“Apoyemos al compañero, pase lo que pase”.

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“Gracias muchachos, me saco el sombrero ante todos. Peleamos, sufrimos, corrimos, dejamos todo adentro. No se dio, es verdad, no se dio, pero ahora tranquilidad muchachos. No vamos a perder […], lo vamos a ganar. Tenemos experiencia de sobra. Apoyemos al compañero, pase lo que pase, ¡nos vamos con la cabeza en alto!”.

La arenga del capitán de la selección chilena de fútbol Claudio Bravo, previa al lanzamiento de penales en la semifinal de la Copa Confederaciones 2017 tuvo tintes magistrales y conmovedores. Magistral y conmovedor como los penales de Vidal, Charles Mariano y Alexis, junto a las tres tapadas del portero compatriota. Se apoyaron y se fueron con la cabeza en alto. Y esperamos, que este domingo, se vayan con la copa en sus manos, para alegría de hombres y mujeres de esta tierra.

¿Pero qué tiene que ver esta cita y el párrafo inicial con el boletín del mes de nuestra iglesia? ¡Mucho! La fuerza magistral y conmovedora de la arenga de Bravo tiene la fuerza provocativa (en sentido positivo, digámoslo), de llevarnos a recordar principios que a veces distan de nuestra práctica. El apoyo a los compañeros debe realizarse pase lo que pase. La oración gramatical es demasiado rica y profunda. La palabra compañero apela a uno que comparte el pan con un otro, que trabaja comunitariamente y puja codo codo por una bella realidad, que se compromete vital y activamente por ese que camina junto a él o ella. La palabra bien cabe en el cristianismo para ser aplicada ya sea en la prisión (Romanos 6:17), en las aflicciones (2ª Corintios 1:7), en la peregrinación (8:19), en el trabajo colaborativo (8:23; Filipenses 2:25), en la fidelidad necesaria (4:3) y en el combate de la fe como “compañeros de milicia” (Filemón 2). Todos los textos citados invitan a huir de las relaciones asépticas (esas que nunca se suben las mangas y se ensucian las manos) y de la falsa ideología del sistema mundano que nos dice que “nunca hay que meter las manos al fuego por nadie”. Eso es falso para el cristianismo, toda vez que el amor que se nos demanda es uno sacrificial. El apoyo al compañero, pase lo que pase, no tiene que ver con las consecuencias de las decisiones y actos. No nos perdamos. El apoyo es diferenciado según la necesidad de cada cual: celebración, colaboración, ánimo, consejo, consuelo, asistencia, enseñanza, exhortación y disciplina. Todo eso forma parte del pastoreo mutuo de creyentes que se entienden desde su “sacerdocio universal”.

Insistamos en esto: antes de tapar tres penales de manera consecutiva, y de que sus compañeros hicieran lo suyo convirtiendo los goles para la victoria, la frase es magistral y conmovedora, porque el pase lo que pase nos invita a amar y luchar hasta las últimas consecuencias. Ese amor que apoya pase lo que pase es el mostrado por el apóstol Pablo cuando dijo: “El amor es paciente, es bondadoso. El amor no es envidioso ni jactancioso ni orgulloso. No se comporta con rudeza, no es egoísta, no se enoja fácilmente, no guarda rencor. El amor no se deleita en la maldad, sino que se regocija con la verdad. Todo lo disculpa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta” (1ª Corintios 13:4-7). ¿Sabes lo que me pasa cuando veo esta “coincidencia de contenido? Dos cosas: a) ganas de glorificar al Dios de la vida que con su gracia común sostiene el mundo para que no sea tan malo como podría ser, dando dones, capacidades e inteligencia a todas sus criaturas; y b) en cierto sentido, dolor y desafío, puesto que muchas veces no hemos aprendido a vivir así aún en la iglesia de Cristo, a pesar de haber sido comprados y redimidos con la misma sangre del Redentor, siendo hermanados por ello, y contando con la ayuda del Espíritu Santo que da vida a la iglesia. “Apoyemos al hermano, pase lo que pase”, debiera ser la realidad constante de nuestras comunidades, no olvidando lo que apuntara hace unos años el pastor presbiteriano Eugene Peterson: “Uno de los cambios inmediatos que produce el evangelio es gramatical: nosotros en vez de yo, nuestro en vez de mío, para nosotros, en vez de para mí mismo”.

Luis Pino Moyano.

* Compartida en el boletín de la Iglesia Refugio de Gracia, julio de 2017.

La importancia de congregarse.

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Mientras viajo en el metro rumbo al seminario o de vuelta a casa, aprovecho de leer. En este tiempo estoy leyendo “Mero cristianismo” de C. S. Lewis, al que algunos conocen más por “Las crónicas de Narnia”. En medio de la lectura, me encontré con esta joya:

“El cristianismo es la historia de cómo llegó aquí el verdadero rey, disfrazado, si queréis, y nos convocó a todos para tomar parte en una gran campaña de sabotaje. Cuando acudís a la iglesia estáis escuchando la secreta telegrafía de nuestros amigos; precisamente por eso el enemigo está tan ansioso por impedirnos acudir. Lo hace aprovechándose de nuestra vanidad, de nuestra pereza y de nuestro esnobismo intelectual”.

Es esa lectura la que me invita a reflexionar, muy brevemente, sobre la importancia de congregarse. A partir de la lectura de Lewis podemos decir que es fundamental congregarse. Es en la reunión del pueblo de Dios donde escuchamos el mensaje de nuestro Rey y Señor, de su salvación y de la certeza y esperanza de su triunfo “ya, pero todavía no”. Es el momento en que mediados por la lectura de la Palabra, de la Revelación de Dios, que nos acercamos a adorarle, y en la adoración a conocerle.

