Ser evangélico y estar separado.

Nadie se separa de la noche a la mañana. Es una decisión sumamente difícil y dolorosa. Y profesar la fe evangélica no facilita las cosas, ni en la teoría ni en la práctica. ¡Y menos mal que no creemos que el matrimonio sea un sacramento! Sí, yo sigo creyendo en todo lo que dice la Biblia sobre el matrimonio, que “es un estado honorable, instituido por Dios […] y nos significa la unión mística que hay entre Cristo y la Iglesia. Este santo estado Cristo lo adornó y lo hermoseó con su presencia y con el milagro que hizo en Caná de Galilea, San Pablo lo recomienda como digno de honor entre todos”. Esta cita la tomé del ritual que leyó el pastor que impetró la bendición nupcial, y que ha acompañado tantas otras desde los orígenes del anglicanismo, pasando por el metodismo de Wesley y llegando al pentecostalismo chileno. Y sí, sigo creyendo en que el matrimonio fue hecho para durar. 

Pero en mi caso, como en el de muchos otros y otras que profesan la común fe no duró. Y vendrán otras historias similares. ¿Es triste? Sí. Pero es real. Por eso el protestantismo no consideró el matrimonio como sacramento, porque nunca confundió la realidad con lo ideal, entendió que quienes lo conformaban podían estar animados por un “hasta que la muerte los separe, y que lo que Dios juntó no lo separe el hombre”, pero nunca como modelos terminados, sino como santos pecadores, como personas que cometemos errores, que echamos a perder las cosas a la par de tratar de construir. Nuestras miradas y percepciones de la realidad son atrofiadas u obnubiladas. Y, bueno, hay algunos matrimonios que se acaban por las cláusulas bíblicas relacionadas con la “fornicación”, que en la teología bíblica no sólo incluye el adulterio sino también la ausencia de consentimiento en la relación sexual en el lecho matrimonial (léase, violación); o en aquella donde un/a cónyuge no creyente prohíbe vivir su fe a quien es creyente, porque fuimos liberados no para vivir la esclavitud. A esas cláusulas, podríamos sumar a la luz de la propia enseñanza bíblica, el tema del maltrato intrafamiliar que rompe con el compañerismo que supone el unirse en ese estado honroso (el feminismo occidental porta muchos elementos, quiéranlo algunas de sus exponentes o no, del cristianismo). No todos/as quienes nos separamos terminamos nuestra relación matrimonial por algunas de esas causas. Hay otras que impiden la sana convivencia que no están explícitas en el texto, y ahí está el desafío interpretativo de no confundir mandatos con principios. 

No hay un matrimonio que sea igual, ergo no hay una separación o divorcio que sea igual. Y es ahí donde las iglesias evangélicas, en su mayoría, no están preparadas para trabajar con la separación, por varias razones.

La primera de ellas, es porque los evangélicos tendemos a no escuchar. Y en esa tendencia nos ponemos en el centro, en lo mucho que nos duele que las personas se separen, o en el daño que le puede hacer a la comunidad -sobre todo si las personas son o fueron líderes-. Y sí, es innegable ese dolor y daño, pero esas personas no son el centro en la situación de quiebre matrimonial, sino la pareja que se separa. Son esas personas las que tienen que ser escuchadas, acompañadas, abrazadas, visitadas. Y, por cierto, respetadas cuando no quieran hablar, porque su dolor o rabia es muy grande que prefieren estar acostadas y no querer estar con nadie momentáneamente. Son esas personas, aprovechando el material que nos ha provisto Shakira, quienes pasan por momentos en los que tratan de ver que “no fue culpa tuya ni culpa mía, sino de la monotonía”, para luego vomitar toda la rabia en una “tiradera”. Y si no estás dispuesto a secar lágrimas o limpiar el vómito no estás, simplemente eso. No eres tú, líder de la iglesia el que tiene que ser escuchado o buscado en esas situaciones. No esperes que el dolor sea el que te enseñe a ser más empático y menos moralista.

La segunda razón, es porque los evangélicos no tenemos una pastoral del fracaso. Hablamos y hablamos de la “Sola Gratia”, cantamos fortísimo y armoniosamente siguiendo fielmente la partitura de “Sublime gracia”, pero cuando las personas fracasan o somos indiferentes o somos crueles e implacables. Es triste decirlo, pero yo he visto más crueldad en el mundo canuto que fuera de él. Y sí, puede que me falte calle, pero no deja de ser cierto lo que estoy planteando. De hecho, hay personas que pueden cometer errores mucho más grandes y dañinos para el resto,  pero no tienen el mismo juicio que quienes se separan. Lo que menos necesita una persona separada dentro de una comunidad eclesial es que se le ponga un cartel y una mochila de separado/a, convirtiéndole inmediatamente en un paria, en una persona leprosa que tiene que caminar a la distancia gritando “¡separado, separado!” en vez de “¡inmundo, inmundo!”, aunque a la larga eso termine pareciéndose. Pero tampoco esa persona necesita ser entendida como víctima, como “pobrecito/a”. Nada de eso le ayudará a levantarse. Nada de eso le fortalecerá. Nada de eso será un acto de gracia. La gracia redime, limpia, levanta. Asume la hermandad y el compañerismo, aunque traiga costos. Nos falta leer la genealogía de Jesús y esa historia llena de familias disfuncionales, para entender que Dios escribe recto sobre nuestras líneas torcidas. Prefiero mil veces a quien con simpleza dice que “uno es bueno hasta que es malo”, que toda disquisición teológica ortodoxa a la que le falte compasión y hospitalidad.

