Visiones e ilusiones políticas #4: Una alternativa no ideológica: dos abordajes cristianos y la relación entre estado y justicia.

Nota introductoria: Este material formó parte de un «cuaderno de trabajo» para un curso que estuvo basado en el libro de David Koyzis «Visiones e ilusiones políticas. Un análisis y crítica cristiana de las ideologías contemporáneas». Todo lo que está en azul en este texto es señal de resumen o de traducción literal de dicho libro. Para mayor detalle ver el post número 1 de esta serie, haciendo clic aquí. Véase también el post número 2 dedicado al liberalismo, conservadurismo y nacionalismo, haciendo clic aquí; y el post número 3 dedicado a la democracia y el socialismo (en sus vertientes marxista y socialdemócrata), haciendo clic aquí.

Comenzaremos esta sección hablando de dos alternativas cristianas en política: el socialcristianismo y la alternativa reformada, esta última en dos de sus principales exponentes: Juan Calvino y Abraham Kuyper. 

El socialcristianismo

Según una autodefinición, el socialcristianismo es: “un movimiento popular y supranacional que inspirado en los valores morales del cristianismo, lucha por instaurar en el mundo un régimen político, económico y social, caracterizado por la primacía de lo humano, y en el que imperen la libertad y la justicia” [1]. Se presenta como una organización policlasista y reformista, que construye una vía alternativa de desarrollo alternativa al capitalismo y al marxismo, sustentada en los principios de la denominada “Doctrina Social de la Iglesia” desde el catolicismo (con sus encíclicas sociales, desde Rerum Novarum en 1891) o “ética social” desde el protestantismo (cuya expresión más madura fue el Partido Antirrevolucionario holandés) [2]. 

En dicho entendido, buscan una humanización del capitalismo que ponga en el centro a la persona humana y sus asociaciones (corporativismo) y sostienen un papel protagónico del estado en la construcción de políticas que aumenten las posibilidades de los sectores sociales en un acceso amplio y de calidad a la educación, salud y vivienda. Como señaló el Papa León XIII: “Así, pues, los que gobiernan deber cooperar, primeramente y en términos generales, con toda la fuerza de las leyes e instituciones, esto es, haciendo que de la ordenación y administración misma del Estado brote espontáneamente la prosperidad tanto de la sociedad como de los individuos, ya que éste es el cometido de la política y el deber inexcusable de los gobernantes […] No es justo, según hemos dicho, que ni el individuo ni la familia sean absorbidos por el Estado; lo justo es dejar a cada uno la facultad de obrar con libertad hasta donde sea posible, sin daño del bien común y sin injuria de nadie. No obstante, los que gobiernan deberán atender a la defensa de la comunidad y de sus miembros” [3]. En ese sentido, hay un énfasis comunitario en las expresiones de la libertad.

No construyen organizaciones confesionales: lo cristiano es inspirador de su constructo teórico y de su aterrizaje en políticas sociales, lo que no excluye de su participación en el mismo a sujetos que no suscriben la fe cristiana. Sus principales ideólogos son Jacques Maritain y Emmanuel Mounier, tanto en la filosofía social como en el personalismo.

La alternativa Reformada

El pensamiento político de Juan Calvino. 

Para Calvino el tema político es muy importante. Prueba de ello, es que su ópera magna, la Institución de la Religión Cristiana, que tuvo su primera edición en 1536 no se dio por terminada hasta 1559, en cuya edición se añadió un capítulo específico sobre la “Potestad Civil”. Y el tema es importante porque para el teólogo francés, el estado cumple un papel relevante. Tanto, que no lo diviniza ni lo despersonaliza. Hace recaer su papel en sus funcionarios. Dice: En su comentario a 1ª Timoteo: “Los magistrados fueron designados por Dios para salvaguardar la religión, así como para mantener la paz y la decencia de la sociedad” [4].

