Presbiterianos hablando de política.

“- ¡Cómo es posible que pastores y presbíteros hablen de política!”. Ese reclamo, cuya legitimidad no debe ser puesta en duda, adolece de un problema: el desconocimiento de la historia de la iglesia. El presbiterianismo chileno, y particularmente la Iglesia Presbiteriana de Chile, a lo largo de su historia ha cumplido un importante rol en la sociedad. Durante el siglo XIX promovió la defensa de las libertades públicas, más adelante consagradas en las leyes laicas del gobierno de Domingo Santa María. Durante el siglo XIX y principios del XX promovió instancias educativas, hogares de menores, centros salud como la Maternidad Madre e Hijo. Durante el siglo XX se opuso a la obligatoriedad de las clases de religión católica en los colegios. Y en la participación de alguno de sus miembros, fue pieza fundamental para la promulgación de la Ley de Libertad de Cultos. Y sí, nuestros pastores, oficiales y miembros, hablaban mucho de política y de lo social. Basta echar un vistazo a las publicaciones de “El Heraldo Evangélico” y “El Heraldo Cristiano” para notar artículos sobre el acontecer noticioso chileno y del extranjero, promoviendo ciertos proyectos políticos y sociales como la separación de la Iglesia Católica y el estado en 1925, o generando una lectura interpretativa a la luz del cristianismo de corrientes políticas. O, también, podría servir recordar cómo los pastores más antiguos de la iglesia desarrollaban los “desayunos pastorales” en los que se leía la Biblia y el diario, y se conversaba en torno a ellos. 

Claramente, la práctica de esa “vieja escuela presbiteriana” tuvo un momento de dificultad con el golpe de estado de 1973 y el gobierno de facto emanado de él. Pero, en esos años nunca la medida fue censurar la opinión de los miembros de la Iglesia, sino más bien poner en la palestra que siempre que un miembro de la IPCH hablara en el espacio público lo hacía a título personal y nunca arrogándose la representatividad de la Iglesia. Ni en esas horas se puso en duda uno de los valores más preciados del genio del presbiterianismo chileno, a saber, la libertad de conciencia. Por eso, con todo el respeto que me es posible, no deja de llamar la atención el cierto tabú que algunos miembros de la iglesia quieran imponer respecto de dicha temática. Es entendible que quienes vivieron como jóvenes dicho período, y sufrieron tensiones en actividades eclesiales, quieran promover la paz, pero la paz no se basa en el tabú que permite la convivencia, sino en el entendimiento que ninguna de nuestras diferencias importa al lado de conocer a Cristo. Son basura al lado de eso. Y si nosotros nos esforzamos por levantar las barreras que antes nos separaban y que Cristo botó con la sangre de su cruz, estamos simplemente haciendo más caso de ídolos del tiempo presente que de lo que expresa el Dios Todopoderoso en su Palabra. 

No obstante lo dicho con antelación, y en mirada complementaria de ello, quienes no tenemos miedo o que no queremos imponer un tabú a la hora de hablar de estos temas, debiésemos tener en cuenta los siguientes principios, que en la hora actual no está de más recordar:

  1. La Biblia no presenta un programa político definido con todas sus líneas de acción. Lo que si presenta son principios para su entendimiento y labor. Nos enseña que dicha tarea es honrosa y que también es un espacio de adoración a Dios, por lo que debe ser llevada a cabo con responsabilidad y distintivo cristiano. Quienes somos presbiterianos podemos ser ayudados y sustentados en esta mirada, cuando leemos y practicamos lo planteado por nuestra Confesión de Fe de Westminster, en su capítulo XXIII titulado “Del magistrado civil”. 
  1. Que nada de lo que digamos puede pretender ser palabra cerrada o definitiva, ni mucho menos arrogarse la representatividad de la Iglesia o de “lo reformado”. Porque si lo que la Biblia otorga de la temática son principios y no una metodología de aplicación, puede que nuestros prismas respecto de ello sean diversos. Lo fundamental aparece consagrado en nuestros estándares de fe, lo secundario siempre es tema de discusión y nunca puede ser entendido como fundamental, pues eso se transforma inmediatamente en argumento de división. Dios nos libre de ello. 
  1. En sintonía con lo dicho con antelación, debemos actuar con amor cristiano, partiendo con acciones de respeto hacia nuestros hermanos que pueden divergir de algunas de nuestras ideas, como también respecto de otros prójimos, entre ellos del magistrado civil. Actuar con respeto es actuar con responsabilidad, y es lo que posibilita que nuestros debates no sean diálogos de sordos. Ahí el capítulo XX de nuestra Confesión de Fe, “De la libertad cristiana y la libertad de conciencia” nos puede ayudar en demasía, porque nos permitiría entender que la libertad siempre es comunitaria y se nos es regalada como don para amar y servir, y que no existe libertad de conciencia sin que esta se encuentre atada a la Palabra de Dios. Que la Biblia y no las ideologías sean el filtro y lente desde el que observamos la realidad. 

Cristo, Señor de todo, tiene el poder de hacer nuevas todas las cosas. Él hace que el mundo, con sus sombras y muerte, sean el “teatro de la gloria de Dios” (Calvino), porque Él guía la historia hacia su consumación. Nuestra acción responsable en el mundo, como iglesia institucional y orgánica, es decir, como Iglesia Presbiteriana de Chile y como presbiterianos esparcidos en la sociedad, es el testimonio de esta esperanza. 

Fraternalmente en Cristo, Luis Pino Moyano.

[Introducción + Estudio inductivo] ¿Qué son los 5 puntos del calvinismo?

En los últimos años, en América Latina se ha vivido un despertar dentro del mundo evangélico de las llamadas doctrinas de la gracia. Dichas verdades están ligadas a la figura del reformador francés Juan Calvino (1509-1564), no porque haya elaborado dichas doctrinas, sino más bien, porque presentó las bases para rescatarlas de la lectura de la Palabra de Dios. Estas doctrinas no deben confundirse con el calvinismo, que es una cosmovisión y un sentido de la vida, aunque forman parte de él, específicamente en el área de la doctrina de la salvación. 