La tercera razón, es porque la estructura eclesial en la mayoría de los contextos evangélicos no tiene instancias para las personas separadas o divorciadas. Hay para jóvenes, donde se presupone la soltería y un límite de edad, o para gente casada, ya sea en reuniones de varones o mujeres (en algunas iglesias estas instancias están abiertas sin depender del estado civil) o de encuentros matrimoniales. ¿En que instancia cabe una persona separada o divorciada? Puede que no haya voluntad de esto, pero a la larga, por comisión u omisión, hay un acto excluyente. El desafío de las iglesias no es moldearse por lo que es más cómodo o reputado, sino a la realidad que está viviendo, en la que personas que no son modelos terminados viven la fe en comunidad. Y esto es grave. Porque una iglesia que no está preparada para ser la comunidad real está caminando a pasos agigantados a su sepultura. 

La cuarta razón, es que el mundo evangélico no concibe a una persona creyente que esté enojada con Dios. Sí, no estoy diciendo ninguna herejía ni blasfemia: ¡enojo con Dios! Aquí no nos falta calle, nos falta Biblia, libros poéticos a la vena. ¿O no has visto a Job, David o al Qohelet estar realmente enojados con Dios? Si te sirve, durante varios días he sentido eso. He estado enojado con Dios por lo que me pasó. Y sí, se me pasa, y le digo algo así como “sé que no eres tú, soy yo”. Pero esa sensación no deja de ser real. Si una persona evangélica me dice que siempre ha “andado de gloria en gloria”, orando sin cesar toda su vida, viviendo una espiritualidad plena y cotidiana durante toda su experiencia cristiana, se merece el premio a la mentira más grande. Nadie vive así siempre. No por nada la Biblia invita a volver al primer amor. Y, por cierto, no hay espiritualidad cristiana sin sentido de la vulnerabilidad, sin “volver a sentir profundo como un niño frente a Dios”, como cantara Violeta cuando quería volver a los diecisiete. 

Y la quinta razón que veo (¡pueden haber más!), es que el mundo canuto del que soy parte no está preparado para ver personas separadas que vuelven a hacer sus vidas, sea en la soltería como una opción o conociendo a una persona en una nueva relación. Y eso, porque incluso quienes son mayores de edad son vistos como personas incompletas si no se casan. Cuando yo cumplí 20 años y me veían conversar con una chica me llenaban de preguntas del estilo “¿Y cuándo se va a casar?”. Preguntas que no sólo incomodan, sino que pueden dañar a personas que están viviendo dolores amorosos. Pero por sobre todo, porque una persona está completa en su integridad como persona independientemente del resto. Ahora, toda esa mirada entra en colisión cuando alguien que se ha separado quiere empezar una relación con otra persona, soltera o separada. “Sigue casado/a ante los ojos de Dios” es la mentira más grande dicha, porque no se sustenta en lo que enseña la Biblia. El pacto matrimonial roto está terminado. Las personas que se separan pueden rehacer sus vidas porque son solteras bíblicamente hablando. Y ojo. Nadie se casa de inmediato (por lo menos, no por obligación). La persona separada cuando tiene el ánimo de sacarse el cartel de separado/a, tiene todo el derecho a vivir el día a día, a disfrutar el conocer a otra persona y sentir la mismas sensaciones que sentía antes de casarse o en los primeros años del enamoramiento con la madurez del venir de vuelta. Ayer, una persona muy querida me dijo que “no podemos cambiar el camino de una hormiga y estamos pensando en mañana”. Si te separaste, Cristo con su gracia te viste con ropas nuevas como al pródigo y te libera para comenzar de nuevo, con todo el vértigo del viento en la cara que da la libertad.

A estas alturas del partido, esto ya no lo escribo por mí. Ya fue. “Yera”, como dice la juventud actual. Lo escribo por y para quienes están pasando por el momento de la pena y la rabia de haberse separado y quienes la vivirán. Nadie se merece leyes del hielo y tratos ausentes de compasión. 

Como diría Charles Swindoll en el libro más revolucionario que he leído en mi vida: “una cosa es creer en la gracia, otra cosa es vivirla”. Hay mucho por hacer.

