el Pr. Jorge Cárdenas. En su exposición oral, de manera muy destemplada dicho ponencista aludió que una de las causas principales de la división que dio origen a su denominación fue la de raigambre sociopolítica, toda vez que mientras algunos pastores estaban siendo represaliados por la dictadura, la Iglesia Presbiteriana de Chile se habría manifestado cercana al régimen de facto, específicamente en la persona del Moderador del Sínodo a la fecha, Pr. Horacio González. La performance fue completa cuando muestra una foto del Pr. González estrechando la mano en saludo al general Pinochet, sumado a la alusión de Cárdenas diciendo “ustedes pueden ver que se quieren mucho” [2]. La misma situación sociopolítica es aludida en el artículo escrito por Cárdenas [3], aunque de manera más moderada que en la alocución referida.

Horacio González Contesse
Fotografía publicada en El Mercurio, domingo 26 de abril de 2015.

Más allá de la imposibilidad de dar cuenta, a partir de un documento iconográfico, de los sentimientos y motivaciones que puede albergar un saludo protocolar de un primer mandatario con un gran maestro de la masonería, me quiero detener en la construcción de un mito fundacional: la idea que la dictadura militar chilena y la figura de su líder, Augusto Pinochet, habrían sido una pieza clave en el origen de la Iglesia Evangélica Presbiteriana en Chile. Esa idea puede parecer coherente discursivamente, sobre todo cuando se levanta un “muñeco de paja” por medio de un solo documento iconográfico, pero carece de historicidad. Aquí no estamos sólo frente a un ejercicio interpretativo del pasado, sino frente al falseamiento de los hechos, lo que lleva a contar una historia contrafactual de “aquello que pudo haber sido, pero no fue”. Nada se dice en la alocución y en el artículo de Cárdenas sobre el año 1968 con las maniobras de política eclesiástica que derivaron en la disciplina y expulsión de los pastores Joel Gajardo y Luis García, quienes fundaron la Iglesia Unión Cristiana de Santiago y la Iglesia Presbiteriana de Talca. Nada se dice del proceso disciplinario al Pbro. Gabriel Almazán por uso inadecuado y sin transparencia de recursos económicos (situación corroborada por una comisión revisora de cuentas sinodal) y la reacción de miembros de iglesias de la que es hoy la Región de Valparaíso y que se traduce en ese momento en la división que origina la Iglesia Presbiteriana Sínodo en Renovación en 1972 [4], y que obtendrá su personalidad jurídica en 1975 como Iglesia Evangélica Presbiteriana en Chile (estatus legal conferido por el Ministerio de Justicia del gobierno dictatorial). Nada se dice sobre la recepción de dineros externos provenientes de Estados Unidos con antelación a dicho año, y por lo tanto, anteriores al golpe militar y la “ayuda para resolver la situación de pastores afectados por el así llamado pronunciamiento militar” [5]. Es decir, dicha división se comenzó a propiciar antes de la llegada de Allende al gobierno, y se cuajó en dicho período, con antelación al golpe militar y al liderazgo de Augusto Pinochet en él, como consta en variadas investigaciones sobre el período [6]. Tampoco se dice nada respecto a que la Iglesia Presbiteriana de Chile no participó de la firma del documento suscrito por muchos pastores a nombre de sus iglesias legitimando al gobierno militar. 

La idea de una iglesia de izquierda versus una iglesia de derecha no es consistente por todo lo dicho con antelación, como también a un distintivo histórico del presbiterianismo chileno de respeto de la libertad de conciencia (mediatizado por la herencia ilustrada y del liberalismo filosófico-y-político), que se trastocó en tiempos más recientes con un tabú de lo político y con las ideas (falaces, también) de una supuesta “infiltración” de ideas políticas foráneas a nuestra fe reformada. Es innegable que el Pr. Horacio González manifestó cercanía al gobierno de Pinochet, pero su pensamiento y práctica no puede ser analogado con el de la Iglesia Presbiteriana de Chile, como tampoco su participación en la masonería puede definirse como lo propio de nuestro sentido de la vida y cosmovisión. Además, medir al Pr. González sólo a partir de esos datos, genera evaluaciones que no hacen justicia a su trayectoria eclesial que cruza de manera importante el siglo XX, a su talante caracterizado por una férrea ética calvinista y a su labor incansable por el desarrollo de una iglesia independiente de directrices foráneas, “pobre, pero libre”, sobre todo, sin la contradictoria ayuda económica emanada desde el “Norte Global”, sí presente en quienes se autodenominan como progresistas (¿imperialismo solapado?). 

Está bien escuchar todas las voces para el relevamiento de nuestra historia. Pero eso no implica no decir nada al respecto, sobre todo cuando no se hace justicia a personas y hechos, con la finalidad de levantar mitos fundacionales que purifican orígenes espurios, que ocultan los anhelos de poder, la carencia de mínimos éticos y el amor al dinero [7]. 

Luis Pino Moyano.

[1] Marcone Bezerra (editor). Meditad sobre vuestros caminos. Reflexiones en torno a los 150 años del presbiterianismo en Chile. Santiago, Sabiduría Libros, 2018.

[2] “Iglesia Evangélica Presbiteriana en Chile: orígenes e identidad – Rev. Jorge Cárdenas”. En: http://www.youtube.com/watch?v=DZXHb26JOlI (revisada en febrero de 2019).