De manera posterior a la muerte de Calvino, un teólogo holandés que estudió con Teodoro Beza, lo que le hacía un discípulo de la primera generación del pensamiento reformado, que  desarrolló una crítica a la posición de Calvino respecto de la doctrina de la gracia de Dios, enfatizando en el libre albedrío del ser humano. Se llamaba Jacobo Arminio (1560-1609) y fue profesor de la Universidad de Leyden. Luego de la muerte de Arminio en 1610, algunos de sus discípulos presentaron una declaración doctrinal respecto de la salvación, que tenía cinco artículos, ante las autoridades de Holanda. Dicha declaración se llamó “Remonstrantes”, que significa “memorial” o “pliego de protesta”, y fue firmada por 46 ministros, que afirmaban: a) el libre albedrío o capacidad humana de decidir acercarse a Dios; b) la elección condicional; c) la redención universal o expiación general; d) la obra del Espíritu Santo en la regeneración está limitada por la voluntad humana; y e) la caída de la gracia, es decir, la posibilidad que la salvación pueda perderse. Esta doctrina arminiana es sostenida por metodistas wesleyanos, nazarenos, pentecostales e independientes.

Como gran parte de la teología cristiana, estas doctrinas de la gracia comenzaron a ser aprendidas y confesadas a modo de reacción y propuesta, en este caso con la intención de contravenir las ideas del arminianismo. Para ello, se llevó a cabo el Sínodo de la Iglesia Reformada en Dordrecht, entre el 13 de noviembre de 1618 al 9 de mayo de 1619, instancia en la que participaron 84 miembros y 18 comisionados seculares. Ellos elaboraron una respuesta en un documento conocido como los “Cánones de Dort”. En algún momento de la historia, más reciente por lo demás, pero que no se puede señalar con toda claridad, las doctrinas de la gracia llegan a recibir el nombre de TULIP, por las siglas conformadas por cada uno de los cinco puntos a modo de acróstico en inglés:

Total depravity.

Unconditional election.

Limited atonement.

Irresistible grace.

Perseverance of the saints.

Estos puntos, traducidos al castellano, son: a) depravación total, b) elección incondicional, c) expiación limitada, d) gracia irresistible, y e) perseverancia de los santos. Estas doctrinas son aceptadas en iglesias presbiterianas y reformadas,  congregacionalistas y bautistas particulares.

Cada doctrina nos permite entender la gracia que Dios nos ha tenido: en la depravación total reconocemos la condición de miseria en la que vivíamos sin Cristo, en la elección incondicional vemos el amor eterno con el que Dios decidió predestinarnos para salvación, con la expiación limitada es que podemos cantar con certeza en la vida: “Cristo me ama, bien lo sé, su Palabra me hace ver”; con la gracia irresistible podemos notar que Dios nos llamó como el pastor a sus ovejas y, la perseverancia de los santos, en la que podemos notar cómo Dios nos hace mantenernos en fidelidad a su alto llamado. Estas doctrinas no son para andar discutiéndolas ni banalizándolas en Facebook u otra red social, sino que son descubiertas y proclamadas para que sean amadas por el pueblo de Dios, para volver nuestros ojos hacia Él, celebrando su amor y para inclinar nuestros corazones a la humildad. En ellas, podemos ver el amor soberano de un Dios que nos transforma y cuida con fidelidad. 

Que el Señor nos ayude con la riqueza de su Palabra a poner nuestros ojos en Cristo, y no en nosotros mismos. Si hay algo que los cinco puntos del calvinismo buscan, sin lugar a dudas, es que adoremos a Dios y cantemos a su eterna gloria. 

En Cristo, Luis Pino Moyano.

 

* Descarga el estudio inductivo basado en los 5 puntos del calvinismo, haciendo clic aquí.

[Registro Audiovisual] Coloquio “Una Fe Pública”.

El sábado 14 de septiembre realizamos un coloquio titulado “Una Fe Pública. La vigencia del pesamiento reformacional de A. Kuyper, H. Dooyeweerd, N. Wolterstorff, B. Goudzwaard y A. Plantinga”. La actividad fue maravillosa y tuvo aspectos sorprendentes. Comenzaba a las 9:00 hrs. de un día sábado, previo a una de las festividades más importantes del país. No obstante, unas cuarenta personas se acercaron a las dependencias del Centro de Literatura Cristiana, en Amunátegui 57 de Santiago, ávidos de aprender en el diálogo sobre pensamiento reformacional. De verdad, emocionante. Con gran alegría podemos decir que éste es el comienzo de varias cosas que vendrán, con la ayuda del Señor de todo. 

Comparto acá los vídeos de las dos mesas de ponencias:

  • La primera mesa abordó a dos pensadores clásicos del neocalvinismo: Abraham Kuyper y Herman Dooyeweerd, con ponencias mía y del Pr. Jonathan Muñoz. 

 

 

Opción de escuchar audio:

  • La segunda mesa abordó a pensadores más recientes: Gonzalo David habló sobre Nicholas Wolterstorff, Javiera Abarca sobre Alvin Plantinga y Luis Aránguiz sobre Bob Goudzwaard. 

 

 

También puede escucharse el audio:

Estén atentos a la página de Estudios Evangélicos y a su red en Facebook, pues se seguirán compartiendo artículos sobre esta temática e informando de nuevas instancias de reflexión que rescata y lee para el presente la propuesta reformacional.

 

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* Los podcast pueden escucharse y ser descargados desde la plataforma Ivoox, haciendo clic aquí.

Documental sobre la historia de los evangélicos en Chile.

El año 2017, en medio de las celebraciones por los 500 años de la Reforma Protestante, se desarrollaron diferentes actividades que invitaban al recuerdo y la reflexión respecto de nuestro pasado. Una de ellas fue desarrollada por una organización denominada “La Reforma que viene”, y que derivó en la publicación de “El libro de los 500 años” y en la realización de un documental, que pasa de lo acaecido en Europa en 1517 a la realidad chilena. 