Por ello, no es menor lo que Lewis también señala. No es menor no querer congregarse. Es parte del trabajo de Satanás darte muy buenas razones para dejar de hacerlo. Y sí, también pienso en la casuística de la enfermedad o del trabajo en turnos, pero aún en esas situaciones debe haber tristeza por no poder congregarse y buscar mecanismos para hacerlo en el futuro. ¿Qué te lleva a dejar de reunirte en adoración al Dios de la vida junto al pueblo de Dios en el día que el Señor separó para ello? ¿Es la “vanidad” que te hace creer autosuficiente, llevándote a pensar sólo en cosas que perecen? ¿Es la “pereza” que te hace pensar que si no descansas el domingo no podrás andar bien en la semana, olvidando que tu verdadero descanso está en Cristo? ¿O es el “esnobismo intelectual” que te lleva a pensar que escuchando a los mismos predicadores nunca aprenderás nada “nuevo” olvidando que el evangelio es una “vieja” buena noticia? Sea la razón que sea, debes tirarlas al tacho de la basura y retomar la disciplina de congregarte.

No olvides nunca el salmo 133, pensando en los versículos 1 y 3: “¡Cuán bueno y cuán agradable es que los hermanos convivan en armonía” […] Donde se da esa armonía, el SEÑOR concede bendición y vida eterna”. Es en la reunión de los redimidos donde puedes vivir la bendición del Dios que te salvó. No hay otro lugar mejor en esta tierra. ¡No dejes de congregarte!

Luis Pino Moyano.

Compartida en el boletín de la Iglesia Refugio de Gracia, junio de 2016.

Dos preguntas cruciales para la misión.

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“Sucedió que a eso del mediodía, cuando me acercaba a Damasco, una intensa luz del cielo relampagueó de repente a mi alrededor. Caí al suelo y oí una voz que me decía: ‘Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?’ ‘¿Quién eres, Señor?’, pregunté. ‘Yo soy Jesús de Nazaret, a quien tú persigues’, me contestó él. Los que me acompañaban vieron la luz, pero no percibieron la voz del que me hablaba. ‘¿Qué debo hacer, Señor?’, le pregunté. ‘Levántate —dijo el Señor—, y entra en Damasco. Allí se te dirá todo lo que se ha dispuesto que hagas’” (Hechos 22:6-10, el destacado es nuestro).

Estamos frente al testimonio de un hecho más que inesperado. Un perseguidor de cristianos, celoso fariseo, formado por uno de los maestros más importantes de la época, Gamaliel; un hombre que asolaba los lugares en los que se reunían nuestros primeros hermanos y no dudaba en consentir con la muerte de ellos, que iba a la ciudad de Damasco con esa finalidad, nos cuenta su experiencia de conversión: cuando nadaba contra la corriente del evangelio de la gracia fue alcanzado por Jesucristo quien salió a su camino. El perseguidor de la fe, se transformaría en uno de sus más importantes maestros (sus cartas son prueba de ello) y, sin lugar a dudas, uno de sus más fervorosos misioneros de la historia. La gracia es irresistible, al nivel de que ni el peor enemigo de Dios puede sostenerse ante ella.

Las preguntas que hace Pablo son cruciales para la misión, por ende, debiesen ser hechas hoy, también, por nosotros: “¿Quién eres, Señor?” y “¿qué debo hacer, Señor?”. Pensemos en las preguntas por un instante.

Quisiera comenzar señalando un elemento común de las dos preguntas. Pablo sabe que su destinatario es el Señor. Cuando un judío hablaba del Señor, estaba refiriendo a Dios. Adonai, la expresión hebrea, era el apelativo con el que se sustituía el nombre sagrado de Dios, impronunciable por el temor a Él (YHWH, traducido como Jehová o Yahvé). En el contexto del imperio romano, se trataba, a su vez, de una declaración subversiva, pues Señor era el titulo que se le daba al César, el emperador. De hecho, “Jesucristo es el Señor” es la primera y más importante “confesión de fe” del cristianismo primitivo. Pablo no estaba al tanto de todo lo que tenía que ver con la identidad de Jesús, pero ya sabía que era el Señor, por eso no obsta en llamarlo así.

“¿Quién eres, Señor?”. Realiza esa pregunta, y hazla personal: ¿quién es para ti Jescucristo? ¿Es sólo un “maestro bueno”, el “carpintero de Galilea”, un “incomprendido” de su época, o el Señor sobre todo, y por ende, el dueño de tu vida? Cristo, el Señor, también salió a tu encuentro y te abrazó cuando no valías nada. Cuando decimos que Cristo es nuestro Señor estamos declarando que Él y sólo Él es rey, y que como parte de su reino debemos vivir de acuerdo a su alto llamamiento. Cristo, que es Señor, nos transforma en todo, integralmente.

La transformación realizada por Cristo nos lleva a preguntar también: “¿Qué debo hacer, Señor?”. Pablo recibiría la respuesta de parte de Ananías (vv. 14-15). El Señor le llamaba a ser un “testigo”, un “mártir” en términos literales, alguien que porta un testimonio y puede llegar a la muerte, porque dicho mensaje exige radicalidad en la vida. Nosotros también hemos sido llamados a ser testigos: personas que comunican el mensaje del evangelio a quienes nos rodean, como también, creyentes que expandimos el reino de Dios en cada área de nuestra vida. Todos los lugares en los que nos movemos son “campo de misión”. Lee tu Biblia cada día en oración, y realiza siempre la pregunta “¿Qué debo hacer, Señor”, y Él que es rico en misericordia, responderá a tu plegaria, estableciendo su agenda para ti, y enderezando los caminos por los que debes andar. Su voluntad es perfecta, acógete a ella.

Dos preguntas que día a día debemos hacer, procurando su respuesta. No llevaremos a cabo de manera correcta la misión sin esas certezas.

Luis Pino Moyano.

