Despedida de Refugio de Gracia.

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Dios ha sido bueno y fiel. A los 18 años de edad, siendo un joven pentecostal, sentí una fuerte convicción del llamado que Dios me estaba haciendo para trabajar en el ministerio pastoral. Hoy a mis 35 años, viendo la historia para atrás, puedo notar la alegría de que Dios ha escrito recto sobre mis líneas torcidas. Ha sido Él quien me ha sostenido y me permite la esperanza de la siembra entre lágrimas.

Agradezco a Dios por estos dos años de trabajo en esta comunidad, la Iglesia Refugio de Gracia, una comunidad a la que amé desde antes de venir a trabajar y ser parte en ella. La realidad de una iglesia dañada y que necesitaba de una mano, sumada a la convicción de que un hijo siempre tiene que ayudar a su madre, fueron las cosas que Dios ocupó para aceptar la invitación de la 5ª Iglesia Presbiteriana de Santiago para servir en esta comunidad. Fue eso, el amor a hermanos que necesitaban de sanidad y restauración lo que me movió a estar con ustedes. Soy consciente de mis errores, desaciertos, fallas de carácter. No soy un modelo terminado en el ministerio, porque aún estoy en el camino de la preparación para él. Y si Dios me ocupó para servir entre ustedes, Dios también les ocupó a ustedes en su escuela, en la mejor escuela de preparación para el servicio de predicar y servir a la comunidad.

Agradezco a quienes trabajaron conmigo en el Equipo Pastoral, a quienes desempeñaron funciones en el diaconado, en la escuela dominical para adultos y niños, en la liturgia, en la comida y el café. Agradezco a quienes abrieron las puertas de su casa, para compartir la mesa, la conversación, la enseñanza y la oración. Agradezco a quienes me dieron su amistad, como también a quienes manifestaron gestos de preocupación que fueron, y son significativos.

Agradezco a la 5ª Iglesia Presbiteriana de Santiago por invitarme a servir, por ser responsables en el cuidado y el servicio en la misión que es de Dios. Doy fe del arduo trabajo que realizan. Agradezco al Pr. David Vilches, por todas las conversaciones que tuvimos en este tiempo y por el cariño sincero que sentí de su parte. Gracias pastor.

No está acá, pero quisiera dejar constancia de mi agradecimiento a mi tutor eclesiástico, el Pr. Vladimir Pacheco, por acompañarme en este proceso, por ayudarme a aterrizar mis sueños, por escucharme cuando lo necesité, por orar por mi, y por exhortarme cuando fue necesario.

Y, por supuesto, y con todo mi amor, agradezco a Mónica mi esposa amada, por estar conmigo en las buenas y en las malas, por pegarme el empujón cuando no hay fuerzas, por su abrazo tan necesario. A mis hijos Miguel y Sophía por amarme y acompañar a su papá, añorando a sus amigos, y disfrutando a los de hoy en Refugio, junto con la alegría de permitirme vivir con ellos y disfrutarlos a concho. Les pido perdón si por mi trabajo obsesivo en algún momento les descuidé. Y nuevamente les agradezco por enseñarme con paciencia lo que debo priorizar, más allá de los discursos políticamente correctos.

Y sí, ha llegado el fin de un proceso. Me voy con dos convicciones. Respecto de mí, me voy con la convicción de lo dicho por Pablo a los presbíteros de Éfeso en su despedida: “Sin embargo, considero que mi vida carece de valor para mí mismo, con tal de que termine mi carrera y lleve a cabo el servicio que me ha encomendado el Señor Jesús, que es el de dar testimonio del evangelio de la gracia de Dios” (Hechos 20:24). Y respecto de ustedes, amada Iglesia Refugio de Gracia, la convicción de lo dicho por el mismo apóstol: “Estoy convencido de esto: el que comenzó tan buena obra en ustedes la irá perfeccionando hasta el día de Cristo Jesús” (Filipenses 1:6). Él es fiel. Vivimos en la historia que Él ha trazado de principio a fin. Por eso vivamos y trabajemos con esperanza.

Hoy como ayer, y a pesar de mi mismo, Soli Deo Gloria.

Luis Pino Moyano.

Maipú, 28 de enero de 2018.

 

(Después de leerlo, sugiero escuches la canción de Santiago Benavides “Gracias por Pedro”).

Viejito Pascuero acuérdate de mi.

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Es probable que esta sea la última navidad en la que mi hijo Miguel tenga certeza de la existencia del Viejo Pascuero. Ya ha comenzado a ponerlo en duda, producto de conversaciones con compañeros y por un capítulo de la primera temporada de Los 80 que estamos viendo. Es muy probable, que avanzando en esa senda, mi hija Sophía, tal vez, siga también sus pasos. Y es así, como un momento de la niñez se va, para seguir creciendo indefectiblemente, mientras los jóvenes de ayer cada día nos ponemos más viejos.

Más de alguien se preguntará, ¿por qué hacerles creer respecto del Viejo Pascuero si éste no existe? ¿No es acaso mentir? El Viejo Pascuero, conocido también como Papá Noel, Santa Claus y San Nicolás, no está en la esfera de la mentira, sino de la ficción, de la imaginación y del ensueño. La invitación es similar a la que te hace la novela de un autor favorito, o las películas que te encantan observar. Por eso, la discusión verdad-mentira no es pertinente acá.