Aportaron a esta mirada del pasado: Cristian Parker, Ximena Prado, Humberto Lagos, Javier Arcos, quien suscribe estas líneas, entre otros. Recomiendo su revisión. 

 

A la par de la participación en el documental, al que contribuí con la entrevista, datos de hechos históricos y de posibles entrevistados, estuvo el aporte respecto de una mirada histórica al pentecostalismo chileno, publicada en el libro referido, artículo que ustedes pueden revisar haciendo clic aquí.

Luis Pino Moyano.

 


 

* Nota aclaratoria: entre quienes me conocen, saben que cuando me piden una referencia académica digo: “Licenciado en Historia”, y que me da un poco de pudor cuando me llaman “historiador”. Pero como esto no sólo lo ven quienes me conocen, me permito decir que la información que me hace aparecer como “Dr.” es errónea, no la di yo. Sólo se trata de un error de la persona que editó el vídeo. Gracias. 

“Mucho valor tiene a los ojos del Señor la muerte de sus fieles”. A la memoria del hermano Pablo Hoff.

* El recorte de prensa es del archivo del Pr. Manuel Díaz, profesor del IBN. 

Durante la mañana de ayer, 23 de junio de 2019, nos hemos enterado de la noticia de la muerte de Paul Hoff Bieker, más conocido en el mundo evangélico chileno, y especialmente a quienes nos formamos en el Instituto Bíblico Nacional, como el “hermano Pablo”. Él había nacido el 23 de febrero de 1924, y se formó académicamente como Bachiller en Artes Liberales con mención en Historia de la Universidad Taylor y Magíster en Teología del Seminario Bautista del Norte, y que desarrolló su tarea como misionero de las Asambleas de Dios en Bolivia, Argentina y Chile, fundamentalmente en la tarea de la docencia teológica y la pastoral. Chile, país al que llegó en 1978 fue donde desarrolló su ministerio de más larga data, y que tuvo como su fruto principal y más maduro el Instituto Bíblico Pentecostal, fundado en 1979, y que desde 1999 recibe el nombre de Instituto Bíblico Nacional fortaleciendo su carácter interdenominacional, lo que va acompañado de sedes en más de veinte ciudades a lo largo del país. 

Ligado a su tarea docente surgieron sus libros, la mayoría de ellos publicados por Editorial Vida, relacionados con las diversas áreas del saber teológico, escritos a mano y luego escritos a máquina por su esposa, la hermana Betty, y más tarde a computador y estilizados al idioma castellano por personas ligadas al Instituto que él formó. Libros que demuestran un conocimiento profundo de la Escritura, y que facilitan su acceso a la misma, por el fuerte talante pedagógico que poseen y que, por sobre todo, invitan a mirar a Cristo Jesús cuando avanzan en el aspecto devocional. Estos libros son: 

  • “El Pentateuco” (1978), 
  • “Los libros históricos” (1980),
  • “El pastor como consejero” (1981),
  • “Se hizo hombre” (1990, sobre los evangelios sinópticos),
  • “Otros evangelios” (1993, sobre religiones comparadas),
  • “Libros Poéticos” (1998),
  • “Defensa de la fe” (en coautoría con el teólogo chileno David Miranda, publicado por Editorial Mundo Hispano, 1997),
  • y “Teología Evangélica” (Tomo 1, 1999; Tomo 2, 2000; obra reunida en un solo ejemplar, 2005).

Él diría en una introducción a uno de sus libros: “Tal vez el lector apresurado se sienta tentado a estudiar las lecciones del libro sin leer previamente las partes correspondientes de la Biblia. Si así procede, se estará defraudando a sí mismo y no aprovechará al máximo este estudio, porque la Biblia es siempre más importante que lo que dicen los hombres acerca de ella” (El Pentateuco, p. 11). A ello se suman muchos artículos desperdigados en folletos, revistas y periódicos evangélicos. Como escribió Juan, el apóstol: “Dichosos de aquí en adelante los que mueren unidos al Señor. Sí – dice el Espíritu-, ellos descansarán de sus trabajos, pues sus obras los acompañan” (Apocalipsis 14:13 DHH). En 2011, Editorial Vida publicó el libro biográfico escrito por Stuart Allsop, titulado “Mi Dios les proveerá. La apasionante historia de Pablo Hoff”, el que lamentablemente no ha sido difundido en las librerías de nuestro país. Es de justicia que lo hagan con prontitud. 

Conocí al hermano Pablo en el año 2000 cuando ingresé al Instituto Bíblico Nacional. Era un joven pentecostal, tenía 18 años y cargaba una cantidad de sueños y anhelos de servicio al Señor, sobre todo porque al comienzo de ese año sentí fuertemente un llamado al ministerio pastoral, y para eso había que prepararse. Si bien es cierto, estudiar teología tenía mala prensa, porque “la letra mata”, en mi comunidad de esos tiempos había un buen recuerdo del hermano Pablo, siendo la Iglesia Pentecostal Naciente una de las primeras denominaciones en recibir bien a este misionero. Recibí dos libros de él para iniciar el ciclo, los que leí con avidez, y que profundizamos en clases con los profesores, compañeros de curso, y principalmente con mi amigo y compañero de andanzas, Cristian Estrada. Fue fácil admirar a este ministro del evangelio, porque no sólo leímos sus libros, sino que además compartimos con él. Nunca he podido olvidar que a las dos semanas de entrar a estudiar, estaba trabajando en el Parque Bustamante como encuestador, cuando él pasa por la vereda de en frente (vivía cerca de allí), me vio, cruzó la calle, se me acercó con su característica sonrisa, me dio un fuerte apretón de manos y me preguntó por mi parecer respecto del IBN, luego se despidió con un “Dios le bendiga en todas sus labores”. 