(Compartida en el boletín de la Iglesia Refugio de Gracia, noviembre de 2016).

Retiro “Sacerdotes: ¿Cuál es mi lugar en el Reino de Dios?”.

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Durante los días 18 al 21 de enero de 2018, en la Granja Presbiteriana de El Tabo, se llevó a cabo el Retiro Presbiterial de Jóvenes, este año bajo la temática “Sacerdotes: ¿Cuál es mi lugar en el Reino de Dios?”. La idea del mismo fue abordar la doctrina del sacerdocio universal de los creyentes, y cómo esta conceptualización se puede aterrizar al quehacer de cada hijo de Dios en el mundo, aunque en esta ocasión quisimos apuntar sobre todo al desarrollo de trabajos en la iglesia: discipulado (expuso el Pr. Caleb Fernández), evangelismo (expuso el Pr. Carlos Muñoz), vocaciones (expuso el Pr. Jonathan Muñoz) y liderazgo (expuso el Pr. Vladimir Pacheco). Compartió con nosotros, también, el moderador del Sínodo de la Iglesia Presbiteriana de Chile, Pr. Daniel Vásquez, una exposición titulada “Desafíos de la IPCH para la juventud”.

En esta ocasión, el tercer retiro de jóvenes en el que participo, me tocó compartir el tema introductorio a la doctrina del sacerdocio universal, además de un taller de diaconado junto a mi esposa Mónica. De hecho, esta es la primera vez en la que participo de un retiro presbiterial junto a toda mi familia, lo que le dio un significado muy especial a esta instancia.

Comparto acá las diapositivas de mi exposición, como también los apuntes que guiaron la conversación en el taller de diaconado, los que pueden ser de utilidad. Es más, dicho taller de diaconado se ha proyectado en el tiempo, ya que estamos preparando en conjunto una feria de servicios en la comuna de Puente Alto para el mes de mayo de este año, y anhelamos también que trascienda a dicho momento. Si te quieres sumar, puedes hacerlo.

¿Qué es el sacerdocio universal? (Diapositivas de la exposición introductoria).

Taller de diaconado (Apuntes que guiaron la conversación).

También les comparto algunas fotos de la actividad:

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Un abrazo, Luis.

Despedida de Refugio de Gracia.

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Dios ha sido bueno y fiel. A los 18 años de edad, siendo un joven pentecostal, sentí una fuerte convicción del llamado que Dios me estaba haciendo para trabajar en el ministerio pastoral. Hoy a mis 35 años, viendo la historia para atrás, puedo notar la alegría de que Dios ha escrito recto sobre mis líneas torcidas. Ha sido Él quien me ha sostenido y me permite la esperanza de la siembra entre lágrimas.

Agradezco a Dios por estos dos años de trabajo en esta comunidad, la Iglesia Refugio de Gracia, una comunidad a la que amé desde antes de venir a trabajar y ser parte en ella. La realidad de una iglesia dañada y que necesitaba de una mano, sumada a la convicción de que un hijo siempre tiene que ayudar a su madre, fueron las cosas que Dios ocupó para aceptar la invitación de la 5ª Iglesia Presbiteriana de Santiago para servir en esta comunidad. Fue eso, el amor a hermanos que necesitaban de sanidad y restauración lo que me movió a estar con ustedes. Soy consciente de mis errores, desaciertos, fallas de carácter. No soy un modelo terminado en el ministerio, porque aún estoy en el camino de la preparación para él. Y si Dios me ocupó para servir entre ustedes, Dios también les ocupó a ustedes en su escuela, en la mejor escuela de preparación para el servicio de predicar y servir a la comunidad.

Agradezco a quienes trabajaron conmigo en el Equipo Pastoral, a quienes desempeñaron funciones en el diaconado, en la escuela dominical para adultos y niños, en la liturgia, en la comida y el café. Agradezco a quienes abrieron las puertas de su casa, para compartir la mesa, la conversación, la enseñanza y la oración. Agradezco a quienes me dieron su amistad, como también a quienes manifestaron gestos de preocupación que fueron, y son significativos.

Agradezco a la 5ª Iglesia Presbiteriana de Santiago por invitarme a servir, por ser responsables en el cuidado y el servicio en la misión que es de Dios. Doy fe del arduo trabajo que realizan. Agradezco al Pr. David Vilches, por todas las conversaciones que tuvimos en este tiempo y por el cariño sincero que sentí de su parte. Gracias pastor.

No está acá, pero quisiera dejar constancia de mi agradecimiento a mi tutor eclesiástico, el Pr. Vladimir Pacheco, por acompañarme en este proceso, por ayudarme a aterrizar mis sueños, por escucharme cuando lo necesité, por orar por mi, y por exhortarme cuando fue necesario.

Y, por supuesto, y con todo mi amor, agradezco a Mónica mi esposa amada, por estar conmigo en las buenas y en las malas, por pegarme el empujón cuando no hay fuerzas, por su abrazo tan necesario. A mis hijos Miguel y Sophía por amarme y acompañar a su papá, añorando a sus amigos, y disfrutando a los de hoy en Refugio, junto con la alegría de permitirme vivir con ellos y disfrutarlos a concho. Les pido perdón si por mi trabajo obsesivo en algún momento les descuidé. Y nuevamente les agradezco por enseñarme con paciencia lo que debo priorizar, más allá de los discursos políticamente correctos.

Y sí, ha llegado el fin de un proceso. Me voy con dos convicciones. Respecto de mí, me voy con la convicción de lo dicho por Pablo a los presbíteros de Éfeso en su despedida: “Sin embargo, considero que mi vida carece de valor para mí mismo, con tal de que termine mi carrera y lleve a cabo el servicio que me ha encomendado el Señor Jesús, que es el de dar testimonio del evangelio de la gracia de Dios” (Hechos 20:24). Y respecto de ustedes, amada Iglesia Refugio de Gracia, la convicción de lo dicho por el mismo apóstol: “Estoy convencido de esto: el que comenzó tan buena obra en ustedes la irá perfeccionando hasta el día de Cristo Jesús” (Filipenses 1:6). Él es fiel. Vivimos en la historia que Él ha trazado de principio a fin. Por eso vivamos y trabajemos con esperanza.