Una pregunta clave es: ¿A quién se obedece? ¿A Dios o a los hombres? Si bien es cierto, nosotros responderíamos que a Dios producto de lo dicho por Pedro a nombre de los apóstoles, según está registrado en Hechos 5:29. Pero la respuesta es menos sencilla de lo que parece. O, tal vez, menos agradable para nuestras lógicas. Se debe obedecer a Dios y se debe obedecer a las autoridades. Calvino, en el libro cuarto de la Institución de la Religión Cristiana dice: “El Señor es el Rey de reyes, el cual apenas abre sus labios, ha de ser escuchado por encima de todos. Después de Él hemos de someternos a los hombres que tienen preeminencia sobre nosotros; pero no de otra manera que en Él. Si ellos mandan alguna cosa contra lo que Él ha ordenado no debemos hacer ningún caso de ella, sea quien fuere que lo mande. Y en esto no se hace injuria a ningún superior por más alto que sea, cuando lo sometemos y ponemos bajo la potencia de Dios, que es sola y verdadera potencia en comparación con las otras” [5]. En otras palabras, Dios es Señor sobre todo. Él en su soberanía ha dado autoridad a distintos sujetos a lo largo del tiempo. Esta autoridad siempre es relativa y derivada. La obediencia al estado está supeditada al Dios del estado, que está por sobre todo dominio y autoridad.

Pero, ¿y qué pasa si nuestras autoridades no son creyentes? Comentando 1ª Timoteo 2:2, Calvino señala que “Todos los magistrados que existían en aquel tiempo eran enemigos acérrimos de Cristo; y por lo tanto se les podría ocurrir este pensamiento: que no deberían orar por aquellos que dedicaban todo su poder y toda su riqueza para combatir contra el reino de Cristo, cuya extensión sobrepasa a todo lo que se puede desear. El apóstol encara esta dificultad, y expresamente ordena a los cristianos que oren por los que están en eminencia. Y, ciertamente, la depravación de los hombres no es una razón por la que la orden de Dios no deba ser acatada. Por consiguiente sabiendo que Dios designó magistrados y príncipes para la preservación de la humanidad, y pese a la deficiencia con que ellos ejecuten el cometido divino, no debemos por eso dejar de amar lo que pertenece a Dios, y desear que permanezca en vigor” [6]. La obediencia a las autoridades es primero obediencia a Dios y, como resultado, trae el bien de la sociedad.

¿Y qué de los malos gobiernos? Comentando Romanos 13:3 dice: “Porque si un mal príncipe es plaga del Señor para castigar los pecados del pueblo, reconozcamos que es por nuestra propia culpa el que una bendición tan excelente de Dios se convierta en maldición” [7]. Si Dios es providente, y nada escapa de su mano, debemos decir que los malos gobiernos son juicios que debemos saber reconocer y percibir en la sociedad. Pero ¿qué ocurre cuando esas autoridades mandan explícitamente y de manera coercitiva violar mandamientos del Señor? Ahí no queda otra acción que la desobediencia civil. O mejor dicho, mantener nuestra obediencia a quien la debemos: al Soberano Dios Todopoderoso. Por eso, hablamos de una autoridad en los magistrados que es relativa y derivada. Incluso, esto podría derivar en acciones sociales sociales mucho más radicales. Comentando el mismo texto de 1ª Timoteo 2:2, Calvino señala que “El verdadero camino para mantener la paz se logra, pues, cuando cada cual obtiene lo que le pertenece, y cuando la violencia de los más poderosos es frenada” [8]. No se debe dejar de recordar que la libertad para Calvino es espiritual (por eso se requirió la Reforma), política (voto y participación política), y de resistencia cuando el magistrado civil se convierte en opresor. La estructura social también ha sido dañada por la caída, por ende, también está necesitada de reforma. Por ello, es sumamente importante que miembros de nuestras iglesias puedan realizar actividad política desde un punto de vista cosmovisional. Calvino plantea que: “Por tanto, no se debe poner en duda que el poder civil es una vocación no solamente santa y legítima delante de Dios, sino también muy sacrosanta y honrosa entre todas las vocaciones” [9]. 

Abraham Kuyper y la soberanía de las esferas [10].

Al hablar de Abraham Kuyper estamos en presencia de un teólogo y pastor reformado que, además, fue fundador del primer partido demócrata cristiano del mundo (el Partido Antirrevolucionario), Presidente del Consejo de Ministros de los Países Bajos entre 1901 a 1905 (lo que hoy llamaríamos “primer ministro”), fundador y profesor de la Universidad Libre de Amsterdam, escritor que bordeó los 200 libros, y periodista. Es uno de los principales exponentes del pensamiento reformacional o neocalvinista. 