Luego, fueron las conversaciones con él mientras tomábamos un café o sus ilustraciones testimoniales en medio de sus sermones en las que le conocimos más: su conversión a muy temprana edad, su paso como soldado en la 2ª Guerra Mundial, sus estudios teológicos en los que recibió la influencia de autores del ala conservadora y de la neoevangélica, siendo tributario de Carl Henry y Millard Erickson. Luego su trabajo misional en Bolivia y Argentina y su venida a Chile, llena de hechos providenciales: su solicitud de abrir un Instituto Bíblico para los pentecostales chilenos fue antecedida, sin mediar conversación entre ellos, por la solicitud del Pr. Francisco Anabalón de apoyo de las Asambleas de Dios para abrir un centro de estudios en el país. El trabajo misional en Chile estuvo marcado por desafíos y dificultades, pero en el que Dios abrió caminos: de las clases en el templo de la Corporación Vitacura, en Calle Rosas (frente al que hoy es el Teatro Teletón) al edificio de seis pisos en calle Ejército. Cómo él mismo no cesaba de señalar, citando la Escritura: “Mi Dios, pues, suplirá todo lo que os falta conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús” (Filipenses 4:19, RV 1960). 

De acento “agringado”, pese a los años que llevaba en Chile, era un deleite escuchar sus predicaciones, las que eran bíblicas, llenas de fuego, y con una característica muy particular a la hora de aplicar: bajaba la voz y con voz suave golpeaba nuestros corazones y conciencias. Aunque también le vimos apasionado y molesto. Dos momentos que recuerdo vívidamente. A principios de los 2000 algunos profesores comenzaron a señalar, sin ambages, su mirada escatológica amilenarista, yendo contra la mirada dispensacionalista, hegemónica en el mundo pentecostal. En una reunión de profesores se dio la discusión, muy acalorada, de la que algunos fuimos testigos indirectos mientras realizábamos nuestras tareas en la biblioteca. La discusión terminó con un golpe de mesa y con la voz firme del hermano Pablo diciendo: “no importa cuándo el Señor viene o cómo viene; lo que nos importa es que Él viene”. El momento terminó con oración y ánimo reconciliado. 

El otro momento, fue una de las últimas capillas (momento devocional) que se hizo al final de las clases, dando cuenta que muchos se retiraban y no participaban de la misma, nos exhortó a la luz de la Palabra la importancia de una espiritualidad profunda. Ahora, con justo enojo, golpeó el púlpito y dijo “si alguno cree que estudiar Teología es para agrandar cabezas y no corazones no es digno de este Instituto”. Y esto me permite cerrar mi relato testimonial. Pablo Hoff más que un teólogo fue un valiente siervo del evangelio, un respetable creyente, que nos enseñó con la palabra y la vida que los peores enemigos de los estudios teológicos no eran quienes decían que la “letra mata”, sino aquellos que estudian y tienen “un más alto concepto de sí que el que deben tener” (Romanos 13:3). Pablo Hoff, fue un valiente misionero que entendió que el servicio a Cristo y su Reino no tiene fronteras ni barreras que el Señor de la misión no pueda derruir, y que por lo mismo, asume con una alta cuota de voluntarismo el llamado que le constriñe a ser un obrero del evangelio. Todo esto, era una invitación que no dejaba de lado la erudición, pero que fortalecía la práctica servicial y buscaba forjar carácter cristiano. Se trataba de buscar un “conocimiento ungido”. Y dicho conocimiento fortaleció al bullente pentecostalismo chileno y excede sus veredas, edificando también a creyentes de otras banderías eclesiales. 

Como alguien que se siente honrado de haber hecho sus primeras armas del conocimiento teológico en el instituto que él formó, de manera agradecida digo frente a nuestro querido hermano Pablo: muchas gracias, seguiremos “preparándonos mejor, para servir mejor” con la ayuda de Aquél que vive y permanece para siempre. 

¡Hasta pronto!

Luis Pino Moyano.

 


 * Recomiendo, para quienes quieren tener un acercamiento mayor al testimonio de vida del hermano Pablo Hoff, ver la entrevista realizada por la hermana Sara Ossa, en el Canal de YouTube de Corporación Sendas, y el texto biográfico escrito por el hermano Pablo Villouta. 

Summer Theology: “Presbiterianismo: Identidad e Historia”.

Summer Theology es una actividad de extensión de la Iglesia Presbiteriana Puente de Vida, que se hace en el mes de enero. En 2019 es su quinta versión, y en esta oportunidad su tema central es “Presbiterianismo: Identidad e Historia”. 

Se realiza los días miércoles, en las dependencias de dicha iglesia, ubicada en Balmaceda 621 a pasos del Metro Plaza de Puente Alto, a las 20:00 hrs.

En este post, semana a semana, subiremos el podcast de la exposición, junto con los apuntes que serán entregados a cada participante en formato PDF.

Sesión #1: El sentido presbiteriano de la vida.

Abrir apuntes haciendo clic aquí.

Temas abordados: a) ¿Qué significa ser presbiteriano?; b) el corazón del sentido presbiteriano de la vida; c) el señorío de Cristo; d) la iglesia; e) el gobierno eclesiástico; f) la misión; g) la espiritualidad; h) la membresía eclesial; i) el conocimiento; j) la relación con el mundo y el trabajo.

Sesión #2: Orígenes del Presbiterianismo.

Abrir apuntes haciendo clic aqui.

Temas abordados: a) Premisas bíblicas y teóricas para la historia eclesiástica; b) el antecedente de la Reforma Protestante; c) Juan Calvino; d) calvinistas en Europa; e) la Reforma en Escocia; f) John Knox; g) la Iglesia de Escocia; h) el Presbiterianismo en Estados Unidos; i) la confesionalidad de la iglesia; j) la Confesión Escocesa; y k) los Estándares de Westminster.

Sesión #3: Presbiterianismo chileno, 1ª Parte.

Abrir apuntes haciendo clic aquí.

Temas abordados: a) Genealogía del Presbiterianismo chileno; b) José Manuel Ibáñez Guzmán; c) La Corporación Unión Evangélica; d) Proyecto misionero combativo y formas de evangelización; e) Elementos de cambio; f) Un análisis de época: “Nuestra situación presbiteriana”; g) ¿Liberalismo en la Iglesia Presbiteriana en Chile; h) Los primeros intentos de solución al estancamiento; i) Relaciones interdenominacionales.