Luis Pino Moyano.

Pelé y Ratzinger: el fin de una época, el fútbol y el goce del quehacer. 

Pelé murió el 29 de diciembre de 2022. Dos días después, el 31 de diciembre, Joseph Ratzinger expiró. Han pasado algunos días del fin de las historias de dos actores y testigos de una época que traspasó el siglo XX. Ambos sujetos fueron hijos del rigor, les costó llegar donde llegaron, pero deslumbraron desde su juventud. Pelé lo hizo a los diecisiete años de edad, cuando fue bautizado como “el niño maravilloso de Suecia”, en el primer mundial que ganaba el Scratch, en el que no sólo aportó con su vigor y talento, sino con seis goles, la mitad de los que marcó en jornadas mundialeras. Por su parte, Joseh Ratzinger a los 25 años ya era profesor en un seminario y en 1959, siete años después, era profesor de la Universidad de Bonn. No fue sorprendente, entonces, que para el Concilio Vaticano II, el momento en que la Iglesia Católica Romana entraba a la Modernidad, el teólogo sirviera como asesor, protagonizando importantes debates. 

Dos hijos predilectos dentro de sus oficios, en tanto arte que se ejecuta con las manos (o con los pies): uno en las canchas de fútbol, el otro en las aulas teologales. Y desde esos lugares fueron testigos y protagonistas de los vientos de cambio del mundo, de revoluciones y dictaduras militares que impactaron no sólo la política, sino también la economía, la cultura, las artes, y por cierto, la forma de concebir la teología y el deporte. Sus acciones en sus áreas de quehacer pasaron del blanco y negro al color. Ambos jugaron de blanco en sus respectivas canchas: Pelé en el Santos, Ratzinger como Benedicto XVI, de Papa. Pelé de blanco, marcó muchos goles que lo llevaron a ser nombrado “tesoro nacional” en su país, Ratzinger, movió los hilos para abrir los primeros juicios a importantes actores del clero por pedófilos o por negocios turbios al alero del Banco del Vaticano. Amados y odiados. No se puede ser indiferentes ante Pelé y Ratzinger. Y sí, puede sonar drástico, pero con la muerte de ambos, muere también una época. 

Pero, además de la época en común, ¿podríamos trazar otros nexos entre el jugador brasileño y el teólogo alemán? Creo que a lo menos hay dos ejes que podrían ser vislumbrados: el fútbol y el goce en el quehacer. 

La dimensión futbolística de Pelé es demasiado clara. Como señala un libro sobre grandes jugadores en las citas mundialeras, Pelé era “Un atleta completo. Veloz, potente, pateaba y gambeteaba con las dos piernas, poseedor además de un juego aéreo sobresaliente. Ninguna faceta le quedaba chica, con una fortaleza física y anímica incontrarrestable. Nadie ha podido hacer lo que él hizo en la cancha, sobre todo en tiempos en que la violencia campeaba y amenazaba a los talentosos. Goleador, jugaba y hacía jugar. En resumen, O Rei” [1]. Prueba de ello, es que haya hecho 1283 goles en 1367 partidos, lo que le valió el apelativo del “rey del fútbol” y ganado tres mundiales con su selección. Pelé era increíble. Basta ver los vídeos de YouTube con las compilaciones de jugadas y goles para saberlo. Si bien la hipótesis de un vídeo, viralizado estos días, que le muestra como creador de todas las grandes jugadas que otros cracks hicieron en la historia es riesgosa, porque hay tantos grandes jugadores de los que sólo tenemos memorias o crónicas periodísticas en formato escrito, no obstante es indudable su talento. Nadie, inclusive los maradoneanos más acérrimos (como quien suscribe estas líneas) puede negarlo. Yo escuché de niño a mi tata y a mi papá hablar de Pelé. Ese conocimiento aumentó con libros de fútbol y con una película donde Pelé le enseña a jugar fútbol a un muchacho estadounidense (algo así como “Retroceder nunca rendirse jamás”, pero en versión fútbol -Pelé y Bruce Lee pueden ser analogados-). De tanto visto y escuchado, cada vez que dicen Pelé, dentro de todas sus grandes jugadas y goles, pienso en dos momentos, ambos del Mundial de 1970. Uno terminó con el balón dentro de las redes. El otro ha sido llamado “el gol que no fue”. Final del Mundial, gran jugada de Brasil que parte desde el campo propio. La tocan Clodoaldo, Rivelino, Jairzinho y Pelé, quien recibe el balón fuera del área grande. Podría haberle pegado al arco o haberla tocado a Tostão que estaba dentro del área, frente a él. Pero la toca al vacío en diagonal, para que aparezca Carlos Alberto y con un cañonazo marque el cuarto gol de Brasil contra Italia. La mejor jugada colectiva de la historia de los mundiales, lejos. El otro momento, es en el partido contra Uruguay, en el que Pelé arranca en solitario y recorta al arquero Mazurkiewicz pasando el balón a la derecha cuando él avanza hacia la izquierda. Pelé avanza hacia el balón y le pega con la derecha fuerte, abajo y cruzado, para que el balón pasa rozando el vertical izquierdo. Cuando jugaba a la pelota con amigos, esa siempre fue la jugada que soñé hacer. 