Hace tiempo leí una respuesta que se le atribuye a Albert Einstein: “Si quieres que un niño sea inteligente, léele cuentos de hadas. Si quieres que sea más inteligente, léele más cuentos de hadas”. Es por esa convicción que yo fomento, y fomentaré hasta cuando sea posible, con la convicción de que dentro de la capacidad de pensar y crear está la de imaginar. Y sobre todo, en ciertas etapas vitales en las que lo real y lo imaginado se funden (aunque, en muchos casos, parece que eso excede las fronteras de la infancia). Ya llegará el momento de los teoremas, teorías y de los discursos históricos y político-sociales. Pero incluso en esas épocas seguirá siendo pertinente imaginar. En una de esas, ayudamos a otra generación cristiana a que tome el testimonio dejado por C. S. Lewis y J. R. R. Tolkien, y las que por un realismo vacuo y carente de asidero no debe arrojarse por el suelo.

Cuando un niño entiende que esto no es mentira, sino imaginación, no quedan traumas ni dolor. Por el contrario, viene la sensatez de pensar en todos los esfuerzos que “los viejos” realizaron en la vida, en buenos y malos momentos, para dotarnos de alegría. Y por supuesto,  dicho relato podría complementarse con la historia de Nicolás de Myra, que vivió entre 270 y 345-352 aproximadamente. Este obispo era un hombre comprometido por la verdad del cristianismo, tanto que se llega a contar que en el Concilio de Nicea al encontrarse con Arrio le abofeteó el rostro por su negación de la deidad de Cristo (the real Viejito Pascuero era un rockstar), como con la práctica del amor radical, al nivel de regalar toda su fortuna a los pobres. Es en ese acto de amor que se entrega donde se originarían los relatos populares de Santa Claus.

¿Y qué pasa con el verdadero sentido de la navidad? ¡Nada puede hacer obnubilar la realidad, santidad, majestad, amor y poder de Jesucristo! Un relato como el del Viejito Pascuero no tiene esa fuerza, y menos debe adquirirla en nuestro relato. Pero por otro lado, a veces el moralismo supuestamente seducido por la verdad, es una expresión que apunta con el dedo y gana adeptos, pero daña vidas propias y de otros. Los grinch que ven paganismo en todos lados no conocen a Aquél que dijo “He aquí yo hago nuevas todas las cosas” (Apocalipsis 21:5). Dar y reír deben ser una constante en las vidas de quienes seguimos las pisadas de Jesús. Ninguno, uno o muchos regalos pueden reflejar la actitud de tu corazón. El agrapha de Jesús es rotundo: “hay más dicha en dar que recibir” (Hechos 20:35). Si eres cristiano y no entiendes que celebrar y regalar son expresiones de la espiritualidad, te falta mucho por caminar…

Caminar y no andar peleando por nimiedades.

Luis Pino Moyano.

 

Y ganó Piñera.

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El escenario político está difícil, pero no por ese sólo hecho, porque si bien es cierto, los resultados electorales son importantes, no terminan cambiando mucho los elementos de alcance sistémico. Evidentemente, sí hay cosas que cambian y no dan lo mismo, por eso algunos tomamos la decisión de votar. Pero los cambios tienen que ver con la correlación de fuerzas más que en cuestiones estructurales en la sociedad. La situación está difícil de manera más amplia:

Está difícil porque las expectativas sociales de todos los sectores han crecido, y esperan la panacea de manos de sus elegidos. Se apeló mucho, bajo una lógica de consumo y, en algunos sentidos, hasta religiosa, al perfil renovador y transformador de candidatos para cosas difíciles de aterrizar en cuatro años y con un congreso en los que ninguna coalición tiene mayorías. De hecho, está difícil porque la política de los tres tercios y el fenómeno de la polaridad vino para instalarse y eso puede dejar o no gobernar a quien preside.

Está difícil para las izquierdas en el sentido que ya no sólo la Concertación, sino la Nueva Mayoría también explotó, no logrando cuajar su política de reformas (que de retoexcavadora no tuvo nada, sólo la retórica inicial Pre-Caval), y que algunas de ellas están en riesgo de ser dejadas de lado por un nuevo gobierno, con proyecciones diferentes, pero aún más que eso, porque dentro de su coalición porque hay personas que no están convencidas de las mismas. La Nueva Mayoría fue el intento de levantar un muerto de la tumba sin el poder para ello.

Esto, sin dudas, les pone la vara alta al Frente Amplio respecto de la relación entre la ética y la realpolitik: están el dilema de cómo capitalizar su fuerza con veinte diputados y un senador, solidificando y dando permanencia a su proyecto, luchando con la lógica generacional del referente que articula partidos y movimientos tan diversos.

Está difícil para la derecha porque hoy en su seno, y más que nunca, conviven dos almas (cosa inédita desde mediados del siglo XIX). Dos almas que pragmáticamente celebran, pero que tensarán la relación en busca de hegemonía: una conservadora en lo valórico y neoliberal en lo económico en collage epistemológico inconsistente, y una neoliberal en lo valórico y en lo económico, de un marcado acento secularizador y/o laicista (eso va para mis amigos evangélicos que no logran ver este matiz). Ya el presidente electo, matiza su discurso diciendo que los tiempos mejores serán difíciles de lograr, rompiendo con el perfil milenarista de su campaña. En ese sentido, todo cambio se mide después del día de la jarana. Los triunfos electorales no significan triunfos de proyectos, y de eso la historia de Chile nos puede poner múltiples ejemplos.