Sesión #4: Presbiterianismo chileno, 2ª Parte.

 

Abrir apuntes haciendo clic aquí.

Temas abordados: a) La nacionalización de la Iglesia Presbiteriana en Chile; b) Desafíos y problemas posteriores; c) Moderadores del Sínodo de la Iglesia Presbiteriana de Chile (énfasis analítico en el Pr. Horacio González); d) Situación actual de la IPCH; e) Presbiterianos y sociedad; y f) Iglesia Puente de Vida.

Material compilado.

En cada una de las sesiones hemos compartido el documento elaborado para ellas, pero para quienes gusten hemos compilado todos los apuntes en un solo documento, el que pueden descargar haciendo clic aquí.

Recomendaciones lectoras.

* Hemos subido libros cuyas ediciones están discontinuidas o fueron liberados por su editorial.

Juan A. Mackay. El sentido presbiteriano de la vida. Abrir aquí.

Los estándares de Westminster. Abrir aquí.

Charles Hodge. Qué es el presbiterianismo. Abrir aquí.

Jean McLean. Historia de la Iglesia Presbiteriana en Chile. Santiago, Imprenta Universitaria, 1932; Santiago, Escuela Nacional de Artes Gráficas, 1954 (esa segunda edición tuvo información actualizada). Abrir primera edición aquí.

Carlos Núñez y Horacio González. Nuestra situación presbiteriana. Santiago, Bureau Gráfico, 1935. Abrir aquí.

Luis Pino. Plantando el evangelio en cada corazón. Hacia una historia de la Iglesia Puente de Vida (2008-2013). Abrir aquí.

Marcone Bezerra (editor). Meditad sobre vuestros caminos. Reflexiones en torno a los 150 años del presbiterianismo en Chile. Santiago, Sabiduría Libros, 2018. 

Juan Calvino. La necesidad de reformar la iglesia. Edmonton, Landmark Project Press, 2010.

Edmund Clowney. La Iglesia. Barcelona, Publicaciones Andamio, 2015.

Abraham Kuyper. Conferencias sobre el calvinismo. San José, CLIR, 2010.

Giorgio Tourn. Juan Calvino, el reformador de Ginebra. Barcelona, Editorial CLIE, 2016.

Irven Paul. Un reformador yanqui en Chile. Santiago, Iglesia Presbiteriana de Chile, 1995.

Ximena Prado. David Trumbull, un protestante del siglo XIX puertas adentro y puertas afuera. Viña del Mar, Mediador Ediciones, 2018.

Ignacio Vergara. El protestantismo en Chile. Santiago, Editorial Del Pacífico, 1962, pp. 36-48; 129-134.

Humberto Muñoz. Nuestros hermanos evangélicos. Santiago, Ediciones Nueva Universidad, 1974, pp. 101-122.

Humberto Lagos. Herejía en Chile. Evangélicos y protestantes desde la Colonia hasta 1925. Santiago, Ediciones Sociedad Bíblica Chilena, 2010.

Juan Ortiz. Historia de los evangélicos en Chile: de disidentes a canutos. Liberales, radicales, masones y artesanos. Santiago, Editorial Parousía, [¿2015?], pp. 53 y ss.

Oscar Pereira. Presencia y arraigo protestante evangélico en Chile 1845-1925. Santiago, Ediciones Sociedad Bíblica Chilena, 2016, pp. 52-104; 171-178.

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Lo que comenzó un 31 de octubre y no debiese terminar.

Está terminando el día, y pese al cansancio de la apretada labor, no quisiera dejar pasar la oportunidad de desperdigar algunas líneas respecto de la celebración de los 500 años de la Reforma Protestante. Este año ha sido un tiempo interesante e inusual a la vez. Nunca había tenido la oportunidad de hablar tanto de historia en la iglesia. Y si bien es cierto, concuerdo con la teología reformacional que las explicaciones que sólo tienen en cuenta el prisma histórico, son limitadas, y pueden derivar en un historicismo que deja fuera la preeminencia de la lectura bíblica y de la producción teológica, también considero que es sumamente necesario realizar el ejercicio historiográfico en la iglesia. Citando de memoria al teólogo católico Samuel Fernández, la historia no tiene nunca la última palabra, pero regularmente tiene la primera. Y frente a eso, preguntarnos sobre el pasado-presente de la iglesia de Jesucristo en el tiempo nos permite ampliar nuestro sentido de comunidad, reconocer la providencia de Dios que guía la historia hasta su consumación, valorar el evangelio que transforma y usa a santos que son tan pecadores como nosotros, y nos libra tanto de la pulsión por “inventar la pólvora”, como de los mismos errores del ayer.

Debo decir, que cerca de una hora del término del día, tengo algo de miedo. Sería muy triste que todo lo que hemos recordado este tiempo a Lutero, Calvino, Zwinglio, Knox, entre otros, lo dejemos en el olvido pasando esta fecha. Que los 500 años hayan sido simplemente una anécdota o un estar a tono con la moda temática del mundillo evangélico. ¿Cómo librarnos de esa situación? A mi gusto, considerando que lo que comenzó un 31 de octubre de 1517 no debería terminar. Necesitamos la Reforma de la iglesia, siempre.

No se sabe si Lutero clavó o no las 95 tesis en la puerta de la capilla de la Universidad de Wittemberg. Es muy probable que haya utilizado pegamento, o simplemente usara otro mecanismo para comunicar sus ideas. Se sabe que nadie asistió a la “disputatio” (diálogo-discusión académico del medioevo) a la que estaba invitando para el 1 de noviembre, en el día de todos los santos. Lo relevante, es que estas 95 tesis que brotaron de la pluma privilegiada de Martín Lutero, se esparcieron, plantando la semilla del evangelio en muchos corazones. La semilla de la Reforma quedó establecida en estas tesis, una suerte de tweets del pasado, que capturaban fácilmente la atención e invitaban a la discusión. 