Hoy como ayer, y a pesar de mi mismo, Soli Deo Gloria.

Luis Pino Moyano.

Maipú, 28 de enero de 2018.

 

(Después de leerlo, sugiero escuches la canción de Santiago Benavides “Gracias por Pedro”).

Metanoia, secularización y el devenir de Chile.

* Publicado originalmente en Metanoia, en dos partes.

Primera parte. Segunda Parte

Desde el año 2015 he tenido el privilegio-y-deber de trabajar como asesor de los jóvenes del Presbiterio Centro de la Iglesia Presbiteriana de Chile. En el marco de dicho trabajo, y en la lectura de la realidad de la juventud de nuestra iglesia, surgió la idea de trabajar con este concepto: “Metanoia”. Cuando lo hicimos, tuvimos en mente la fuerza de esta palabra griega, que tuvo como origen una orden militar, muy parecida al contemporáneo “¡media vuelta, mar…!”, que, probablemente, hemos escuchado en más de una ocasión. Ahora bien, quisimos relevar no sólo su uso ligado al arrepentimiento, sino por sobre todo, la idea de la transformación de la mente, del corazón y de las emociones realizada en nosotros por el Espíritu Santo, que se fundamenta y se solidifica día tras día en una lectura atenta de la Palabra de Dios.

Fue esto lo que nos llevó a poner un énfasis en la formación cosmovisional, siempre aterrizándola a la práctica cotidiana de la misión en todo lugar donde nos toca estar, con la idea reformada de vivir para la gloria de Dios. Ha sido eso, lo que nos ha llevado a leer[1] y conversar sobre cosmovisión, y luego generar un esfuerzo, ayudado por la gentileza de pastores y hermanos que nos han acompañado en nuestras actividades desde sus áreas de experticia, aterrizando dicha mirada a la situación posmoderna, a la sexualidad, a la cultura, a la política y la justicia social, al arte, a la vida saludable, a la práctica de la piedad producto de la reforma que el Espíritu Santo ha hecho en nosotros, y a la centralidad que tiene el Reino de Dios en nuestra agenda. Pronto estaremos en Recoleta viendo cómo la Reforma Protestante, en el marco de los 500 años de la protesta de Lutero, tuvo una relación con los procesos migratorios, y cómo tuvo y sigue teniendo un mensaje respecto de nuestra relación con el extranjero que vive en nuestra tierra.

La formación cosmovisional que pensamos tuvo en su origen un alcance reactivo respecto de la realidad, producto de la constatación del alto grado de acceso a otras cosmovisiones por medio de escuelas, universidades, medios de comunicación de masas y alternativos-virtuales, lecturas, junto con expresiones múltiples de arte. Pero no podía quedarse en pura reacción, porque la idea no era construir ghettos virtuosos que se configuran en la ciudad pero que viven fuera de ella. Y allí está el componente propositivo. La idea es vivir en la ciudad con una mente transformada, lo que nos permite leer, disfrutar, dialogar y discutir con todas las expresiones que están en derredor. Y eso, sólo puede ser posible porque Cristo es el Señor por sobre todo y porque su Palabra, única y suficiente regla de fe y práctica, la que es leída siempre en comunidad (¡por eso la Confesión de Fe!), como fundamento. Y eso es más que una declaración teológica: es principio de vida. He ahí el énfasis cosmovisional: todo lo que acontece en la historia trazada de principio a fin por el Dios vivo y real, lo que sucede a nuestro alrededor, inclusive lo que nosotros hacemos en nuestra intimidad, puede ser conocido y comprendido por medio del cristianismo. El cristianismo, como “verdad total”, nos permite ver el sentido de la historia y dar significado a la realidad[2]. Por ende, para saber qué cosas e ideas podemos (¡y debemos!) asumir, modificar y rechazar necesitamos de una profunda y sólida cosmovisión cristiana. ¡Ora y trabaja!, el viejo lema debe ser revivido en nuestra cotidianidad.

Viendo nuestra realidad y conversando acerca de ella en nuestro contexto eclesial, cada vez más emerge en las voces el concepto secularización, o el adjetivo “secularizado”. La palabra etimológicamente alude a lo relacionado con el siglo. Ahora bien, filosóficamente la idea apunta a un proceso propio de la modernidad que releva el progresivo desgajamiento o desapego de los motivos religiosos a la hora de comprender la realidad natural y social.

Aquí se debe señalar que en la lectura fatalista de la historia que hacen los “progresistas” de hoy, este proceso no tendría vuelta y debe derivar, en su versión moderada, en el desplazamiento del discurso religioso al espacio privado, o en el discurso más radical, a la eliminación de la religión de la sociedad. Dicha lectura yerra el blanco cuando piensa y cree que en la modernidad inmediatamente se habría producido “la muerte de Dios” (según lo planteado metafóricamente por Nietzsche) o la crítica de la “religión opio” (según lo señalado por Marx, simbólicamente también), cuando en Europa tenemos entre Galileo y Hegel a pensadores que adscribían, también, a la dotación de inteligibilidad del relato religioso, siendo algunos de ellos creyentes. Evidentemente, el obstáculo lo puso el cientificismo naturalista con su estatuto de la verdad. Pero dicha forma de entender y hacer la ciencia, de manera posterior a la Segunda Guerra Mundial y hasta la actualidad, tiene un férreo cuestionamiento, sobre todo cuando parte importante de los cultores de las ciencias de la naturaleza y de la sociedad han aceptado la idea de que “quien mide modifica lo medido”. El filtro cosmovisional es relevante a la hora de mirar la realidad, y podría considerarse un acto deshonesto no reconocer ni explicitar dicho punto de mira.