¿Y qué relación tiene el fútbol con Ratzinger? El teólogo, no sólo fue un reconocido hincha del Bayern München fue comentarista de fútbol para el Mundial de 1974 e hizo una charla sobre este deporte con ocasión de la cita planetaria en Argentina 1978, titulada “El entusiasmo por el fútbol puede ser algo más que mera diversión”. Allí Ratzinger señala: “El juego sería también una especie de anhelado retorno al paraíso, la salida de la seriedad esclavizadora de la cotidianidad y sus preocupaciones vitales, hacia la libre seriedad de aquello que no tiene que ser y por ello es hermoso. […] Todo esto se puede pervertir con una lógica comercial, que somete todo a la estéril seriedad del dinero y transforma el juego en una industria, que genera un mundo ilusorio de terribles dimensiones. Pero incluso este mundo aparente, no podría subsistir si no hubiera una razón positiva, que está en la base del juego: el ejercicio de la vida y la superación de la vida en dirección de un paraíso perdido” [2]. Fíjense a qué compara con el fútbol este teólogo: al paraíso perdido. Al lugar donde la “libre seriedad” permite encontrarse con lo hermoso, con la vida por sobre la seriedad de la muerte. Belleza que es opacada cuando el mercado se apodera del fútbol haciendo que la pelota se manche, aunque con su fuerza creadora y subversiva, el anhelo del paraíso sigue sobreviviendo. Palabras que tienen más razón en 2022, a propósito del Mundial de Qatar, manchado en la previa con explotación y muerte, pero que en la cancha durante un mes nos mostró un gran torneo, el mejor que muchos hemos visto. A partir de otro texto, el cientista social Fernando Mires, reflexiona sobre la teorización futbolística de Ratzinger, a propósito del gol con la mano de Maradona a los ingleses en México 1986. Dice: “Maradona sabía que había marcado el gol con su mano y no con la mano de Dios. Para un teólogo rigorista, Maradona habría incurrido en un doble pecado. Primero: mintió, y segundo: ‘nombró su santo nombre en vano’. Pero quienes entienden de fútbol, seguro, aunque sean rigoristas, ya lo han perdonado. Y quienes sienten a Dios, como Benedicto XVI, quizás también. Porque de una manera u otra, Maradona estaba diciendo, a quienes le escuchábamos, que existe una mano de Dios en nuestra vida y que a esa mano invocamos cuando más la necesitamos. O por lo menos -como dio a entender Maradona- que quisiéramos que la mano de Dios aparezca en el juego de la vida, y no nos dejara tan, pero tan solos, como a veces nos sentimos” [3]. El fútbol nunca hace olvidar la providencia y la gracia. 

El otro eje que une a Pelé y a Ratzinger es el goce en el quehacer. Pelé era un jugador que gozaba del fútbol, al que colocaba todo su talento, fuerza, sentido colectivo y alegría. Pelé era de esos jugadores que sonríen. Por eso, su juego genera hasta el día de hoy tanta adhesión. Eduardo Galeano lo sintetiza de la siguiente manera: “Quienes tuvimos la suerte de verlo jugar, hemos recibido ofrendas de rara belleza: momentos de esos tan dignos de inmortalidad que nos permiten creer que la inmortalidad existe” [4]. Por su parte, Ratzinger es un teólogo que no sólo habló, sino que escribió y debatió. Y lo hizo por el amor que sentía por la verdad que estaba afirmada en su corazón. El teólogo que hablaba gozando del fútbol es el mismo que debatía erudita y fervorosamente con Habermas. Su “Introducción al cristianismo” y su trilogía sobre la vida de Jesús de Nazaret ameritan ser leídas profusamente por su erudición y lectura preclara de la Biblia y la teología. Vuelvo a citar a Mires, quien plantea que: “Leer a Ratzinger será siempre un placer para el intelecto, un gusto para el entendimiento, y una alegría para el corazón. La palabra de Ratzinger nunca es fariseo. Su retórica está muy lejos de aquel guardián celoso de la fe que han construido los medios de comunicación. En el fondo de cada argumentación suya, hay una transmisión de inocultable amor, por Dios, por Jesús, por la vida, por los humanos” [5]. Ver jugar a Pelé y leer a Ratzinger son placeres de la vida porque su juego y su teología, respectivamente, son fruto de la alegría, de aquello que apasiona, de lo que entusiasma en el sentido etimológico de la palabra, pues es Dios llenando con su gracia común a sujetos en su quehacer. 