Uno de los aportes teóricos fundamentales de la obra de Abraham Kuyper es el concepto de soberanía de las esferas. Si bien es cierto, la idea se encuentra ya presente en Groen van Prinsterer, es Kuyper el que establece un marco más consistente desde el plano teológico reformacional, eliminando de él los ripios jerárquicos. De la misma manera, podemos decir, que este concepto fue profundizado y complejizado por Dooyeweerd. Válganos como inicio de la reflexión sobre el concepto, la síntesis de Koyzis, en la que señala que la soberanía de las esferas implica tres cosas: “(1) la soberanía suprema pertenece solo a Dios; (2) toda soberanía terrena se deriva y está subordinada a la soberanía de Dios; y (3) no existe una intermediaria soberanía terrenal de la cual las otras sean derivadas” [11]. El orden de la lectura de Koyzis a Kuyper es relevante. El punto de partida es la soberanía de Dios. Quizá, una de las expresiones más conocidas del teólogo y pastor holandés sea la de: “No hay parte de nuestro mundo intelectual que deba estar herméticamente aislada del resto, y no hay una pulgada cuadrada en todo el campo de la existencia humana sobre la que Cristo, que es Señor sobre todo, no clame ‘¡mío!’” [12]. El soberano no es la esfera, un sujeto o una institución, el soberano en sí, por sí y para sí dentro de esta visión del mundo y de la vida es el Señor Todopoderoso. Nada ni nadie está sobre él. Si esto se pierde de vista, se termina generando una concesión a visiones secularizadas que reclaman la autonomía, sea de individuos o de colectivos sociales. Y esa concesión no sólo es teórica, sino, por sobre todo, espiritual. 

En segundo lugar, la soberanía es derivada de Dios y subordinada a él. Esto tiene dos implicancias. La primera de ellas, es que los límites que existen entre las esferas fueron diseñados originalmente por Dios: la familia, la iglesia, el estado, la empresa, el trabajo, la escuela, el arte, las ciencias y todas las demás áreas del quehacer social. Kuyper plantea que cada esfera tiene su propio dominio, “Y dado que cada una comprende su propio dominio, cada una posee su propia Soberanía dentro de sus márgenes” [13]. Sobrepasar los límites de cada esfera es transgredir el orden creacional, lo que se traduce en perjuicio en la relación con Dios y con el prójimo [14]. La segunda implicancia de esta idea, es que, en tanto la soberanía primaria es de Dios, aunque existan límites entre las esferas, eso no obstaculiza la interacción. Kuyper lo dirá de la siguiente manera: “Los engranajes de todas estas esferas se articulan unos con otros, y es precisamente en esa interacción donde emerge la rica y multifacética diversidad de la vida humana” [15]. A modo de ejemplo, la soberanía de las esferas sirve como marco teórico para la separación de la iglesia y el estado desde el prisma reformacional, es decir, cada una comprende su dominio en su propia esfera; pero, a la vez, existe interacción, pues cuando los magistrados civiles crean o conservan las leyes de libertad de cultos, otorgan la libertad para el avance de la proclamación del evangelio sin estorbos y, además, cuando se alienta la vocación política de creyentes, el estado puede contar con ciudadanos probos en el cumplimiento de la ley y que buscan el bienestar de la sociedad, en justicia y paz. Es preciso decir aquí, que este asunto no sólo tiene que ver con la relación entre ciudadanos y autoridades políticas, o de la iglesia con el estado, sino con todas las instituciones sociales o esferas de acción. Por otro lado, si bien es cierto, el estado no tiene dentro de su jurisdicción el asumir las tareas de la familia y la sociedad, sin embargo puede mediar y regular cuando hay conflictos que atenten contra los sujetos dentro de dichas esferas. Este es el entendimiento de Kuyper: “Cuando hay una colisión entre diferentes esferas de la vida, de tal forma que una esfera transgrede o viola el dominio que, por divina providencia, pertenece a otra, el llamado de Dios para el gobierno por Él instituido es decidir por lo que es justo frente al capricho de algunos y, así, rechazar la superioridad física del más fuerte y aplicar sobre ambos el derecho que les es conferido por Dios” [16].