Una palabra para mis hermanos evangélicos, ya sea que votaran por Piñera o por Guillier. Evidentemente sus ámimos son distintos a esta hora. Algunos felices, otros amurrados. Pero les invito a orar y a trabajar por el bienestar de nuestro país, y de nuestras ciudades, considerando los ídolos de nuestra época a la luz de la Escritura, colaborando con nuestros coterráneos en cada área de nuestro quehacer y pujando por la justicia que es la base de la paz. Nuestra mirada en Cristo, único Señor, debe ser esperanzada en él, y cuestionadora de todas las ideas humanas, aunque las dign nuestros mejores amigos. Las horas difíciles de un país requieren, más que celebraciones o amurramiento, mucho trabajo en oración de los que seguimos las pisadas del Carpintero de Galilea.

Luis Pino Moyano.

Cristianismo y política. Cosas a tener en cuenta en un contexto electoral.

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“En la mesa no se habla de religión, política y fútbol”, es uno de los lugares comunes más instalados en nuestra sociedad, y sobre todo en los contextos familiares, bajo la lógica de que es “el tabú el que permite la convivencia”. En otras palabras, el silencio de temas es lo que podría hacer preservar nuestra unidad. Desde marzo de 2016 nosotros tenemos un programa radial titulado “Religión, Política y Fútbol”, porque creemos que bajo una cosmovisión cristiana, asentada en la Escritura como única y suficiente regla de fe y de conducta, podemos hablar de todos los temas. Además, lo hacemos porque creemos que nuestra unidad no se sustenta en el tabú ni en el ser una “comunidad homogénea”, sino que en algo que sobrepasa cualquier lógica humana, a saber, el sacrificio de Jesucristo en la cruz, mediante el cual, el Dios vivo y verdadero, puede “reconciliar consigo todas las cosas” (Colosenses 1:20).

Estar ad portas de un nuevo proceso electoral trae consigo, en muchas ocasiones, dilemas que se deben afrontar desde la fe en Jesucristo. No estamos exentos de discusiones, pero si somos hermanos, nada de eso tiene el poder de constituirse en barrera para el encuentro de quienes se saben lavados por la sangre de Cristo. Y si el tema político se constituye en barrera para el encuentro con tu hermano, es porque eso se ha transformado en un ídolo que no te deja mirar a la cruz que derribó toda barrera de separación en el encuentro con Dios y el prójimo (Gálatas 3:26-29). Nuestra hermandad se basa en Cristo, no en un voto.

Y es aquí donde compartimos lo dicho por Juan Stam respecto de Apocalipsis, pero que a mi gusto, puede aplicarse a toda lectura de la Biblia: resulta tan ignominioso y contraproducente para el texto sagrado politizar aquello que no tiene esa finalidad, como despolitizar los textos que explícitamente hablan desde el tema. Las teologías políticas, europeas o latinoamericanas, que sólo propenden al activismo social, limitan la Misión de Dios dejando de enfatizar en la proclamación del evangelio, tal y como el evangelicalismo norteamericano con un discurso aparentemente apolítico (como si tal cosa existiera), derivó en un ensimismamiento que se complace en la experiencia religiosa sin poner atención en el prójimo, y por ende, en la misión. Es falsa dicotomía disociar la proclamación del evangelio de la práctica de la justicia (Santiago 2:14-17).

Es por esto que para colaborar desde el servicio de la Palabra a su decisión electoral, como a su entendimiento de la política desde un perfil cosmovisional y bíblico, es que me permito compartir con usted los siguientes principios bíblicos, junto con algunas aplicaciones prácticas:

Dios es soberano por sobre todo, pues como dice el salmista: “del Señor es la tierra y su plenitud” (Salmo 24:1). El señorío de Jesucristo es de carácter universal, y nada escapa de su dominio (Colosenses 1:15-20). Esa es la base de lo que Pablo señaló respecto de la autoridad del magistrado civil cuando dijo que “Toda autoridad ha sido puesta por Dios” (Romanos 13:1). Vale la pena recordar que quien gobernaba en ese momento el Imperio Romano era nada más y nada menos que Nerón.

Si nosotros seguimos la lectura de Romanos 13:1-7, podríamos vislumbrar que la soberanía de Dios que también se manifiesta en la historia al colocar autoridades, no excluye jamás la responsabilidad humana. La autoridad debe ejercer su labor en justicia, protegiendo al inocente y sancionando el delito. Y los demás ciudadanos tenemos el deber de obedecer activamente, pues nuestra obediencia total es a Dios, siendo las demás relativas y derivadas de esa sumisión al Señor. Nosotros tenemos la posibilidad de practicar la “desobediencia civil”, o de manera más reformada, obedecer radicalmente a Dios,  cuando se busca explícitamente mandatar aquello que la Biblia niega (Hechos 4:19,20). A su vez, el texto paulino habla de una deuda de honor e impuestos según corresponda. Esto nos libra de la “estadofobia” y de la “estadolatría”, toda vez que el estado debe ser mirado en su justa medida: como un instrumento que trabaja para el bienestar de la sociedad, salvaguardando derechos y regulando la actividad de los sujetos conforme al cuerpo legal.