Como maradoneano me alejé por muchos años de Pelé. Recientemente, un documental de Netflix sobre la figura del astro brasileño me volvió a acercar a él, porque esa fuente fílmica nos lo muestra en su dimensión humana, su grandeza como futbolista, su relación con la dictadura brasileña y la de ésta con el fútbol, pero también releva cómo opositores a dicho régimen pudieron acercarse a ese deporte y amar a Pelé a pesar de ello. Por otro lado, por muchos años estuve lejos de Ratzinger. Sus críticas a la teología de la liberación, a lo que se sumaba la imagen mediática del celoso guardián de la fe ultraconservador, generaban un prejuicio enorme e infundado. Fue la lectura del libro de Fernando Mires, un sujeto que no puede ser sindicado como un intelectual de derecha, la que me permitió contextualizar y conocer al autor y su pensamiento, a lo que se sumó la lectura directa de sus libros. Recomiendo también, a propósito de canales de streaming, la película “Los dos Papas”, que representa, en conjunción entre realidad y ficción, las grandezas y miserias, junto con las fortalezas y debilidades, de Ratzinger y Bergoglio (Francisco), en un buen acercamiento a dos sujetos cuyo conocimiento es imprescindible para entender el mundo de hoy y para reflexionar sobre la fe cristiana en este siglo. A quienes profesamos la fe cristiana no se nos puede pasar por alto la figura y el pensamiento de uno de los principales teólogos del siglo XX e inicios del XXI, quien dijera en 1963 que: “Lo que la Iglesia necesita no son los alabadores de lo establecido, sino hombres en los que la humildad y la obediencia no son menores que la pasión por la verdad, hombres que aman más a la Iglesia que la comodidad y seguridad de su destino” [6]. 

En definitiva, lo que unió a Pelé y a Ratzinger, más que la época, el fútbol y el goce en el quehacer fue el amor que vence la comodidad conformista. 

Luis Pino Moyano.

* Agradezco a mi amigo Carlos Parada su sugerencia de escribir este post uniendo a ambos sujetos de la historia reciente. 


[1] Danilo Díaz et al. Cracks de los mundiales 1930-2010. Santiago, Confín Editores, 2013, p. 79

[2] Tomado de: “Ratzinger sobre el fútbol”. En: http://www.latinitas.va/content/cultura/es/dipartimenti/sport/risorse/giocoratzinger.html (Consulta: enero de 2023). Es la transcripción de la charla del Arzobispo de Munich-Freising, el Cardenal Joseph Ratzinger, en la transmisión «Zum Sonntag», de la Bayerischer Rundfunk, del 3 de junio de 1978.

[3] Fernando Mires. El pensamiento de Benedicto XVI (Joseph Ratzinger). Santiago, LOM Ediciones, 2006, p. 203. 

[4] Eduardo Galeano. El fútbol a sol y sombra. Buenos Aires, Siglo Veintiuno Editores, 2021, p. 152. 

[5] Mires, Op. Cit., p. 10. 

[6] Joseph Ratzinger. Crítica y obediencia. En: https://seleccionesdeteologia.net/assets/pdf/007_07.pdf (Consulta: enero de 2023). Publicado originalmente en Word und Warheit, Nº 17 (1962), pp. 409-421.

Tesis sobre Pedofilia: cuando el discurso justificador se confunde con constructo teórico. 

No es extraño que tesis del año 2016 o del 2020 no sean discutidas de manera inmediata. Son cientos de tesis, año tras año, que quedan en el olvido de archivos virtuales o en anaqueles de biblioteca llenos de polvo, a no ser que en un acto de persistencia de quienes las escriben, se difundan en diversos soportes. Aún así, el público que accede a ellas, sigue siendo limitado. Lo extraño, es que sus propuestas se visibilicen y se discutan en las redes sociales, por personas ligadas a la academia o por la ciudadanía de a pie que decide entrar al debate con mucha pasión, a veces muy alejada del mundo en que se producen este tipo de documentos. Algo tiene que pasar para que esto ocurra. La propuesta tiene que llamar de tal manera la atención que un grupo amplio decida discutirla. 

Eso fue lo que ocurrió este fin de semana, especialmente en la red social Twitter. Dos tesis realizadas en la Universidad de Chile, fueron objeto de la discusión de quienes participan de esa plataforma virtual. La propuesta de sus autores, no sólo llamaba la atención, sino que tienen un carácter que impiden la neutralidad en el acercamiento. Es imposible no posicionarse cuando es la niñez la que se ve en riesgo, cuando los mínimos éticos de la sociedad son obnubilados con sofismas de baja calaña. No es posible ser neutral frente a la pedofilia, sobre todo después de la conciencia generada por las acciones en búsqueda de justicia contra sacerdotes como Karadima o Precht en Chile, o después del movimiento #MeToo y su irradiación por el mundo completo. Al 2022 existen más herramientas y se visibiliza un amplio campo de experiencias en la lucha para erradicar las prácticas abusivas de lo micro a lo macro. 