La regulación del estado debe producir el cuidado de los derechos de las personas, sobre todo, aquellos que dicen relación con el trabajo, de tal manera que la ayuda social sea limitada en el tiempo en pos de favorecer la iniciativa personal, en tanto, el asistencialismo debilita a las clases trabajadoras. Por otro, lado, su papel solidario se justifica cuando la tarea es “emparejar la cancha”, en aspectos de educación, salud y vivienda. En ese sentido, como señala Meeter, Kuyper enfatiza en que la obligación del gobierno radica en ser un “instrumento de la gracia común de Dios- en la administración de la justicia; pero afirma también que este tiene la responsabilidad de conseguir aquellos fines que exigen la cooperación de todos, redundan para el bienestar general” [17]. 

En tercer lugar, la idea de Koyzis citada con antelación, que plantea que “no existe una intermediaria soberanía terrenal de la cual las otras sean derivadas”, es un contrapunto con el principio de subsidiariedad. En ese sentido, no se presupone una jerarquía social, en tanto no hay necesidad de intermediación de alguna institución que transmite el mandato de Dios a las bases [18]. De la manera más protestante posible, debemos decir que el sacerdocio universal de los creyentes también tiene aplicación en la vida en el mundo por medio del trabajo, la producción de conocimiento, justicia y belleza. Mucho de la crítica, aparentemente neocalvinista, a la labor del estado procede, entonces, de la fuente católico romana de la subsidiariedad y no de la soberanía de las esferas, toda vez, que cada esfera tiene legitimidad en su campo de acción, y no sólo eso, cada esfera ha sido ordenada por Dios, y cada sujeto que ejerce su labor en ella ha sido vocacionado por Dios para ello [19]. Por ende, nunca la responsabilidad está en la esfera, sino en los actores que realizan su función y/o trabajo en ellas. Acá no hay despersonalización que se traduce en construcción de ídolos, o en el peor de los casos, de “muñecos de paja” a los cuales atacar. Cada sujeto es responsable de las decisiones que toma, ya sea conservando o transgrediendo los límites entre las esferas. No hay cabida aquí para el totalitarismo ni el individualismo ni el mercantilismo ni el clericalismo.

Se debe recordar que el neocalvinismo emergió como una respuesta, tanto a los ideales de la Revolución Francesa, a los del pensamiento liberal en en sus múltiples vertientes – política, filosófica, económica, social y teológica-, como a los del socialismo secularizado. La pregunta que podría emerger hoy es: ¿ante cuáles revoluciones del presente el neocalvinismo lanzará su crítica y protesta bíblica? Y aún más, ¿cuál será su propuesta alternativa para el presente y el futuro de nuestros países? Las respuestas a esas preguntas quedan abiertas, pues nos resta un largo camino. Lo que sí debemos tener claro en ese largo camino, es que no podemos perder de vista una cuestión fundamental, a saber, que nuestros ojos deben estar puestos en el soberano y su proyecto histórico. Y el soberano desde la perspectiva kuyperiana es Cristo, que es Señor sobre todo, cuyo reino eterno llevará a cabo la justicia real que añoramos para nuestras sociedades. Kuyper señaló que: “la perfecta armonía solo emergerá cuando la Soberanía retorne del Mesías al propio Dios, quien entonces será ta panta en pasi, es decir, ‘todo en todo’” [20].