Debemos preocuparnos de manera activa de nuestro prójimo, poniendo especial énfasis por los desamparados de la humanidad, que en lenguaje bíblico aparecen como “pobres, huérfanos, viudas, extranjeros” (Salmo 146:7-9) y como los “pequeñitos” de Dios (Mateo 25:34-40). No debemos olvidar que principalmente el pecado de Sodoma fue el ensimismamiento que derivó en “soberbia, gula, apatía, e indiferencia hacia el pobre y el indigente” (Ezequiel 16:49). La base de la práctica de la justicia para nosotros los cristianos está en la acción de Dios que no sólo es trascendente, absolutamente otro, sino que también es Señor que reina con sus manos sosteniendo providentemente la historia. Por eso los actos de misericordia en la Biblia son siempre actos de justicia, y dicha justicia es adoración espiritual genuina (Isaías 58:6-10).

De hecho, la Biblia une aquello que las posiciones dualistas separan: la justicia social y la moral sexual. Veamos lo dicho por el profeta Amós: “Así dice el Señor: Los delitos de Israel han llegado a su colmo; por tanto, no revocaré su castigo: Venden al justo por monedas, y al necesitado, por un par de sandalias. Pisotean la cabeza de los desvalidos como si fuera el polvo de la tierra, y pervierten el camino de los pobres. Padre e hijo se acuestan con la misma mujer, profanando así mi santo nombre” (2:6,7). No pasas a ser un marxista cuando trabajas por un mayor ejercicio de la justicia en la sociedad, como tampoco pasas a ser un derechista por defender la moral respecto de la sexualidad. Es allí donde cabe hacerse una pregunta: “-¿mi reacción de molestia contra mi hermano surge genuinamente del evangelio, o del ídolo o interés albergado en mi corazón, tapado por un manto de aparente cristianismo?”. Quiero decirte algo: nadie puede servir a dos señores. Siempre terminamos doblegándonos a uno por sobre el otro (Mateo 6:24), y eso es una ofensa a Dios de la que debemos arrepentirnos.

Desprendido de lo anterior, debemos decir que no existe en Chile un candidato que represente de manera integral los principios del Reino de Dios, por ende, no existe el candidato del pueblo de Dios. Previo a la elección, debes juzgar y ponderar los principios y programas de los candidatos, y decidir personalmente y a conciencia qué cosas privilegiarás a la hora de tu elección, de tal manera que cuando vayas a la urna secreta no te dejes llevar, simplemente, por un rostro que produce simpatía o por una performance elocuente, que sólo es fruto de un efecto publicitario. El día de las elecciones asiste a votar, no te restes de dicho proceso, sé responsable de lo que ocurre en tu país y ciudad. Y si estás descontento con el sistema político, anda y manifiesta ese descontento en tu votación, cosa de que en la estadística tu voto nulo o blanco quede contabilizado y no pase como simple apatía poco recordada.

La decisión electoral que tomes no sólo debe ser consciente de los principios del candidato de mi preferencia, sino también, de que lo que vemos como bueno y positivo en él es, al decir de Dooyeweerd, simplemente un “momento de verdad”. La consistencia sólo es posible cuando se abraza una cosmovisión cristiana sustentada en la Palabra de Dios, pero para que eso ocurra, primero debemos ser abrazados por el Padre. No busquemos frutos en árboles que no los producen.

También, desde un tono aplicativo, debo señalar lo siguiente: la política no es mala en sí misma, por lo que no es pecaminoso ni peligroso que un cristiano participe en política, o dialogue respecto de ella. La política como expresión de la actividad ciudadana en el mundo no está exenta del señorío de Cristo, y por ende puede ser un espacio para la glorificación de Dios (véanse los casos de José, Moisés, Josué, los jueces, los reyes, Daniel, Ester, Nehemías, entre otros). Y si bien es cierto, quienes servimos en la iglesia, predicando o enseñando, debiésemos tener claro que no debemos confundir el púlpito con la tribuna, sí tenemos el deber de hablar del tema desde una cosmovisión cristiana, inclusive, preparando a quienes tienen una vocación para servir en esa esfera de la vida. Calvino decía que: “Por tanto, no se debe poner en duda que el poder civil es una vocación no solamente santa y legítima delante de Dios, sino también muy sacrosanta y honrosa entre todas las vocaciones” (Institución de la Religión Cristiana, IV.XX.4).

Lo que ningún cristiano debe hacer, sobre todo si es un pastor, maestro o que ejerza algún tipo de liderazgo, ni mucho menos alguna institución, es promocionar a un candidato determinado, y llamar a votar por él porque representaría los valores y principios del pueblo de Dios. Eso genera una cooptación clerical comprometiendo la conciencia de los demás creyentes. Ningún sujeto o institución puede arrogarse la representatividad de la comunidad o de “la iglesia evangélica”, cosa que no existe. Nosotros no tenemos representantes amplios, no tenemos papas ni tampoco un solo corpus doctrinal entre las iglesias del país. La Biblia, además, no presenta un programa político sólido y cerrado, sino principios con los que se puede construir discursos susceptibles de estar marcados por la diversidad. Es allí, donde se pasa de lo teológico y lo político a lo ético. Debemos responsabilizarnos de lo que decimos, siempre a título personal, nunca a nombre de la comunidad, dispuestos a responder preguntas a dudas honestas, rendir cuentas cuando corresponda, y pedir perdón cuando hemos ofendido a los demás. La verdad siempre camina con el amor (Efesios 5:15), y es inconsistencia teológica disociar aquello que debe caminar unido siempre.