Lo dicho por Lutero sigue poseyendo una fuerza inmensa: “Cuando nuestro Señor y Maestro Jesucristo dijo: “Haced penitencia…”, ha querido decir que toda la vida de los creyentes fuera penitencia. […] Mera doctrina humana predican aquellos que aseveran que tan pronto suena la moneda que se echa en la caja, el alma sale volando. […] Cualquier cristiano verdadero, sea que esté vivo o muerto, tiene participación en todos lo bienes de Cristo y de la Iglesia; esta participación le ha sido concedida por Dios, aun sin cartas de indulgencias. […] Hay que instruir a los cristianos que aquel que socorre al pobre o ayuda al indigente, realiza una obra mayor que si comprase indulgencias. […] El verdadero tesoro de la iglesia es el sacrosanto evangelio de la gloria y de la gracia de Dios” (Tesis 1, 27, 37, 43 y 62). Estas tesis, y sobre todo, la 62 portan los ejes profundos de la Reforma Protestante, algo así como un fundamento, o una roca. Esto, no por el mérito de la mente brillante de Lutero, sino simplemente porque lo que se hizo fue volver a comunicar el dulce evangelio de Jesucristo. 

Es el evangelio, su voz potente y su luz que hace claro hasta el más tenebroso de los lugares. 

Es el evangelio el que permite estar, con Lutero y tantos otros, con la mente cautiva en la Palabra de Dios. 

Es ése evangelio el que permite descubrir toda la riqueza de la Sola Gracia, de la Sola Fe, del Sólo Cristo, de la Sola Escritura y del Sólo a Dios la Gloria. 

Es el evangelio el que permite descubrir el sacerdocio universal de los creyentes, valorar y amar la lectura bíblica pública y privada en nuestra lengua vernácula y esperar con ansia la predicación porque es la Biblia lo central de nuestro culto. 

Es el evangelio el que nos permite descubrir a una iglesia reformada siempre reformándose a la luz de la Palabra de Dios y creyendo que esa reforma, en tanto renovación, sólo es posible por la obra poderosa y vivificante del Espíritu Santo en nuestras vidas como en la comunidad. 

Es el evangelio el que nos permite descubrir y vivir nuestra verdadera libertad, eje olvidado de la Reforma o subsumido por otros, cuando para Lutero fue un tema preponderante: Cristo nos libró para amar y servir (eso lo tomó de la carta a los Gálatas, a la que él llamaba “mi Catalina” – nombre de su esposa-). 

Este evangelio es el que nos hace reconocer que todo lo que somos y esperamos llegar a ser lo debemos al Dios providente y sabio. 

Si celebramos la Reforma no podemos pensar en hacer tabula rasa de esa rica herencia, del descubrimiento de nuestro verdadero tesoro. Seguimos reformándonos (¡y somos reformados, insisto, por el Espíritu) pero con el gozo de que nuestros hermanos del ayer sentaron bases sólidas y no por sus capacidades y potencialidades, sino porque pudieron vislumbrar el evangelio de la gloria y la gracia de Dios. Por ello la tarea cotidiana, y no sólo de un 31 de octubre, es empaparnos del evangelio, el que como cantara Lutero, “muy firme permanece”.

Por todo esto, por la circunstancia histórica emergida en 1517 y el mensaje proclamado un día como hoy, quinientos años después, es que podemos decir: ¡Feliz día de la Reforma! Pero aún más, que la luz de la Reforma siga brillando en reformas cotidianas a la luz de la Escritura. Celebración y compromiso no son indisociables. Hay mucho por hacer. Y he ahí otro fruto de la Reforma: todo trabajo puede ser desarrollado para la gloria de Dios. 

Luis Pino Moyano.

* Reflexión en el Facebook de Refugio de Gracia, 31 de octubre de 2017.

La larga jornada de un pastor que sigue peleando la buena batalla de la fe.

Si bien es cierto, quienes nos preciamos de ser calvinistas no sentimos gusto por los homenajes públicos, puesto que nuestro centro está puesto en la gloria de Dios, en ningún caso atentamos contra ese modo de entender y vivir en el mundo cuando reconocemos la labor de un ministro del Señor. Esto, porque en primer lugar, seguimos glorificando al Señor por los dones manifestados en la iglesia para su edificación y alegría. Por otro lado, porque la Biblia nos manda con toda claridad a testimoniar respecto del trabajo de los hijos de Dios. La Escritura dice: “Pagad a todos lo que debéis: […] al que honra, honra” (Romanos 13:7); “Los ancianos que gobiernan bien, sean tenidos por dignos de doble honor, mayormente los que trabajan en predicar y enseñar” (1ª Timoteo 5:17); y “Acordaos de vuestros pastores, que os hablaron la palabra de Dios; considerad cuál haya sido el resultado de su conducta, e imitad su fe” (Hebreos 13:7). Si la Biblia es firme en enseñar esto, hacemos bien en honrar, acordarnos, reflexionar respecto de la caminata de la fe y, por supuesto, imitar lo bueno realizado, porque eso bueno, sin dudas, ha provenido del Señor. La última razón para hacerlo es de carácter personal: por razones de un trabajo de carácter sinodal, quien suscribe estas palabras no estará presente en este día tan importante para la 10ª Iglesia Presbiteriana de Santiago, por lo que en una actitud de agradecimiento a esta comunidad que me ha invitado a colaborar en su arduo y fiel trabajo en la misión de Dios, y por la honra de poder conocer al Pastor Manuel Covarrubias desde el año 2011, me parece sumamente relevante estar hoy por la vía de estas palabras, dando cuenta de la historia de un ministro que ha servido con tanta fidelidad al Dios de la vida y, en ese trabajo arduo, a la Iglesia Presbiteriana de Chile. 