En Chile, el proceso de secularización, quizá por ripios coloniales, ha tenido en la larga duración su disputa en el ámbito legal. Y aquí debemos poner atención a esto: la pulsión chilena por el orden y lo legal no discrimina entre conservadores y progresistas, pues como diría María Rosaria Stabili hay un “‘pequeño Portalesque vive dentro de cada chileno[3]. Tanto así, que esto también alcanza a nuestra mirada desde la religión[4]. El proceso de secularización del país ha estado ligado desde sus inicios a la libertad de culto. No por nada Francisco Bilbao, filósofo chileno de mediados del siglo diecinueve, en un texto que en su época le valió de ser acusado de “sedicioso, blasfemo e inmoral”, señalara con toda claridad que: “El individuo como hombre en jeneral [sic] pide la libertad del pensamiento, de donde nace la libertad de culto”[5]. Para Bilbao, Dios no es reaccionario ni impide el conocimiento racional, como el catolicismo romano, la religión oficial del estado según la Constitución de 1833, que excluía el ejercicio público de cualquiera otra religión.

A eso se fue a lo que se sumó de manera táctica David Trumbull cuando pujó por la separación de la iglesia y el estado, teniendo en su horizonte de expectativas lo siguiente:

“Aún aquí en las repúblicas Sud-americanas hay síntomas que indican semejantes tendencias de romper con las tradiciones erróneas del pasado, de emplear la razón y de escudriñar las escrituras. Esparcidos rayos de luz indican, esperanzadamente, la proximidad del alba aún en Chile. El sol de justicia de Dios está trepando las cimas de los Andes, y creemos que no estará distante el día de la regeneración religiosa de la nación chilena. Cuando el clero del país dirija sus miradas al cielo y no a Roma; cuando estas iglesias descansen sobre Jesucristo, la Piedra viva, verdadera y divina, y no sobre concilios ambiciosos y sectarios; y cuando el pueblo chileno lea y estudie la Biblia para conocer y obedecer la revelada verdad de Dios en Cristo; entonces se verá una reformación, saludable y permanente en el sentido del verdadero cristianismo”[6].

La esperanza de Trumbull no fue cumplida en 1865 cuando se promulgó una ley interpretativa del artículo 5 de la Constitución del ’33. Tampoco en 1925 cuando el estado se separó de la iglesia en el documento constitucional, lo que fue ampliamente celebrado por el mundo protestante. Tampoco se cumplió en 1970 con el primer Te Deum ecuménico celebrado en el país, ni en 1975 con el primer Te Deum evangélico, ni en 1999 con la mal llamada “ley de culto”, ni mucho menos en 2005 con la institución del “Día nacional de las Iglesias Cristianas Evangélicas y Protestantes”. La esperanza de Trumbull no se reducía a lo legal, por lo que su alianza con liberales, masones y radicales de la época era táctica, y no estratégica, por ende, su carácter no era permanente en el tiempo. La esperanza de Trumbull estaba en Jesucristo y en el avance de la misión sostenida por el Señor hasta el fin, lo que hacía que la proclamación del evangelio siempre cumpla su finalidad.

Y es aquí donde la secularización se liga con la cosmovisión en el devenir de Chile (esto no es un capítulo de Los Simpsons, que empieza con un tema y termina con otro). El proceso inconcluso de secularización en el país, que no ha logrado derribar el discurso religioso ni su trama comunitaria, nos reporta una serie de desafíos que presento a continuación:

a. El proceso de secularización que sigue viviendo Chile nos reporta cuál es nuestra batalla principal en el presente. Y sí, está bien que invirtamos energías contra la teología liberal y sus múltiples variaciones modernas y posmodernas. Es excelente que luchemos contra la agenda “progre” que quiere instalar en el país el aborto libre, el matrimonio homosexual y la adopción homoparental. Es necesario que luchemos contraculturalmente con las diversas teorías de género. Pero esos no son nuestros enemigos primordiales hoy. De hecho, en algunas de estas luchas, y quizá en todas (a sabiendas que predecir en ciencias sociales es más que algo riesgoso), dichas batallas estén potencialmente perdidas.

Pero si nos enfocamos en dichas batallas, y probablemente ganemos alguna, luego de la celebración termináremos dándonos cuenta que hemos perdido más de lo que ganamos. Dicho elegantemente, habremos conquistado una victoria pírrica[7]. La batalla principal que debemos dar tiene que ver, una vez más, pero en una situación distinta, con la presencia de lo religioso en el espacio público. Y, aguzando más la mirada, no sólo tiene que ver con el significado correcto de un estado laico que presupone la libre circulación de ideas mientras estas no violenten o pongan en tensión el estado de derecho, ni sólo en las implicancias de su correcta aplicación, sino por sobre todo en el ejercicio del poder. La lucha de hoy tiene que ver fundamentalmente con quien ejerce el suficiente poder como para hegemonizar la sociedad y convertir en sentido común sus ideas en el presente. Mucha razón tuvo Foucault cuando invirtió la máxima de Carl von Clausewitz, llegando a decir que “la política es la continuación de la guerra por otros medios” (¡nada más que gracia común!).