Los creyentes no podemos disociarnos de la vida en la ciudad y el país, sino por el contrario procurar y trabajar por la paz de ella (Jeremías 29:4-7). Los creyentes debemos obedecer las leyes, orar por todas las autoridades más allá de nuestros gustos y preferencias (1ª Timoteo 2:1,2), sufrir si se es perseguido (Hechos 20:22-24), y protestar (¡somos protestantes!) cuando no son fieles a su mandato haciendo preponderar la injusticia (véase el lenguaje ocupado por Isaías en el capítulo 14, los versículos 9 al 23). El cristianismo debe ser activo en la vida en el mundo, colaborando en la extensión del Reino de Dios a todas las esferas de la vida. Timothy Keller en su libro “Justicia generosa” dice: “Hacemos justicia cuando le otorgamos a todos los seres humanos su derecho como creaciones de Dios. Hacer justicia no solo incluye la enmienda de males, sino la generosidad y la preocupación social, especialmente hacia los pobres y vulnerables. Esta clase de vida refleja el carácter de Dios. Consiste en un amplio rango de actividades, desde los tratos honestos y justos con la gente en la vida diaria, pasando por donaciones regulares y radicalmente generosas de tu tiempo y recursos, hasta el activismo que busque terminar con formas particulares de injusticia, violencia y opresión”.

Nuestra esperanza real y verdadera no está en sujetos, partidos o programas políticos de diverso color y significancia. No supeditemos el triunfo de Dios en nuestro país, el mundo y en la historia total, a un resultado electoral que poco puede cambiar, o inclusive, cuando se da un cambio social que conmociona los fundamentos del mundo. Dios es providente y mucho más sabio y poderoso que nosotros. Un día todos los gobiernos de la tierra caerán (Lucas 1:51-53; Apocalipsis 18), y el Reino de Dios permanecerá firme (Lucas 1:30-33). Nuestra esperanza es escatológica y está en Aquél que dijo que tiene “el poder de hacer nuevas todas las cosas” (Apocalipsis 21:5).

Luis Pino Moyano.

 

El CAE y la condonación.

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“Yo quiero que el Papi Estado me pague el CAE porque soy flojo y barsa”.

Eso es lo que piensan de mi y tantos otros que estamos adeudados y esperamos en algún momento la condonación.

Yo pago todos los meses desde 2013. Pago 52 lucas, de las cuales 17 lucas son de mi deuda, y lo demás interés y gastos bancarios. Antes de tener cuenta corriente y pago automático, tenía que ir el día 5 porque ese día se cargaba mi deuda con el beneficio de que no se sobrepase el 10% de mi remuneración. Si por x razón, me pasaba un día, inmediatamente son 10 lucas.

Y sí, yo firmé y no me pusieron una pistola para hacerlo. Pero si no, no podría haber estudiado. Mi capital cultural y mis redes eran insuficientes el 2007 como para mantenerme en la educación superior con dedicación parcial.

Pero debo decirles que cuando firmé el CAE yo no era sujeto de crédito de ningún banco, y así y todo me permitieron firmar. ¿Saben por qué? Porque sabían que podían amarrarme por años, y más encima, con clausulas abusivas. Y sí, no me olvido que Lagos y Bitar estuvieron detrás de este negociado. Por eso no fui concertacionista ni novomayorista.

Mi deuda finaliza el 3 de septiembre de 2033.

Así que gente querida no nos siga ofendiendo con sus burdas caricaturas por el simple hecho de defender a su querido candidato.

Ni flojo ni barsa. Simplemente quise educarme (¡un derecho humano!), para tener herramientas para entender la realidad y contribuir a una mejor. Ese sueño choca todos los días con una sociedad para la que somos, parafraseando a Cantinflas, “simples peones del tablero de ajedrez”.

Luis Pino Moyano.

Facebook.

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Sí, soy un usuario muy asiduo de Facebook. Hablo desde esa realidad. Lo ocupo por varias razones: a) hoy día gran parte del acontecer noticioso y eventos de mi interés se promocionan por esta red social; b) me permite el contacto con personas que no puedo ver con facilidad en días, semanas, meses y años; c) me gusta la fotografía (sin ser pro, como varios de mis amigos en la red); d) me gusta compartir mis reflexiones, posts de mi blog, actividades de la iglesia, momentos jocosos, situaciones de vida alegres o reflexiones respecto de las difíciles; e) en la pulsión histórica, me gusta dejar registro (imaginen lo que significa el “un día como hoy” que nos proporciona una mirada del pasado reciente con tanta facilidad); y f) gran parte de las personas con las que trabajo en la iglesia son usuarios de la red, por lo cual el uso fundamental que le doy es de carácter pedagógico.

Quiero señalar políticas mías respecto del uso de Facebook que sostengo hasta el día de hoy: a) si a alguien le molesta, borro el post o mi comentario, agradeciendo siempre la crítica constructiva que logra percibir lo que yo no miro; b) sólo discuto con amigos de verdad, de carne y hueso, inclusive en los foros; c) si algo no me interesa o no me gusta, “cambio de canal” (muy pocas veces verán una notificación de “me enoja” mía en su red); y d) elimino y/o bloqueo a las personas que discuten sin escuchar, sobre todo aquellos que caen en la difamación.