Manuel Enrique Covarrubias Bravo, nació en Viña del Mar el 2 de febrero de 1937. Mientras estudiaba en el Colegio Alemán de Valparaíso, a la edad de 16 años, vivió su conversión. En sus propias palabras, señala que “pertenecía a una cultura católica, aunque en mi familia no íbamos a misa. Era un alumno desordenado, hasta que llegó a mis manos el Nuevo Testamento y lo leí en 20 días. Algo pasó, un suceso misterioso” [1]. Allí se sumó a la Iglesia Presbiteriana San Lucas, en Viña del Mar, comunidad eclesial en la que trabajó activamente con los jóvenes. En 1960, fue enviado a realizar su práctica pastoral a Chañaral, como Encargado de Obra, en una congregación que por mucho tiempo no tuvo dirección pastoral, marcada por una presencia joven, en la que de hecho recuerda idas al cine con parte importante de la comunidad. Al año siguiente, 1961, en las sesiones del Presbiterio de Chile, fue examinado para su ordenación pastoral, siendo aprobado para ello, acto que se realizó en Rancagua, lugar de su primer pastorado (1961-1964). Después de eso, fue pastor en San Fernando (1966-1967), Concepción -entre 1968 a 1998, lugar en el que deja una huella muy profunda (no por nada, una calle de El Cardal lleva su nombre)-, y como presidente de los Consistorios de las 1ª y 2ª Iglesia Presbiteriana de Chillán (1994 a 2006 y 1998 a 2007 respectivamente). En su estadía como pastor en Concepción, dio inicio a la Avanzada en Chiguayante, congregación que este 2018 fue organizada como iglesia. Desde el año 2008 al año 2015 es pastor en la 1ª Iglesia Presbiteriana de Santiago. Al finalizar dicha etapa, es llamado a ser Pastor Auxiliar de la 4ª Iglesia Presbiteriana de Santiago, siendo instalado en ella en marzo de 2016. En 2018, es invitado a presidir el H. Consistorio de la 10ª Iglesia Presbiteriana de Santiago “La Paz de Cristo”, en la que ha mostrado un compromiso ejemplar no sólo en la labor a la que se le llamó, sino dando mucho más. El sábado 29 de septiembre de 2018 la Asamblea Congregacional de esta iglesia le llama como Pastor Titular por cinco años, labor en la que el Rev. Manuel Covarrubias comienza a ejercer desde hoy, con este acto de instalación. A su vez, el Pastor Covarrubias fue Moderador del Sínodo de la Iglesia Presbiteriana de Chile entre los años 1983 y 2009. 

Su ministerio pastoral lo comenzó siendo soltero. Conoció a su esposa, la hermana Hilda Urbano en la ciudad de Huépil, con quien contrajo matrimonio el 8 de marzo de 1968. De dicho matrimonio, nacieron dos hijas, Paola y Cecilia, que junto a la hermana Hilda le han acompañado en esta larga jornada de arduo trabajo de servicio a Jesucristo y a su iglesia, con todo lo que ello implica. 

Su formación teológica la desarrolló entre 1957 a 1960 en Argentina, en la Facultad Evangélica de Buenos Aires (centro de formación que en 1969 a ser el ISEDET). Allí desarrolló los estudios de Teología, graduándose de Bachiller el 1 de diciembre de 1960. 

El Pastor Covarrubias se ha destacado como un ministro muy preocupado por las personas en su aspecto integral. Son muchos le recuerdan en sus visitas andando en su bicicleta en sus años mozos, y luego, llegando en otros medios, preocupado por la salud espiritual de la grey del Señor. Por supuesto, se le reconoce también en su preocupación por la predicación y la enseñanza, elocuente, pedagógico y vivaz.  Muchos recuerdan que siendo niños entendían sus sermones, porque siempre dedicó espacios de éste para educarles, como también en el momento de la cena del Señor. ¡Quién no entiende a cabalidad la naturaleza de este sacramento luego de escucharle su ministración! Para qué hablar de su profundo conocimiento en la historia eclesiástica, área en la que ha educado a tantos de nosotros en la conversación informal, en la educación de las iglesias a las que ha servido, y en el Seminario Teológico Presbiteriano como profesor en dicha área. Dicha casa de estudios le reconoció con la Licenciatura Honoris Causa en Teología el año 2011, cuando cumplió cincuenta años de ministerio pastoral. 

El Pastor Covarrubias ha servido incansablemente en tantas áreas de la vida de la iglesia, tanto que a modo anecdótico, en los retiros de jóvenes hablamos del “Pastor Covarrubias Style”, cuando quienes somos líderes equipados con nuestras linternas hacemos una ronda por la Granja Presbiteriana antes de irnos a acostar con la tranquilidad de que todos están su debido lugar. Ese estilo, refleja el cuidado integral de quienes formamos parte de la iglesia, y que denota una cuestión mucho más profunda: estamos en presencia de un hombre honesto, que da seguridad a la hora de hablar con él, leal y firme en sus convicciones, y que siempre ha procurado el consenso en el acuerdo, cosa que tanto destaca a nuestro sistema presbiteriano. No por nada, a pesar de divergir en muchas consideraciones con el Reverendo Horacio González, que sin dudas es uno de los actores más relevantes del presbiterianismo chileno del siglo XX, fue uno de sus principales colaboradores a la hora de solidificar a la iglesia que se independiza de la misión estadounidense en 1964, lo que releva el respeto profundo a la libertad de conciencia, que debemos procurar entender bien y practicar a la luz de nuestra confesionalidad en el presente. De hecho, a tanto se manifestó ese respeto mutuo, que según algunos testimonios el Pastor González le habría referido como “lo mejor del presbiterianismo chileno” [2].  