Es desde ahí que no deja de producir escozor, rabia e incluso asco las propuestas teóricas de Leonardo Arce en “Pedófilos e infantes. Pliegues y repliegues del deseo” (tesis para optar al grado de Magíster en Estudios de Género y Cultura en América Latina, que tuvo como profesora guía a Olga Grau); y la de Mauricio Quiroz en “El deseo negado del pedagogo: ser pedófilo” (Tesis para optar a la Licenciatura en Educación Media con mención en Filosofía y para el título de profesor en la misma disciplina [con estudiantes del ciclo Media, ¡plop!], que tuvo como profesora guía a Marcia Ravelo). Cuando comenzaron a aparecer los pantallazos y en un contexto en el que las fake news son pan cotidiano, muchas personas se preguntaron si estas tesis existían de verdad, y bueno, es allí donde aparecen los links del repositorio virtual de tesis de la Universidad de Chile, en el que se podía hacer lectura de las tesis sin la mediación de otras personas. 

Los pedófilos serían personas de “deseo culposo” que deben exorcizar las culpas de amar a quienes aman, lo que se traduce en niños y niñas de “deseo inquieto” que podrían ser tocados “sin miedo ni culpa”, para conformar el par indisoluble de pedófilo-infante. Que los mejores maestros respecto de la infancia pueden encontrarse en quienes “se encuentran enamorada de ella”. Que la negación del acceso sexual a las infancias es una negación de su potencial erótico, de la que urge su reconocimiento y valoración renovada en tanto “otra vertiente plausible dentro de la comunicación entre infantes y adultos”. Todo esto es parte de lo que plantea Arce. Por su parte, Quiroz postula una tesis de suyo grotesca: él considera que la pedagogía guarda dentro de sí el oculto deseo pedofílico respecto del estudiantado. En este caso, citaré textualmente la parte final de su conclusión: 

“Hoy no es difícil para un alumne encontrar fotos, videos de un profesxr erotizando su cuerpo en redes, incluso haciendo porno. El auge del trabajo virtual  y la pedagogía en redes sociales nos obliga a les profesores a preguntarnos sobre nuestra sexualidad: ¿Qué sucede si un alumne se masturba con mi cuerpo virtual? ¿Qué dice de mí, un adulto y profesor, si no dejo de producir porno a sabiendas que alumnes míos lo ven? ¿Hay allí algún deseo pedófilo? ¿Debo recluir aún más mi sexualidad disidente en post [sic] de la sexualidad? ¿Secuestrar el deseo? Internet no solo asegura lo anónimo de un cuerpo sino lo intemporal, les cuerpos no parecen tener edad en lo virtual. 

Dicho todo esto y llegados a este punto, respondamos por fin a la pregunta de Schérer planteada al principio de este texto ¿Qué relación guarda la educación con la pederastia y la pedofilia? Deseo de producción sexual del niñe, pero también del adulto. La educación se ha construido imitando al amante de niñes, pero siempre negándolo. La historia de la educación es una historia de la pedofilia negada”. 

Leo esto y no puedo dejar que incluso entre mis estudiantes de Enseñanza Media encuentro más argumentación que en todas las oraciones lanzadas al voleo por Quiroz. Tanta vulgaridad en un producto académico, para torcer la realidad, al nivel de preguntarse, ante la realidad plausible de la producción de contenido erótico o pornográfico por personas adultas, si acaso hay un deseo oculto por mostrarse frente a quienes son estudiantes, en vez de preguntarse por actos de una voluntad responsable por poner límites en los accesos a las plataformas virtuales propias en relación a menores de edad, y en el cuidado que reconoce la escasa privacidad de lo que circula en el espacio virtual. Y, por cierto, la vulgaridad argumental y perversión de la realidad que considera que el acto de amor necesariamente conlleva el impulso erótico. No hay posibilidad de amar fraternal o amicalmente en una lógica como esa. Como profesor por más de doce años en el sistema escolar me rebelo contra una lógica que entiende que la cercanía con el estudiantado necesariamente niega el reconocimiento del rol en un acto de ocultamiento de la pulsión erótica pedofílica. 

Y lo más importante, me rebelo contra ambas propuestas, puesto que esto que Arce y Quiroz llaman “amor” tiene que ser entendido como abuso de poder. Esa atracción erótica de parte de estudiantes o menores de edad respecto de una persona adulta, que hace que dicho sujeto de derechos vea al otro más grande, poderoso, bello, inteligente de lo que es es una sublimación propia del estar dentro de un círculo de violencia. Justificar a quien se aprovecha de su poder para satisfacer sus deseos egocéntricos es comportarse como Errázuriz y Ezzati frente a los curas pedófilos que estaban bajo su autoridad. Estas tesis operan de manera similar a los discursos negacionistas respecto de las violaciones a los derechos humanos. Son acicate y sostén de la vulneración de los derechos de personas humanas que necesitan un cuidado prioritario: niños, niñas y adolescentes. Es una grosera ofensa a la conciencia cualquier otra mirada. 