Ah! y otra cosa que me parece pertinente decir: algunas personas me preguntan por qué publico las cosas que hago. La razón está lejos de la autopromoción. Sólo dos razones: a) el agradecimiento a quienes me invitan a dialogar con ellos, o por la linda experiencia que me toca vivir; y b) señalar que estoy haciendo algo, pues existe la tendencia muy difundida de que quienes trabajamos en la iglesia no hacemos nada, dormimos hasta tarde y suma y sigue (la clásica llamada a las 9:00 hrs. (¡o más!), que parte con la pregunta: “-¿te desperté?”).

Me llama mucho la atención el uso moralista que algunos le dan a la red. Hay personas, que sólo comentan cuando les molesta algo y jamás para una felicitación, o un apoyo en el momento que se necesita. Otros “pegan palos” que no podrían sostener jamás en público. Otros critican a los usuarios asiduos por su presencia amplia en la red, porque supuestamente serían ociosos, a lo que yo me pregunto: ¿y cómo saben del uso? ¿Será que son usuarios compulsivos aparentemente pasivos, ya que no publican nada en su muro, pero ven el de los demás?

Cierro este post explicativo de mi práctica facebookera con la siguiente reflexión más global, y que espero pueda servirte en tu uso de la red:

Facebook, en términos generales, es un juego que principalmente busca compartir emociones, fotografías, diálogos sencillos. Pero si se le ocupa con fines pedagógicos, políticos, religiosos, teológicos y demás debería tenerse muy presente lo siguiente:

a) presentar las ideas de la manera más clara posible; b) entender que no a todo lo que uno diga se le va a poner “me gusta”, o se le escribirá un comentario; c) es más, habrá cosas que uno escriba que la gente no entenderá y pedirá explicaciones, o con las que no estarán de acuerdo, y expresarán ese disenso… la única alternativa es asumir y hacerse cargo de lo que se escribió sin delirio de persecución; d) uno tiene el derecho a cambiar de opinión (sólo la gente “bacán” es discípula de sí misma); e) si consideras que lo que otros comentan puede hacer daño a otras personas, no sólo borres lo que ellas escribieron, parte por moderarte tú (si eres cristiano, recuerda a Jesús diciendo “si tu mano te es ocasión de caer, córtala”… él no mandó a andar cortando las manos de los demás, y dejar a salvo la tuya); f) piensa en lo que el otro escribe, contextualiza, logra descubrir el estilo literario en que escribe, y siempre presupone la buena fe del otro, por lo menos, hasta que le conoces de verdad y no sólo en la apariencia; y g) si alguien dejó de ser tu amigo porque no le interesaba, no le gustaba, no estaba de acuerdo con lo que posteabas, y eso te duele: ¡reflexiona! esto puede haberse convertido en un ídolo que te quita la vida.

Disfruta, sonríe: esto es Facebook, no la vida. No lo conviertas en algo más importante de lo que es.

Luis Pino Moyano.

Sobre la participación de Hormachea en la franja de Kast.

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  • Hormachea tiene todo el derecho a apoyar y definirse políticamente por un determinado candidato. Eso, como primera cosa. No es un mal en sí mismo participar como cristiano en la política.
  • Lo que complica es que use su posición de “influyente” conferencista evangélico para generar una cooptación clerical. Un líder no puede comprometer la conciencia de los demás creyentes, señalando que una alternativa es más cristiana que otra. Es un infundio decir que tal o cual candidato representa el proyecto histórico del Reino de Dios.
  • ¿Hasta cuándo reducimos la discusión valórica a lo sexual? ¿Acaso no es valórica la discusión respecto a mejores condiciones de trabajo, salarios y pensiones dignos, acceso universal a la educación, y un largo etcétera?
  • No deja de llamarme la atención que muchos que se escandalizan con lo de Hormachea en la franja de Kast, hagan lo mismo reprendiendo o burlándose de hermanos que tienen una opción electoral aparentemente “menos cristiana”. Ojalá esto nos llame al respeto en la divergencia, a un clima de amistad cívica en la iglesia y la sociedad, a una lectura más profunda de la Escritura, a la oración por el país, y por supuesto, al trabajo que glorifica a Dios en el mundo.
  • Lo que es más grave, a mi gusto, en términos teológicos es supeditar el triunfo de Dios a un resultado electoral que poco cambia. Dios es providente y mucho más sabio y poderoso que nosotros. Un día todos los gobiernos de la tierra caerán, y el Reino de Dios permanecerá firme. Nuestra esperanza no está en actores o proyectos políticos de diverso color. Nuestra esperanza es escatológica y está en Jesucristo.

Luis Pino Moyano.

Calvino y la Reforma necesaria.

Congregation Inside Cathedral with John Calvin

Luis Pino Moyano[1].

¿Por qué recordar a Juan Calvino a 500 años de la protesta de Lutero con sus 95 tesis? ¿Se le quiere quitar en algo la figuración a Lutero en esta celebración? La realidad es que no, estamos muy lejos de acometer una empresa como aquella. Lutero es sin dudas el protagonista más preponderante de la Reforma del siglo XVI. Pero aquello, no obsta para señalar que la Reforma no se limita a un acontecimiento histórico, sino que es, más bien, un proceso de más larga data, que con el paso del tiempo, tuvo implicaciones más radicales. Calvino es una buena muestra de aquella acentuación de la Reforma toda vez que el, desde su producción teológica, sus exégesis y sus aproximadamente cuatro mil sermones dio paso a una cosmovisión, en tanto filtro para el análisis de todo cuánto sucede a nuestro alrededor y como un sentido de la vida, en el caro decir de Juan Mackay, que nos hace ser parte del mundo como “teatro de la gloria de Dios”. A su vez, es uno de los aportes que quienes somos calvinistas podemos realizar en esta celebración y recuerdo del inicio del camino a la Reforma.