[3] Jorge Cárdenas. “Iglesia Evangélica Presbiteriana en Chile”. En: Bezerra (editor). Op. Cit., pp. 255-271.

[4] Jae-Kuen Yoo Lee. Historia de la Iglesia Presbiteriana en Chile. Tesina para optar al grado de Bachiller en Teología. Santiago, Seminario Teológico Reformado, 2004, pp. 63-64.

[5] Cárdenas. Op. Cit., p. 262.

[6] Baste citar, para estos efectos, a Patricia Verdugo. Interferencia secreta. Santiago, Editorial Sudamericana, 1998, pp. 13-27. 

[7] Para profundizar, véase lo planteado en: Daniel Vásquez. “Iglesia Presbiteriana de Chile (1964-2017). En: Bezerra (editor). Op. Cit., pp. 244-246; y por Jonathan Muñoz en: “La Primera Crisis del Sínodo Presbiteriano y los Orígenes de la IEPCH”. En: http://www.youtube.com/watch?v=b7q6MStuFfo (revisada en febrero de 2019).

2 comentarios sobre “El mito fundacional de un presbiterianismo de izquierda en Chile.

  1. Muy interesante dato estimado.
    He estado investigando el testimonio y acción de las iglesias protestantes durante ese periodo de algunas fuentes como revistas y diarios.
    Como para confirmar tu tesis y derribar la de Cárdenas ¿cuál es el fundamento de por qué no se observan acciones, declaraciones, cartas y activismo de la IPCH en favor de los derechos humanos y si de la IEPCH? Aparecen vinculados a la Vicaría, a la Confraternidad, a SEPADE, firmando declaraciones, dando entrevistas y canalizando ayudas, sin embargo no he podido encontrar eso en la IPCH (es posible que me falte buscar más), ¿hay alguna fuente que nos permita observar actos que no sean un incómodo silencio? Sería genial saber, y así desmoronar el que llamas mito.
    Saludos.

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    1. 1. Lo primero, es que el sentido del artículo no es aquel que buscas en él. En todo momento, lo que estoy discutiendo es el mito fundacional de la IEPCH como uno de motivaciones políticas, en tanto sus actores habrían sido represaliados por la dictadura, toda vez que la división que la genera avanza paulatinamente entre 1968 a 1972. Difícilmente su motivo originario pudo ser una dictadura que no había comenzado.

      2. No niego que actores de la IEPCH hubiesen tenido un papel importante en el plano político, en alternativas como ISAL y el movimiento Cristianos por el Socialismo (como el caso de Joel Gajardo), y de manera posterior al golpe en tareas de promoción y defensa de los derechos humanos. Pero ahí, nuevamente el punto es si el papel de actores puede ser analogado al de las iglesias. En su tesis, Jae-Kuen Yoo Lee, señala que quienes propiciaron la formación de la IEPCH había “pro-ecuménicos, antiecuménicos, pro-masones, antimasones, pro-norteamericanos, antinorteamericanos”, y que por ende el origen no pasó por allí, aunque en las discusiones algunas de dichas opciones fuesen gravitantes. Insisto que mi tema es el mito fundacional de la IEPCH y no el que instalas.

      3. Respecto del silencio de la IPCH, decir que no fue un silencio per se. Ese silencio fue acordado y tuvo que ver con el plano institucional, y tuvo como finalidad que cada presbiteriano que opinara de política contingente, lo hiciera siempre a título personal y nunca arrogándose la representatividad de la Iglesia. Nosotros no tenemos obispos, en el sentido jerárquico que se le dio en la historia a dicho concepto, por lo que la premura con la que otras denominaciones actúan no forma parte de nuestra práctica. ¿Pudo ser otra la opción? Claramente. Pero el principio que apela a la libertad de conciencia, sigue siendo, a mi juicio, óptimo para la vida en comunidad de personas que tienen legítimas diferencias en su seno puesto que en el seno de la IPCH había personas a favor del régimen dictatorial y otras en contra, y lo que se buscó es que nadie perdiera en la esfera eclesial. Cada cosa en su esfera. Lo que se hizo fue mantener la diferenciación reformada de iglesia orgánica e institucional. La decisión no fue por miedos sino por principios. Eso me consta por los testimonios de hermanos que trabajaron por la justicia en el plano social.

      4. Creo que cada cual carga con sus propios pesos en relación a sus historias y decisiones. Por ejemplo, en el documento de 1974 del Consejo de Pastores, en el que establece una defensa legitimadora de la dictadura aparece la firma de Juan Vásquez del Valle, obispo de la Iglesia Metodista hasta 1981, o de Enrique Chávez, obispo de la Iglesia Pentecostal de Chile. En ambos casos, cuando se rescata la memoria de la acción de la Iglesia Metodista o la del Pr. Chávez, son expurgados de esas impurezas las que son silenciadas, y se entiende, porque la memoria tiene más relación con el presente que con el pasado. ¿Por qué se guarda silencio sobre esto? ¿O por qué hay más empatía con estos casos que con otros? Estoy consciente que lo ocurrido en el Portalazo debe ser estudiado más profusamente, pues hay testimonios respecto a que algunos pastores se sintieron obligados a firmar un documento previamente elaborado, en un lugar con militares armados, no obstante, está el caso de Oscar Pereira, quien no vivió ninguna represalia por no firmar dicho documento. Por ello, cuando veo este ignominioso documento me deja tranquilo no ver la firma de Horacio González Contesse. Insisto, ¿pudo ser de otra manera? En todos los casos pudo serlo.

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