No se puede dejar de mencionar un aspecto demasiado relevante: el servicio a la iglesia de Jesucristo del Pastor Covarrubias, también se extendió al trabajo interdenominacional. Si bien es cierto, se podría mencionar su labor en la Sociedad Bíblica Chilena, en el Concilio de Iglesias Históricas, y en el presente, en la Mesa Ampliada, en la que ha colaborado como Vicepresidente y Director, sin lugar a dudas, una de las tareas primordiales la llevó a cabo en el Consejo de Organizaciones Evangélicas, COE, instancia interdenominacional creada con la finalidad de obtener la llamada Ley de Libertad de Cultos, que daba un estatuto de igualdad ante el Estado chileno respecto de la iglesia mayoritaria. En ese espacio, el Pastor Manuel Covarrubias colaboró con el establecimiento de la filosofía del proyecto de ley, y en la negociación con los parlamentarios en el Congreso Nacional. Testimoniando respecto de ese trabajo dijo: “Es necesario considerar que con la recuperación de la democracia, el gobierno se encuentra con una masa evangélica que no la puede ignorar. En ese sentido entonces, no nos regalaron esta ley y si hubo en algún momento alguna intención de querer usarnos no les resultó, porque nosotros insistimos en las posiciones de igualdad de la ley. […] como evangélicos debemos tener cuidado en no prestarnos para ser instrumento y que nos utilicen como pretexto para ensuciar la esencia de la ley” [3]. Este aspecto del ministerio del Pastor Covarrubias, que muestra la firmeza en las convicciones y el cuidado frente a la instrumentalización política del mundo evangélico, es refrendado por otro participante del COE, el pastor e historiador Juan Wherli, quien señaló que “el cerebro, la tenacidad para no ceder, cuando la tentación era grande, a las presiones de todo tipo, fue obra de la Iglesia Presbiteriana, y particularmente de la Iglesia Presbiteriana de Chile, a través de su moderador, el hermano Manuel Covarrubias Bravo, que cuando muchos querían decir ‘-Bueno, ya, conformémonos con el 80%, con el 90%, él, y otros que le seguimos en esto, [decía] ‘No, o el 100 o nada. Todo o nada. No estamos pidiendo, ningún regalo, ninguna dádiva. Estamos exigiendo que se nos reconozca lo que nos hemos ganado y conquistado en este país, y lo que la Constitución nos asegura’. Si no, hace mucho tiempo algunos habrían aceptado cualquier migaja. Pero esa tenacidad, ese concepto de los principios […] es parte de la genialidad presbiteriana” [4]. Muy probablemente, por la sencillez a la hora de compartir con todos, y por tenerlo aún muy presente en la cotidianidad de la Iglesia Presbiteriana de Chile, no asumamos aún con conciencia que estamos frente a uno de los actores más importantes de la historia de las iglesias evangélicas en nuestro país. Y glorificado sea Dios por ello. 

Y porque todo esto, es parte de la historia de la misión de Dios y su extensión en Chile, y teniendo en cuenta que el Pastor Covarrubias viene a ser algo así como una bisagra entre la vieja escuela, esa marcada por “El sentido presbiteriano de la vida”, tan llena de ética calvinista y de aquello antaño llamaban “cultura general”, con esta generación más reciente, impulsada por la proclamación del evangelio y la extensión del Reino de Dios, cerramos con sus palabras en el Servicio de Acción de Gracias el año 2017, cuando sintetiza el fundamento de la vida cristiana diciendo que: “Como evangélicos y fundados en las Sagradas Escrituras, por cierto tenemos que respetar el derecho de cada persona, y defender la libertad de conciencia, porque viviendo en una sociedad plural también reclamamos el derecho a que nosotros podamos decir y pensar libremente fundados en las Sagradas Escrituras. […] La invitación, cuando estamos celebrando el aniversario patrio, es a que el pueblo chileno, cada persona, desde el que no tiene ilustración al que tiene mayor ilustración, sepa que solamente en Cristo Jesús está el fundamento para una vida de justicia, de verdad y de amor” [5].

Gracias Pastor Manuel Covarrubias por enseñarnos el evangelio. Que el Señor le siga usando por muchos años más, para su gloria y la alegría del pueblo de Dios. 

Luis Pino Moyano.

Santiago, 19 de octubre de 2018. 

* Escrito en ocasión de la instalación del Rev. Manuel Covarrubias como Pastor Titular de la 10ª Iglesia Presbiteriana de Santiago “La Paz de Cristo”, realizada el sábado 20 de octubre de 2018. Este artículo biográfico es el paso inicial a uno más profundo, y en otro soporte, que esperamos concretar antes del fin de este año. Para éste, se ha tenido en cuenta, además de las fuentes citadas expresamente, conversaciones con el Pr. Manuel Covarrubias, testimonios de otros hermanos, además de los siguientes documentos: “Entrevista com Manuel Covarrubias”. En: Revista Ultimato. Julio-Agosto de 2004. Publicada en: http://www.ultimato.com.br/revista/artigos/289/entrevista-com-manuel-covarrubias (revisada en octubre de 2018); y “IPCH celebra 50 años de pastorado del Reverendo Manuel Covarrubias”. En: Boletín IPCH. Departamento de Comunicaciones de la Iglesia Presbiteriana de Chile. Nº 3, Diciembre de 2011. Agradezco a sus hijas, Paola Covarrubias y a Cecilia Covarrubias, por ayudarme a precisar algunos datos y con material valioso.

[1] Luis Miranda y Marcela Escobar. “Los hombres detrás del poder evangélico”. En: Revista Sábado (suplemento de el diario El Mercurio). Nº 481, Santiago, 8 de diciembre de 2007, p. 18. 

[2] Resulta recomendable acá, ver la ponencia del Rev. Jonathan Muñoz, titulada “La primera crisis del Sínodo Presbiteriano y los orígenes de la IEPCH”, disponible en: http://youtu.be/b7q6MStuFfo (revisada en octubre de 2018).

[3] Alejandra Riveros. “Por una mayor igualdad”. En: http://www.creas.org/recursos/archivosdoc/entramado/07-02/mayorigualdad.pdf (revisada en octubre de 2018).

[4] “Parte 2: ‘Protestantismo y Presbiterianismo en Chile’ (Conferencia), Rev. Juan Wehrli”. En: http://youtu.be/CvOPm7hEYgM (revisada en octubre de 2018). 

[5] “Servicio de Acción de Gracias 2017”. En: http://youtu.be/WVwf-SLf548 (revisada en octubre de 2018).

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