¿Por qué hablar de la Reforma necesaria según Calvino? El título de esta comunicación es un guiño al tratado del teólogo de la Reforma titulado “La necesidad de reformar la iglesia”[2], que tuvo como destinatario principal al Emperador Carlos V y los príncipes y otras autoridades reunidas en la Dieta en Spires realizada en 1544, en este interés de dar a conocer las verdades del protestantismo a los magistrados civiles, para que no se viese a esta nueva corriente como un elemento disruptivo y cismático del cristianismo histórico. Algunos años antes fue este mismo propósito el que le alentó a dedicar una carta de presentación de su “Institución de la Religión Cristiana” a Francisco I de Francia, en la que señaló que: “La Iglesia de Cristo ciertamente vivió, y vivirá en tanto que Cristo reine a la diestra del Padre: con su mano es sustentada, con su favor es defendida, y con su poder es fortificada. Él sin duda cumplirá lo que una vez prometió: qué él asistirá a los suyos hasta la consumación del siglo. Contra esta Iglesia nosotros no queremos hacer ninguna guerra. Porque de un consentimiento y acuerdo, todo el pueblo de los creyentes reverenciamos y adoramos a un Dios, y a un Cristo Señor nuestro, como siempre fue por todos los creyentes adorado. Pero ellos en no menor forma se han alejado de la verdad cuando no reconocen por iglesia sino a aquella que a simple vista ven, a la que quieren encerrar dentro de ciertos límites en los que ella nunca estuvo encerrada”[3]. Ambas invitaciones tuvieron la finalidad de mostrar la seriedad de la empresa reformada, en otras palabras para mostrar la tarea de restaurar a la iglesia, sacándola de su miserable condición y, a su vez, defendiendo la sana doctrina.

La Reforma era una necesidad, toda vez que se era urgente el rescate de la doctrina bíblica, y con ella, de la adoración la salvación, los sacramentos y el gobierno de la iglesia. En todas estas expresiones del cristianismo se daba abuso, mala administración y tiranía. Por lo que los cambios comenzados por Lutero, y de los cuales el mismo Calvino se consideraba un continuador, se leían como remedios apropiados que debían ser, siguiendo la metáfora farmacológica, “consumidos” en forma inmediata.

Veamos brevemente los asuntos que ameritaban Reforma para Calvino:

1. La adoración. Para Calvino este no era un tema secundario o periférico sino fundamental, porque reporta el modo en que Dios debe ser adorado y el origen de nuestra salvación. Entonces, el rescate parte por el fundamento de nuestro culto, es decir, el reconocer a Dios como Él es: fuente de toda virtud, justicia, santidad, sabiduría, verdad, poder, bondad, misericordia, vida y salvación. La adoración siempre debe ser entendida como una negación del yo. Por eso es que el énfasis de la teología reformada no se halla en cinco puntos, sino en la idea de que Dios es y debe ser glorificado en todo. Y esta glorificación, entre otras cosas, busca tener a Cristo como único mediador entre Dios y los hombres. Por eso el culto reformado debía ser piadoso, eliminando imágenes mentales y físicas de lo que es imposible asir con el intelecto, y suprimiendo todo intento de volver a una suerte de promoción judaizante que se centra en sombras que ya fueron completadas con Cristo que es la luz. La regulación del culto en Calvino no tiene que ver con normas estáticas como algunos calvinistas recientes parecen suponer, sino una bandera de libertad frente a normas ajenas a las Escrituras. Decía Calvino que: “Dios ni habita en ceremonias, ni pone valor alguno en ellas, si se consideran sólo en sí mismas; sino que Él mira la fe y la sinceridad del corazón; y que el único fin por el cual Él las ordenó, y las aprueba, es para que puedan ser ejercidos limpios de la fe, de la oración y de la alabanza”[4]. Dios se complace en la obediencia de su pueblo, por lo que un culto corrupto sólo genera la falsa esperanza de la tarea cumplida, llevándonos a olvidar que ante Dios no somos más que mendigos vulnerables necesitados cada día de su gracia.

2. El origen de la salvación. Para Calvino, como para los reformadores, era un error creer que había obras que nos lleven a recibir la salvación. Es una herida mortal para la iglesia cerrarse a creer en la sola gracia. El reconocer a Cristo como salvador y mediador produce descanso y paz, porque sólo en él se tiene la certeza del perdón. Para Calvino somos incapaces de salvarnos y esto frente a un Dios totalmente justo. Por eso es que el moralismo es un error en la teología calvinista, puesto que invita a poner la mira en los pecados vulgares y visibles, sin pensar en lo mortal y profundo de todos nuestros pecados. Es por esto que el teólogo francés proponía “es que Dios nos reconcilia a sí mismo, sin tomar en cuenta nuestras obras, sino solamente a Cristo; y por una adopción gratuita, en vez de hijos de ira, nos hace sus propios hijos”[5]. Cristo satisfizo la ira de Dios en la cruz y conquistó nuestra redención. Inclusive las recompensas del día final por nuestras obras serán por el puro afecto del Dios de la vida.