b. El proceso de secularización que sigue viviendo Chile cuando releva nuestra batalla principal, y teniendo la Biblia como fundamento, nos reporta cuál es nuestro enemigo principal en el presente. Nuestro mayor enemigo de hoy es (¡y sigue siendo!) el dualismo pecaminoso que nos lleva a un amor desordenado. El profeta Jeremías señaló: “Son dos los males en que ha incurrido mi pueblo: Me han dejado a mí, que soy fuente de agua viva, y han cavado sus propias cisternas, ¡tan agrietadas que no retienen el agua!” (Jeremías 2:13, RVC). Cavamos cisternas agrietadas cuando “necesitamos” recurrir a discursos prestados, foráneos al cristianismo bíblico, para fundamentar nuestras acciones en el mundo. Cavamos cisternas agrietadas cuando asumimos paquetes ideológicos completos que obnubilan nuestra mirada de lo que dice la Biblia, leyendo la Biblia con los ojos de cualquier hombre o mujer y sus ideas pecaminosas y no con los ojos de Cristo. Cavamos cisternas agrietadas cuando pensamos que hablar de moral es venderse a la derecha, y que cuando hablamos de justicia social es venderse a la izquierda, cuando en realidad ambas cosas las podemos extraer de la Biblia, y en ocasiones, como en el caso de Amós 2:6,7 les encontramos juntos y revueltos porque la cosmovisión que viene de Dios une lo que nos aparece fragmentado: “Así ha dicho el Señor: Por tres pecados de Israel, y por el cuarto, no revocaré su castigo. Porque han vendido al justo por dinero, y al pobre por un par de zapatos; han aplastado en el suelo a los desvalidos, han torcido el camino de los humildes; ¡hijos y padres profanan mi santo nombre al acostarse con la misma joven!” (RVC). Es verdadero pecado contra Dios y contra nuestro prójimo cuando teniendo a la fuente de agua viva, el Señor Todopoderoso que nos da conocimiento, emociones y voluntad para vivir, cavamos cisternas agrietadas. ¡Matemos, con la ayuda del Espíritu Santo, el dualismo que nos hace construir ídolos con pies de barro y bagatelas que no nos permiten aterrizar nuestra fe a la realidad! Arrepintámonos. Reconciliémonos. Porque si algo de lo que Cristo ha botado con su cruz para constituir un solo pueblo se interpone en nuestra comunión, eso no debiese recibir otro nombre que “falso dios”.

Esto reporta tareas: los pastores y todos aquellos que tenemos la responsabilidad de enseñar, debemos colaborar activamente en el fortalecimiento de una mirada cosmovisional en la iglesia; y, por supuesto, tú tienes el deber de educarte en esta área, asistiendo a todas las instancias que puedas y leyendo buena literatura (ve la nota a pie de página número 2, en la primera parte del artículo). Ambas tareas deben presuponer que no existe separación entre una teología recta y una vida santa, porque ambas se producen por el Espíritu Santo que inspiró las Escrituras, que aplicó la obra salvífica en nuestras vidas, y que nos llena de poder individual y comunitariamente.

c. El proceso de secularización que sigue viviendo Chile debiese acercarnos a nuestra Confesión de Fe. Esto es lo maravilloso de la teología reformada que presupone que la iglesia puede seguir siendo reformada por la obra del Espíritu y según la Palabra de Dios. La Confesión de Fe de Westminster fue escrita originalmente en un mundo en el que la monarquía absoluta era la forma de gobierno para la sociedad, cuyo poder también podía penetrar la iglesia. En 1788 los presbiterianos estadounidenses hicieron algunas reformas a la Confesión de Fe, y entre los cambios, que nosotros preservamos en el documento que como oficiales de la iglesia suscribimos haciendo un voto de lealtad, señala lo siguiente respecto del Magistrado Civil:

Los magistrados civiles no deben tomar para sí la administración de la palabra, de los sacramentos. (2ª Crónicas 26:18.) o el poder de las llaves del reino de los cielos, (Mateo 16:19; 1ª Corintios 4:1-2.) ni se entrometerán lo más mínimo en las cosas de la fe. (Juan 18:36; Malaquías 2:7. Hechos 5:29) Sin embargo, como padres pacificadores en el deber de los magistrados civiles proteger la Iglesia de nuestro común Señor sin dar la preferencia sobre las demás a alguna denominación de cristianos, sino obrando de tal modo que todas las personas eclesiásticas, cualquiera que sean, gocen de libertad incuestionable, plena y perfecta en el desempeño de cada parte de sus funciones sagradas, sin violencia ni peligro; (Isaías 49:23.) y además, como Jesucristo ha señalado un gobierno regular y una disciplina en su iglesia, ninguna ley de cuerpo político alguno deberá entrometerse con ella, estorbando o limitando los ejercicios debidos que verifiquen sus miembros voluntarios de alguna denominación de cristianos conforme a su propia confesión y creencia. (Salmo 105:15; Hechos 17:14,15.) Es el deber de los magistrados civiles proteger las personas y buen nombre de todo su pueblo de tal manera que no se permita a ninguna persona que so pretexto de religión o incredulidad haga alguna indignidad, violencia, abuso o injuria a otra persona cualquiera; debiendo procurar además que toda reunión eclesiástica religiosa se verifique sin molestia o disturbio. (2ª Samuel 23:3; 1ª Timoteo 21:2; Romanos 13:4.)”.