El filósofo Nicholas Wolterstorff planteaba sobre esto que: “Sea que Kuyper esté hablando de educación, política, actividad económica, arte, o lo que sea, su punto de vista siempre fue que los cristianos son llamados a pensar, hablar y actuar como cristianos dentro de estas esferas compartidas de actividad humana. Él pensaba que había, en verdad, una manera distintivamente cristiana de pensar, hablar y actuar en tales esferas; aunque no fue su punto de vista, contrario al de un buen número de sus seguidores, que lo que todo cristiano piensa, habla y hace es diferente a lo todos los no cristianos. De la misma manera, él pensaba que los cristianos deben articular su manera de pensar, hablar y actuar, no en su propio rincón en alguna parte, sino en el curso de la interacción con los no cristianos en nuestras prácticas humanas compartidas y en las instituciones. Estas nociones subyacen en todo lo que dijo en cuanto a los cristianos social. Constituyen una posición altamente distintiva” [21]. Los creyentes cristianos somos peregrinos y extranjeros en la tierra. Como peregrinos, anhelamos la patria mejor y esperamos la consumación gloriosa del Reino de Dios en Jesucristo. Como extranjeros, trabajamos para el bienestar de la tierra de nuestros padres, articulando una forma de pensar y vivir alternativa a la cultura imperante, que reconoce lo valioso del mundo que nos toca, que modifica aquello que se puede reformar y que rechaza abiertamente aquello que niega y se rebela ante el Todopoderoso que gobierna toda realidad. El mundo es el teatro de la gloria de Dios al decir de Calvino. Eso fue lo que movió a Kuyper a escribir. 

La relación entre estado y justicia [22]

En Mateo 7:15-22, una inusual coalición de fariseos y herodianos tienen por finalidad hacer caer a Jesús, haciéndole una pregunta respecto del pago de impuestos, que podría haber tenido como consecuencia el castigo imperial o la desaprobación del pueblo. Jesús no es dualista, aplica acá el reconocimiento de un principio de autoridad en el magistrado civil. Hay una división de esferas, en todas ellas el cristiano debe actuar. Por su parte, si seguimos la lectura de Romanos 13:1-7, podríamos vislumbrar que la soberanía de Dios que también se manifiesta en la historia al colocar autoridades, no excluye jamás la responsabilidad humana. La autoridad debe ejercer su labor en justicia, protegiendo al inocente y sancionando el delito. Y los demás ciudadanos tenemos el deber de obedecer activamente, pues nuestra obediencia total es a Dios, siendo las demás autoridades relativas y derivadas de esa sumisión al Señor. A su vez, el texto paulino habla de una deuda de honor e impuestos según corresponda. Esto nos libra de la “estadofobia” y de la “estadolatría”, toda vez que el estado debe ser mirado en su justa medida: como un instrumento que trabaja para el bienestar de la sociedad, salvaguardando derechos y regulando la actividad de los sujetos conforme al cuerpo legal.

Algunas tareas que me permito relevar, respecto de nuestro quehacer en la sociedad a partir de la paz que se vive en la justicia, son:

  • Debemos trabajar teniendo en cuenta la triada presentada en la Biblia: pobres, desamparados (huérfanos-viudas) y extranjeros. No debemos olvidar que quienes sufren los rigores de la vida (enfermedad, cárcel, desnudez, hambre), en el discurso bíblico, son los pequeñitos de Dios, y recordando que los actos de misericordia son siempre actos de justicia. Lo contrario reporta una espiritualidad atrofiada e idolátrica. 
  • Debemos protestar y trabajar para “terminar con formas particulares de injusticia, violencia y opresión” [23]. En cada lugar en el que exista un ejercicio tiránico y opresivo del poder, debemos alzar nuestra voz y realizar tareas que conduzcan a eliminar dicho ejercicio, porque el amor verdadero “no se deleita en la maldad sino que se regocija con la verdad” (1ª Corintios 13:6). Nuestra protesta debe buscar como fin la sanidad de los pueblos, la restauración de los heridos y perniquebrados, la construcción de un proyecto que coadyuve a la expansión y consumación del Reino de Dios, que en la definición paulina es “justicia, paz y alegría en el Espíritu Santo” (Romanos 14:17). La tarea de vivir el Shalom de Dios no es la de crear algo inédito, sino una tarea reparatoria y transformadora.
  • Siguiendo en esto a Sidney Rooy, no debemos olvidar que la tarea de los creyentes cristianos es profética (en relación a las autoridades), didáctica (dentro de ella) y de servicio (respecto de las víctimas de la injusticia). Se recomienda el ejercicio de la resistencia pacífica, pero de manera coherente con la tradición cristiana, no hay que olvidar que en casos extremos puede usarse la fuerza, pues “Todo gobierno que traiciona su vocación y en lugar de promover el bien y castigar el mal hace lo inverso, pierde su autoridad para gobernar” [24].
  • Debemos orar “por todos los hombres; por los reyes y por todos los que están en eminencia, para que vivamos quieta y reposadamente en toda piedad y honestidad” (1ª Timoteo 2:1,2), aunque sean como Nerón. Además, el clamor para que se haga la voluntad del Señor, como reza el Padrenuestro, debe estar siempre en nuestra boca, porque la motivación para orar debe ser el reconocimiento de la soberanía de Dios.
  • El profeta Isaías anunciando la palabra  del Dios Todopoderoso dijo: “¡Ay de los que llaman a lo malo bueno y a lo bueno malo, que tienen las tinieblas por luz y la luz por tinieblas, que tienen lo amargo por dulce y lo dulce por amargo!” (Isaías 5:20). Si bien es cierto, misteriosamente, Dios actúa también en la historia usando como instrumento suyo a los que hacen lo malo, ¡porque Dios es soberano siempre!, eso no señala que lo que estos sujetos desarrollan sea su voluntad expresada en la Palabra. No justifiquemos lo injustificable ni menos celebremos ni homenajeemos al imperio de la maldad ni a sus ejecutores. No nos hagamos cómplices con el silencio ni con la voz que ensalza la opresión.
  • No anhelemos ejercer la venganza, porque ésta sólo es justa cuando proviene de la indignación del Todopoderoso. Él dará el justo pago (Romanos 12:19). No podemos caer en la misma lógica de los que matan literal y simbólicamente, porque eso, en definitiva nos termina autodestruyendo. Si Dios nos ha liberado no volvamos a andar en esclavitud (cf. Gálatas 5:1).