3. La administración de los sacramentos. Esto fue un tema muy relevante, particularmente el de la cena del Señor, para los reformadores. Calvino poniendo su vista en la misa señalará que ésta es una performance en la que hay un sacerdote apartado de la comunidad, que come y bebe, mientras la congregación, por mero capricho, sólo come, olvidando que la finalidad de los sacramentos consiste en tomar nuestra mano y dirigirnos a Cristo. Por eso, se debe volver a la simpleza del mismo, desconfiando de cualquier rito externo carente de sentido bíblico, lo que lleva a eliminar la procesión de la hostia y la idea de transubstanciación, y a restaurar la copa al pueblo. El sacramento tiene el misterio, pero eso no obsta a la explicación. Por ello, nuestra mirada de los medios de gracia deben hacernos mirar qué y cuán excelente fruto es el que de allí redunda para con nosotros, y cuán noble es la prenda de vida y salvación que nuestras conciencias reciben de esto”[6].

4. El gobierno de la iglesia. Calvino creía que el objetivo del ministerio pastoral era la edificación de la iglesia con la sana doctrina. Esto conlleva la promoción de un buen testimonio, sustentando en la idea de que los pastores se entiendan como embajadores de Dios y no como gobernantes por sí mismos. El creerse gobernantes por sí mismos conduce a la tiranía eclesiástica y a la mejor excusa de la misma: el sometimiento al Espíritu Santo, generando la tiranía más terrible que es la que produce peso en la conciencia y desautorización de la Palabra. Por el contrario, el pastor debe ser maestro, ministro y guardián fiel de la sana doctrina. De ahí que Calvino declare que “Si un perro ve que se le hace daño a su amo –tanto igual al insulto que se le hace a Dios en los sacramentos- ladra al instante, y expone su vida al peligro cuánto antes, que permitir silenciosamente que su amo sea así maltratado. ¿Deberíamos nosotros mostrar menos fidelidad a Dios que una bestia suele mostrar al hombre?”[7]. El celo por la gloria de Dios es lo que debe hacer que los ministros trabajen y tomen riesgos y no su propia fama. Por eso es que el pastor no debe estar centrado en otras preocupaciones. Para Calvino esta era una regla ministerial: “Que no se envuelvan a sí mismos en asuntos seculares, que no hagan excursiones lejos de sus iglesias, que no se ausenten por mucho tiempo”[8]. El rechazo y la persecución son síntoma de estar realizando bien el trabajo y no algo por lo cual llorar en público y a destajo.

Esta es la Reforma necesaria de Calvino, una en la que Cristo es cabeza sobre todo, en la que la Santa Biblia es creída y predicada, una en la que se vive la libertad de aquellos que han sido reformados, una en la que aquellos que son reformados por el Espíritu, es decir renovados por su acción, dan fruto. Esta es una reforma que nace de la iglesia y que se extiende fuera de sus muros, donde también Dios debe ser glorificado, pues la libertad que viven aquellos que han sido redimidos por Cristo es integral y total. Ejemplo de esto es lo señalado por Giorgio Tourn en su biografía sobre Calvino, cuando releva la influencia de su pensamiento en Ginebra, señalando que: “El mayor éxito de Calvino fue haber creado en Ginebra un nuevo tipo de ser humano, ‘el reformado’, y de haber diseñado los primeros trazos de la futura civilización moderna. Mientras que la Contrarreforma católica llenó a Europa de iglesias barrocas y de pinturas, Ginebra imprimió libros y educó a sus hijos en el colegio. Mientras los nobles italianos y españoles, creyendo representar una realidad política permanente fueron de corte en corte y de fiesta en fiesta, desperdiciando el poco dinero que poseían, los pequeños ginebrinos aprendieron que no se honra a Dios con procesiones y con catedrales o con batallas contra los turcos (Lepanto), sino desarrollando una vida honesta y laboriosa, y que no se es un ciudadano responsable únicamente en la edad adulta sino que también el joven estudioso puede hacer bien sus tareas”[9].

 Ser reformado es más que declarar un par de ideas verdaderas y coherentes. Es una cosmovisión y un sentido de vida. Una expresión de fe que se proyecta del culto a Dios a la vida toda.


 

[1] Licenciado en Historia con mención en Estudios Culturales de la Universidad Academia de Humanismo Cristiano. Plantador de la Iglesia Refugio de Gracia. Comunicación presentada en el “Conversatorio sobre Protestantismo”, organizado por la Corporación Sendas, Pensamiento Pentecostal y el Seminario Teológico Presbiteriano, el 24 de agosto de 2017.

[2] Juan Calvino. La necesidad de reformar la Iglesia. Edmonton, Landmark Project Press, 2010.

[3] Juan Calvino. Institución de la Religión Cristiana. Tomo I. Rijswik, Fundación Editorial de Literatura Reformada, 2006, pp. XXXIV, XXXV. Hice una actualización del lenguaje.

[4] Calvino. La necesidad… Op. Cit., p. 39.

[5] Ibídem, p. 49.

[6] Ibídem, p. 57.

[7] Ibídem, p. 82.

[8] Ibídem, p. 59.

[9] Giorgio Tourn. Juan Calvino, el reformador de Ginebra. Barcelona, Editorial CLIE, 2016, p. 86.