La debacle de Piñera y el auge de Kast es la encrucijada de la derecha chilena.

Cuando creíamos estar curados de espanto por la falta de escrúpulos en los negocios por parte de “su excelencia”, aparecen en la palestra pública los “Pandora Papers”, lo que no sólo nos recuerda el actuar de la élite chilena como una fronda, sino que además, nos hizo aparecer en portadas de la prensa mundial por un motivo que nos llena de vergüenza y rabia. El neoliberalismo chilensis es el reino del chanchullo, expresión coloquial reconocida por la RAE que significa “manejo ilícito para conseguir un fin, y especialmente para lucrarse”. En ese reino, “estado pequeño” no significa “estado débil”, por el contrario, el estado ha sido fuerte para pavimentar y solidificar el accionar del mundo privado, inclusive sus chanchullos, colusiones, evasiones y de más. 

Pero hoy existe una pequeña diferencia. La derecha chilena sabe que la única posibilidad de escapar de la debacle de un individuo es la destitución del mismo. Piñera, a diferencia de Bachelet, ha actuado indefectiblemente como el “Pater Familias” que no ha demorado la muerte de sus hijos (léase “ministros”) para salvar su caudal político. En su altar se han sacrificado muchos personajes con su potencial político, en pos de salvar a quien, de manera inescrupulosa, no ha dejado de buscar su rédito personal. Es la hora que Sebastián Piñera no arranque y asuma su responsabilidad, ya no por las violaciones a los derechos humanos ocurridas en el país, sino por sus actos ausentes de ética. Este fin de semana, a pesar de la cantidad de veces que el sucesor del ministro Cardemil, Bellolio, repitiera las palabras “mentira” y “falso” para descartar la novedad de estos hechos en relación a un caso por el que Piñera fue sobreseído, la directora de la unidad anticorrupción de la Fiscalía Marta Herrera señaló: “La opinión técnica es que los hechos relacionados con la compraventa de la minera no están expresamente incluidos en la decisión de sobreseimiento del cuarto juzgado de garantía del año 2017”. Esto, particularmente ,en las operaciones comerciales relacionadas con Minera Dominga. Por tanto, lo relevado por los Pandora Papers es una novedad en términos periodísticos.

Por tanto, Piñera debe ser juzgado civilmente en los tribunales correspondientes y políticamente en el Congreso Nacional por medio de una Acusación Constitucional. Por el bien del país. Y la derecha sabe que por su bien también. Y el empresariado del país hoy sabe que también es por su bien, toda vez que la mancha en el exterior les juega en contra. 

La debacle de Piñera tiene como uno de sus síntomas la muerte, metafóricamente hablando, de su delfín político Sebastián Sichel, quien sucumbió en un contexto en el que el discurso despolitizador no tiene cabida en un momento constituyente, que no supo agrupar a las fuerzas políticas que le apoyan, que amenazó a parlamentarios que no votarían como él pensaba respecto de los retiros de fondos provisionales, pero, por sobre todo, que en dicho discurso amenazante omitió que él había hecho sus retiros para ahorrarlos en otra cuenta, ergo, no por necesidad ni urgencia, como otros actores políticos arguyeron. A su vez, José Antonio Kast, candidato del Partido Republicano, ha ascendido al segundo lugar en las encuestas, afianzándose como la opción de la derecha en el país. Es probable, que Kast, a no ser que se modere en la discusión pública -no es lo mismo debatir no teniendo nada que perder ni ganar-, no logre conquistar “los votos de centro” y algunos de los votos del casi 20% de indecisos en términos electorales, pero él sabe que una conquista es potenciar su protagonismo para una tercera candidatura, como líder único de una coalición de derecha. Es decir, Boric puede convertirse en presidente de la república, pero éste podría enfrentarse a una oposición fortalecida políticamente. 

Ahora bien, ese fortalecimiento político pasa, primero, por una relectura de la historia. Quienes son militantes o adherentes a ideas de derechas en el país, harían bien en leer a Sofía Correa en su libro “Con las riendas del poder”, particularmente la situación abierta por la derrota electoral de 1964 que llevó a la disolución de los partidos Liberal y Conservador. A dicha lectura, sumar el texto de Verónica Valdivia “Nacionales y gremialistas: el ‘parto’ de la nueva derecha chilena, 1964-1973”, para visualizar cómo el proyecto nacional fue derrotado por el chicago-gremialismo bajo la égida de Jaime Guzmán. ¿Por qué razón? 

a. Porque para que Kast se convierta en el líder de la derecha chilena tiene que salir del clóset político y reconocerse como el chicago-gremialista que es, conservador sólo en el plano moral, pero muy liberal en cuestiones de régimen político y económico. Es decir, tendrá que dejar de lado mucho del discurso nacionalista que está en la superficie de su propuesta, y aminorar su énfasis conservador -discursivo también- porque las redes evangélicas pueden ser buenas aliadas, pero no le conducirán al poder. 

b. Porque la UDI tendrá que asumir que su tarea será abrir las puertas al hijo pródigo Kast, y no sólo recibirle, sino que vestirle con ropas regias y hacer fiesta, al nivel incluso de inmolarse dejando de existir para crear un nuevo partido político que unifique a la derecha chilena. Sobre todo, porque la UDI ya no tiene una razón de ser, toda vez que la “desjaimeguzmanización” del país con el proceso constituyente inaugurará una nueva etapa de la política. Ese nuevo partido político de derecha tendrá la tarea de construir un prisma democrático para una generación que fue hija de la Concertación y no de la dictadura. 

c. Los militantes de Renovación Nacional estarán en la encrucijada de militar en ese nuevo referente político o en crear una alternativa socialcristiana de derecha, cuyo núcleo estaría más cerca de Desbordes que de Chahuán, para referir a liderazgos sinérgicos internos. Evópoli hace rato perdió su novedad, como todo movimiento generacional terminará disgregándose. 

d. Claro está,  en la coyuntura de 1964, el costo fue votar por Frei Montalva, a sabiendas que no cambiaría un ápice de su programa por dichos sufragios. En el momento actual, el costo será destituir a Piñera, lo que les quitará un enorme lastre, y plegarse a la candidatura de José Antonio Kast. Pero si Kast no da pasos unificadores, el apoyo electoral que tendrá quedará sólo en una anécdota.

En un período de crisis como el que estamos viviendo, que tiene un estado de latencia producto de su institucionalización, se haría bien en reparar en los procesos autodestructivos del ayer. Esto, sólo si se espera construir un mañana y un país, y no sólo se piensa en mantener vanamente el poder que les queda. A pocos días de cumplirse dos años del 18 de octubre de 2019, la derecha chilena en un paso de madurez tiene que asumir su responsabilidad política, y entender de una vez por todas que gran parte de lo que vivimos ha sido por su incapacidad de gobernar. Los tiempos mejores que prometieron no llegaron, ni llegarán. Pero siempre, en política más que en ninguna otra esfera, será posible comenzar de nuevo. 

Luis Pino Moyano.

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