Claramente, ninguno de los esfuerzos mencionados construirá algo completo y perfecto. Y enhorabuena que así sea, pues nuestra esperanza no está puesta en personas y sistemas político-ideológicos, sino que es escatológica y está centrada en el Dios-Hombre, Jesucristo. Y esto, debiese ponernos en nuestro lugar y, a la vez, animarnos en la esperanza. Pues como diría David Koyzis: “No hay cómo saber cuán pronto Cristo volverá para traer la plenitud prometida de su reino. Puede ser mañana, pero puede ser también de aquí a mil años. También no hay cómo saber cómo nuestras obras, falibles e imperfectas, podrán contribuir para promover el reino. Pero sabemos que el final vendrá y que Dios quiere usar nuestros frágiles esfuerzos para sus propósitos y su gloria. Cada acto que promueve la justicia, sea en la política o en cualquier otro ámbito de la actividad humana, apunta para la plenitud final del reino de justicia de Dios en el cielo nuevo y la tierra nueva” [25]. 

No nos olvidemos nunca que “El producto de la justicia será la paz; tranquilidad y seguridad perpetuas serán su fruto” (Isaías 32:17).

Luis Pino Moyano.


[1] Jacques Chonchol y Julio Silva Solar. ¿Qué es el socialcristianismo? Ensayo de interpretación. Santiago, Impresores “Casa Hogar San Pancracio”, 1948, p. 5.

[2] Sobre el socialcristianismo de cuño protestante, véase: Ángelo Palomino et al. Socialcristianismo. Propuesta de pensamiento evangélico para la política en América Latina. Santiago, Reforma Chile, 2020. 

[3] León XIII. Encíclica Rerum Novarum, 23, 26. En: https://www.vatican.va/content/leo-xiii/es/encyclicals/documents/hf_l-xiii_enc_15051891_rerum-novarum.html (Consulta: agosto de 2021).

[4] Juan Calvino. Comentario a las Epístolas Pastorales. Grand Rapids, Libros Desafío, 2005, p. 61. Comentario de 1ª Timoteo 2:2.

[5] Juan Calvino. Institución de la Religión Cristiana. IV.XX.32. Buenos Aires – Grand Rapids, Editorial Nueva Creación, 1988 , p. 1194.

[6] Calvino. Comentario a las Epístolas Pastorales. Op. Cit., pp. 59, 60. 

[7] Juan Calvino. Comentario a la Epístola a los Romanos. Grand Rapids, Libros Desafío, 2005, p. 339.