Nuestra Confesión nos invita a una mirada correcta de la relación entre la iglesia y el estado, presuponiendo su separación. Ambos están en esferas diferentes, no pudiendo el estado entrometerse en la tarea y roles de la iglesia. Y no sólo eso, garantizando su libertad. Aquí está el fundamento confesional, y por ende comunitario, de lo que debiese ser nuestra comprensión y base de nuestra acción: la separación no sólo es del estado respecto de la iglesia, sino nuestra respecto del estado. No porque quienes hoy dirijan los organismos del estado difieran de los principios de la Palabra del Señor, eso necesariamente tendrá la fuerza de coartar nuestra predicación y vida. Podemos y debemos vivir contraculturalmente. Nuestra obediencia al magistrado civil es relativa y activa, porque nuestra obediencia total está en relación a lo que la Biblia dice. Además de eso, Cristo sigue siendo Señor sobre todo[8].

d. El proceso de secularización que sigue viviendo Chile, visto de manera cosmovisional nos debe llevar a convertir los desafíos y dificultades en oportunidades. Sin lugar a dudas, si los cristianos leyéramos más la Biblia y fuésemos felices de vivir la fe, no viviríamos paranoicamente, con delirio de persecución, victimizándonos innecesariamente y construyendo ghettos virtuosos de gente como nosotros. Muy por el contrario, veríamos al mundo en el que vivimos y las discusiones que emergen en él, pensando en las ricas oportunidades que tenemos para compartir la buena noticia. En otras palabras, valoraríamos las posibilidades de hablar y vivir la verdad con amor. Que se apruebe el aborto en tres causales, cosa que niega los principios de la Biblia, no reduce nuestra fe, nuestra acción en el mundo, nuestro amor y oración hacia todos, aunque no crean lo que nosotros creemos. Si amamos, pavimentamos el camino para decir la verdad y ser escuchados.

Pero si no sucediera ese paso lógico, y llegásemos a ser perseguidos por nuestra fe en Jesús, deberíamos alegrarnos del vituperio en Cristo. Jesús dijo: Bienaventurados serán ustedes cuando por mi causa los insulten y persigan, y mientan y digan contra ustedes toda clase de mal. Gócense y alégrense, porque en los cielos ya tienen ustedes un gran galardón; pues así persiguieron a los profetas que vivieron antes que ustedes” (Mateo 5:11,12, RVC). Ese gozo no es masoquismo, sino que es posible por la fuerza del Espíritu Santo operando en favor de la iglesia y se basa en la esperanza de que un día toda lágrima de nuestros ojos será secada.

Pero todavía eso no ocurre. No nos anticipemos a los hechos. Aquí bien vale la pena recordar lo dicho por el teólogo Jürgen Moltmann:

“Cuanto más conscientes son los cristianos hoy día de una situación minoritaria y pierden la protección de una sociedad ‘cristiana, tanto más pueden aprender de la moral calvinista a hacerse extraños en la propia sociedad y nación por amor de Cristo. En la historia del cristianismo reformado se evidencia claramente el valor de ser distinto de los demás. Únicamente quien es distinto es capaz de ‘existir para los demás’; de lo contrario, es uno más entre la masa”[9].

e. El proceso de secularización que sigue viviendo Chile, visto de manera cosmovisional que nos lleva a convertir los desafíos y dificultades en oportunidades, debiese conducirnos a precisar nuestra esperanza escatológica. A la luz de la Biblia, y desde una perspectiva amilenarista, hay que decirlo, podemos notar que las cosas irán de mal en peor. Pero nuestra esperanza no está en hombres, mujeres ni en proyectos políticos. Nada de lo que los seres humanos hagamos pecaminosamente es obstáculo para el triunfo del Reino de Dios y la proclamación del Evangelio por parte de la iglesia. Dicho triunfo y proclamación no depende de esfuerzos humanos ni de las circunstancias aparentemente favorables, sino de Dios que tiene el control de todo según su plan perfecto y que tiene el poder de hacer nuevas todas las cosas. Nuestra esperanza es escatológica y no se trata un mero cambio social cosmético y de baja intensidad al lado de la ciudad construida por Dios. Nuestra esperanza está en la redención que aguarda la creación toda. Es el anhelo expresado por el profeta Amós, de que “que fluya el derecho como las aguas, y la justicia como arroyo inagotable” (Amós 5:24, NVI). Eso escapa de nuestras posibilidades de acción. Es Dios, en Cristo, que consumará la historia. Cuando tenemos eso claro, podemos trabajar fundamentados y descansando en Dios. Es allí que se hace patente la verdadera metanoia, la transformación de la mente que nos conduce a mirar con los ojos de Cristo.

Luis Pino Moyano, Asesor de Metanoia.


[1] Durante el año 2016, los líderes de jóvenes, en medio de nuestras reuniones informativas, realizamos estudios basados en el libro de Darrow Miller y Marit Newton. Vida, trabajo y vocación. Una teología bíblica del quehacer cotidiano. Tyler, Editorial JUCUM, 2011.

[2] Sobre el asunto cosmovisional, véase en orden de año de publicación en castellano: Francis Schaeffer. Huyendo de la razón. Barcelona, Ediciones Evangélicas Españolas, 1969; Herman Dooyeweerd. Las raíces de la cultura occidental. Las opciones pagana, secular y cristiana. Barcelona, Editorial CLIE, 1998; Abraham Kuyper. Conferencias sobre el calvinismo. Una cosmovisión bíblica. San José, Confraternidad Latinoamericana de Iglesias Reformadas CLIR, 2010; Darrow Miller. Vida, trabajo y vocación: una teología bíblica del quehacer cotidiano. Tyler, Editorial JUCUM, 2011; John Piper. Piense. La vida intelectual y el amor de Dios. Carol Stream, Tyndale House Publishers, 2011; Timothy Keller. La razón de Dios. Creer en una época de escepticismo. Barcelona, Publicaciones Andamio, 2014; Albert Wolters y Michael Goheen. La creación recuperada. Bases para una cosmovisión reformacional. Medellín, Poiema Publicaciones y Dordt College Press, 2013; Nancy Pearcey. Verdad total. Tyler, Editorial JUCUM, 2014; Michael Goheen y Craig Bartholomew. Introduçao à cosmovisão cristã. São Paulo, Edições Vida Nova, 2016; Timothy Keller. Una fe lógica. Argumentos razonables para creer en Dios. Nashville, B&H Publishing Group, 2017. Para una lectura introductoria, véase: Jonathan Muñoz. “Cosmovisión cristiana: una (muy) breve introducción”. En: Estudios Evangélicos, http://estudiosevangelicos.org/cosmovision-cristiana-una-muy-breve-introduccion/ (Revisada en agosto de 2017).