Por eso, es grave que el Decanato de la Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad de Chile el día de hoy haga una declaración en la que se señale a la letra: “consideramos que las investigaciones aludidas corresponden a trabajos académicos de corte puramente teórico, que no reportan intervención sobre poblaciones humanas, y que, incluso habida cuenta de lo discutible de su contenido, cumplieron con los requerimientos del proceso de evaluación académica, según lo que está exigido por las comisiones académicas que en su momento tuvieron a cargo la tarea respectiva”. Ya. Es cierto, que en las tesis relacionadas con el campo de las humanidades y las ciencias sociales se evalúa el levantamiento de un problema de investigación y de una hipótesis, junto a la coherencia del desarrollo argumental establecido por éstos a lo largo de la tesis, sin juzgar las conclusiones a las que llega quien realiza la investigación. ¡Pero hay mínimos éticos! ¿O se va a sustentar un buenaondismo de la no-intervención cuando se plantean cuestiones que son gravosas para nuestra sociedad? ¿Cómo quienes fueron profesoras guías de estas tesis se mantuvieron en dicho rol durante el proceso conociendo los alcances de estas investigaciones? ¿Cómo en la Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad de Chile no se hizo nada al respecto cuando en esos mismos años profesores fueron objetos de funas por prácticas de abuso o acoso a estudiantes? ¿Cómo la conciencia del abuso, concreta y contemporánea, no hacen nada? ¿Por qué prestarse para afianzar estos bodrios? ¿Desde cuándo en el campo de las Humanidades y las Ciencias Sociales se volvió al positivismo que sustenta la asepsia académica? ¿O la separación del científico del político al estilo Max Weber? Este tipo de investigaciones se sustenta en la mayoría de las ocasiones en la ensoñación de un mundo, de un horizonte de expectativas, y no simplemente en el cumplimiento de un requisito académico, pues quien mide siempre modifica lo medido. Tesis vulgares. Pero tristemente, también, un comunicado paupérrimamente vulgar del decanato. 

No puedo dejar de decir lo siguiente: en mi cotidianidad me relaciono y trabajo con personas que sustentan ideas que son motejadas como progresistas, llámense, personas de izquierdas, que van de un marxismo crítico al anarquismo, feministas, personas que reivindican a las diversidades sexuales, ecosocialistas, etcétera. No conozco a nadie que sustente el tipo de visión que se releva en las tesis de marras. Por otro lado, como trabajador de la educación soy profundamente partidario de una Educación Sexual Integral, que no sólo enseñe cuestiones relacionadas con el cuerpo, sus órganos, las relaciones afectivas y eróticas, sino también el autocuidado y la prevención de prácticas abusivas. Nada de lo planteado puede ser especializado como propio de un sector político, so pena de caer en la bajeza de aprovechar las circunstancias en el debate político. Lo que hay acá es una mirada radicalmente individualista que pierde de vista a la comunidad. Una mirada que no entiende que las personas humanas no somos puro deseo y emociones, sino que en un carácter integral, también somos intelecto y voluntad. Siempre podemos tomar decisiones. Allí, se hace una necesidad pertinente y constante ser conscientes del poder que tenemos, para que conscientemente podamos ocupar dicho poder sin dañar a otras personas. 

El abuso no es amor. Es todo lo contrario. Es el odio que desprecia la humanidad. 

Luis Pino Moyano.


Anexo:

Tesis en PDF: “Pedófilos e infantes. Pliegues y repliegues del deseo”.

Tesis en PDF: “El deseo negado del pedagogo: ser pedófilo”.

Edición posterior, 27-12-2022, 16:45 hrs.

Por fin apareció un comunicado institucional en el tono que correspondía, esta vez de la mano de la rectora Rosa Devés. Esto hace necesario que, siendo la Universidad de Chile una institución pública, y que la temática reviste una grave connotación pública, los resultados del sumario instruido y de los nuevos procedimientos de salvaguarda ética para que investigaciones que hagan apología de cualquier tipo de práctica abusiva no se vuelvan a dar en el tiempo, requieren que sean reportados de manera pública. Se trata de la Universidad de Chile, no de cualquier centro de estudios. 

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Todo es personal.