[8] Calvino. Comentario a las Epístolas Pastorales. Op. Cit., p. 60. 

[9] Calvino, Institución… IV.XX.4. Op. Cit., p. 1171. 

[10] El ítem relacionado al pensamiento de Kuyper es un fragmento de: Luis Pino. Pensar, vivir y trabajar en la sociedad con los ojos puestos en el soberano. Una lectura a Abraham Kuyper”. En: Jonathan Muñoz (coordinador). Ni un centímetro cuadrado. Una introducción al pensamiento reformacional. Santiago, Fe Pública y Libros de Teología Ediciones, 2021, pp. 18-41. 

[11] David Koyzis, “Introducción a la Teoría Política de Herman Dooyeweerd”. En: http://aaerm.tripod.com/publicaciones/web/politica.htm (Consulta: septiembre de 2019).

[12] Abraham Kuyper. “Soberanía de las esferas (20 de octubre de 1880)”. En: http://estudiosevangelicos.org/soberania-de-las-esferas/ (Consulta: noviembre de 2011). Se trata del discurso inaugural de la Universidad Libre de Amsterdam. 

[13] Ibídem. 

[14] David Koyzis. Visões & ilusões políticas. Uma análise & crítica cristã das ideologias contemporâneas. São Paulo, Edições Vida Nova, 2018, p. 278. La traducción es mía en esta y en todas las referencias a dicho material.

[15] Kuyper. “Soberanía de las esferas”. Op. Cit. 

[16] Abraham Kuyper. O problema da pobreza: a questão social e a religião cristã. Rio de Janeiro, Thomas Nelson Brasil, 2020, p. 130 (traducción propia).

[17] Henry Meeter. Calvinismo, sociedad y el Reino de Dios. San José, Editorial CLIR, 2016, p. 108.

[18] Koyzis. Visões & Ilusões políticas. Op. Cit., p. 279. 

[19] Sobre este asunto, es valorable que intelectuales de derechas en Chile busquen rescatar y volver al significado original del concepto “subsidiariedad”. Véase para ello: Pablo Ortúzar (editor). Subsidiariedad: más allá del estado y del mercado. Santiago, Instituto de Estudios de la Sociedad, 2015. No obstante aquello, se debe reconocer que, a lo menos en Chile, dicho concepto ha sido dotado de un significado que se encuentra manchado por el neoliberalismo chicago-gremialista, lo que ha derivado en que ciertos derechos sean configurados como servicios adquiribles en el mercado. Ese neoliberalismo, ha entendido la lógica subsidiaria como un estado fuerte que provee de solidez y seguridad a la empresa privada, sin fortalecer a la sociedad civil. Digo esto, para señalar que el uso de subsidiariedad como sinónimo de “soberanía de las esferas” podría ser, a lo menos, poco estratégico.

[20] Kuyper. “Soberanía de las esferas”. Op. Cit.

[21] Nicholas Wolterstorff. “In reply”. En: Perspectives: A Journal of Reformed Thought. Citado por: Timothy Keller. Iglesia centrada. Miami, Editorial Vida, 2012, p. 209.

[22] Para esta sección tomo elementos de dos artículos míos: Luis Pino. “Acerca del uso y abuso de la Biblia en coyunturas políticas”. En: Luis Pino. En el balcón y en el camino. Reflexiones desde una cosmovisión cristiana. Saint-Germain-en-Laye y Santiago, Ediciones del pueblo, 2021, pp. 67, 68; y Luis Pino. “Ni zelotes ni herodianos. Por una alternativa cristiana de paz activa”. En: Javiera Abarca et al. Una dignidad despierta. Reflexiones evangélicas sobre el octubre chileno. Santiago – París, Ediciones del pueblo, 2020, pp. 15-19. 

[23] Timothy Keller, Justicia generosa. Barcelona, Publicaciones Andamio, 2016, p. 46.

[24] Sidney Rooy. “Relaciones de la iglesia con el poder político. Modelo reformado”. En: Pablo Deiros (editor). Los evangélicos y el poder político en América Latina. Buenos Aires, Nueva Creación, 1986, p. 70. 

[25] Koyzis. Visões & Ilusões políticas… Op. Cit., p. 322. 

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