[3] María Rosaria Stabili. “Mirando las cosas al revés: Algunas reflexiones a propósito del período parlamentario”. En: Luis Ortega (Editor). La guerra Civil de 1891. 100 años hoy. Santiago, Universidad de Santiago de Chile, 1991, p. 165. Respecto de esta pulsión por lo legal, bien vale la pena referir lo dicho por Timothy Keller: “Mientras que algunos cristianos esperaban que la legislación cambiaría las actitudes de las personas, ha sido la cultura popular, las instituciones académicas, las artes y los medios de comunicación los que han estado formando la mentalidad popular. La política pública ahora simplemente está empezando a seguir los pasos” (Timothy Keller. Iglesia centrada. Miami, Editorial Vida, 2012, p. 212).

[4] Uso en este caso el concepto religión de manera positiva.

[5] Francisco Bilbao. “Sociabilidad Chilena”. En: El Crepúsculo. Periódico literario y científico. Nº 2, Tomo 2. Santiago, 1 de junio de 1844, p. 74.

[6] La Piedra, Valparaíso, 30 de agosto 1879, año VIII, Nº 29, p. 182. Citado por: Javier Castro. “David Trumbull, entre masonería y protestantismo: la conformación del frente anticlerial en Chile a fines del siglo XIX”. En: Religião & Sociedade. Vol. 33, Nº 1, Rio de Janeiro,  2013. http://www.scielo.br/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0100-85872013000100006 (revisada en agosto de 2017).

[7] En alusión “a Pirro, rey de Epiro, que derrotó en el año 279 a. C. a los romanos en Ásculo, pero a costa de sufrir numerosísimas bajas”. En: http://dle.rae.es/?id=TBDNMum|TBGDp5s (revisada en agosto de 2017).

[8] Respecto de la acción política y social desde el cristianismo, me parece pertinente invitar a la lectura de los siguientes textos: Sidney Rooy. “Relaciones de la iglesia con el poder político. Modelo reformado”. En: Pablo Deiros (editor). Los evangélicos y el poder político en América Latina. Buenos Aires, Nueva Creación, 1986, pp. 41-72; David J. Bosch. Misión en transformación. Cambios de paradigma en la teología de la misión. Grand Rapids, Libros Desafío, 2000 (especialmente la lectura del Capítulo Doce: “Elementos de un nuevo paradigma misionero ecuménico”, pp. 451-619); Vishal Mangalwadi. Verdad y transformación: Un manifiesto para naciones enfermas. Tyler, Editorial JUCUM, 2010; Herman Dooyeweerd. Estado e soberania. Ensaios sobre cristianismo e política. São Paulo, Edições Vida Nova, 2014; Timothy Keller y Katherine Leary Alsdorf. Como integrar fé & trabalho: Nossa profissão a serviço do Reino de Deus. São Paulo, Edições Vida Nova, 2014 (pronto B&H publicará una edición en castellano); Darrow Miller et al. Reformulación de la justicia social: Redención de la compasión bíblica. Tyler, Editorial JUCUM, 2015; Timothy Keller. Justicia generosa. Barcelona, Publicaciones Andamio, 2016.

[9] Jürgen Moltmann. “La ética del calvinismo”. En: Leopoldo Cervantes-Ortiz. Juan Calvino: su vida y obra a 500 años de su nacimiento. Barcelona, Editorial CLIE, 2009, pp. 263, 264.

Dios nos reforma para buscar la santidad.

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Los días 20 al 23 de enero de 2017, se realizó en la Granja Presbiteriana en El Tabo, el Retiro del Departamento de Jóvenes del Presbiterio Centro de la Iglesia Presbiteriana de Chile. Durante esos días estuvimos analizando el texto de Colosenses 1:13-23 bajo la siguiente parcelación:

vv. 13,14: Dios nos reforma por la obra consumada de Cristo.

vv. 15-17: Dios reforma nuestra visión del mundo y de la vida (¡Cristo es Señor sobre todo!).

vv. 18-20: Dios nos reforma haciéndonos parte de la iglesia (no hay cristianismo sin comunidad).

vv. 21,22. Dios nos reforma para buscar la santidad.

v. 23. Dios nos reforma para que anunciemos el evangelio.

En síntesis, vemos el señorío de Cristo en la creación y en la iglesia. Una de sus manifestaciones es el poder reformador de Dios. A mí me correspondió hablar de los versículos 21 y 22 en la predicación de la mañana del domingo en la Iglesia Mar de Gracia. Allí relevamos el hecho de que Cristo ha reconciliado a los suyos con Dios (el verbo en pasado no es casual: esa obra ya ha sido aplicada). Por ende, al ser reconciliados, debemos vivir de acuerdo a esa renovación total de nuestra vida. Un reconciliado no vive inmerso en el pecado, vive como hijo adoptado por pura gracia por el Dios vivo y real. La propuesta del sermón fue ver lo que nosotros hacíamos, lo que Cristo hizo por nosotros y lo que nosotros tenemos que hacer.

A quienes estén interesados en este tema, les comparto el diaporama de dicha ocasión, el cual pueden descargar haciendo clic aquí.

Culto del domingo 22 de enero de 2017, en la Iglesia Mar de Gracia.
Jóvenes asistentes al Retiro Metanoia 2
Jóvenes asistentes al Retiro Metanoia 2 “Semper Reformanda”.

Ha sido un tremendo honor y bendición compartir con los jóvenes durante estos dos períodos de trabajo, en la tarea de asesor. El aprendizaje y la comunicación de las enseñanzas de la Palabra bullen al calor de la comunidad. La fuerza vital de los jóvenes hace del cansancio algo grato. Dios ha sido bueno y fiel.