Una de las tantas escenas de la película “El Padrino” que se han transformado en icónicas, es aquella en la que la Familia está reunida luego del intento de asesinato de Don Vito Corleone. No sólo una vez lo habían intentado, disparándole mientras compraba frutas de manera previa al regreso a su casa, sino que quisieron hacerlo mientras yacía en el hospital. El día y la hora señalados, en que el hospital había sido vaciado, llegaron al lugar, pero estaba Michael, el hijo menor de Don Vito, quien no había sido incluido en las acciones de la mafia, para defender su vida. En dicha ocasión, un viejo y avezado policía que trabajaba clandestinamente para otro Don, McCluskey, le dio un golpe a Mike con tal fuerza, que deformó su cara. Es luego de esto que se da dicha reunión de la Familia. El silencioso Mike comienza a tomar un protagonismo que se denota incluso en un cambio de su voz y de sus ademanes. Él señala que la única posibilidad que tiene la Familia para sobrevivir es matar a Sollozzo y a McCluskey para que luego, junto a otras acciones armadas y comunicacionales, volver a un escenario de beligerancia, al estilo de una “paz armada”. Sonny, el hermano mayor, y Tom Hagen, el Consiglieri de la Familia e hijo putativo de Don Vito, tratan de convencer a Mike para que aminore sus deseos de venganza, porque llevar las cosas a lo personal nublaría la razón. Mike insiste, y señala una de las frases más célebres de la película: “Nada personal, Sonny. Es estrictamente de negocios”. Y así, hasta el día de hoy, muchas personas repetimos la fórmula de “Nada personal, sólo cuestión de negocios”. 

Si bien es cierto, la narración fílmica de Francis Ford Coppola, contó con la autorización de Mario Puzo, la novela pone en la palestra un habla distinto, y con ello, una lógica diametralmente diferente. En el libro, Tom encuentra que hay razón en lo que Mike está planteando, pero trata de insistir que no hubo nada personal en el golpe que McCluskey le había propinado. Allí, el hijo menor de Don Vito y quien le sucedería como Padrino, señaló: “-Mira Tom, no te equivoques. Todo es personal, incluso el más simple y menos importante de los negocios. En la vida de un hombre todo es personal. Hasta eso que llaman negocios es personal. ¿Sabes quién me enseñó eso? El Don. Mi padre. El Padrino. Si alguien perjudica a un amigo suyo, el Don lo toma como una ofensa personal. […] A las personas que consideran los accidentes como insultos personales, no les ocurren accidentes”*. La idea del “nada es personal” es performática, una posición frente al resto de las personas, ya sea por virtudes que parecen en desuso en el tiempo presente, a saber, la cortesía y la precaución. Consiste en el intento de tratar de mantener la cabeza fría cuando el corazón no ha dejado de arder. 

No había leído la novela de Puzo hasta el año pasado. Sólo había visto la película. Y no puedo dejar de decir que concuerdo con su planteamiento narrativo. Cuando comencé la aventura bloguera en 2006 y decidí comenzar una nueva, se trataba de un esfuerzo vital y, por ende, personal. Los blogs son bitácoras virtuales del viaje de la vida, que quieren constituir en un presente constante los recuerdos y reflexiones de un tiempo. Si bien es cierto, en este blog he tratado siempre de decir lo que pienso no sólo como un acto racional sino también con emociones, en la tarea de sentipensar la realidad, son pocos los posts que uno podría denominar personales al estilo de una bitácora de viajes. Éste será uno.

Cuando pienso en que todo es personal, pienso en las relaciones humanas, en las que la indiferencia nunca es la opción. En las que uno se alegra, se entristece, se enoja, se asombra. En las que se lucha por un mejor devenir para uno y para el resto. Pienso en las personas que se ama por las que “se gasta la vida y más”, como diría una canción de un grupo penquista de rock. Pienso en una crianza en la que no puede buscarse algo más relevante que el apego, que hace que el desarrollo, la responsabilidad, la autonomía, vayan creciendo con el avance de la vida, y que por eso, es un mínimo ético una paternidad presente. Pienso en la amistad y esa lealtad que hace que cuando se escucha hablar mal del otro las opciones sean irse del lugar y/o defender a la persona con quien se tiene ese lazo. Pienso en mi trabajo como profe, en el cual hago todo mi esfuerzo por entregar conocimientos significativos y busco propiciar el desarrollo de habilidades, pero sin perder de vista que si hay algo de lo cual mis estudiantes nunca olvidarán es cómo fui con ellos como persona. Porque se puede ser genial en lo que se hace, con una solidez y corrección teórica, pero una persona con sentimientos sucios, con intenciones dañinas respecto del resto. 

¿Qué más personal que cubrirse las espaldas por un acto de lealtad? ¿Qué más personal que asumir el compromiso de buscar el bien del otro aunque el presente común sea una mierda? ¿Qué más personal que el acto de dejarse de creer el centro del universo para escuchar activamente al otro, en sus problemas, y no esperar el turno para ampliar el soliloquio? ¿Qué más personal que encontrarse presencialmente, abrazar y romper la lógica zoom de la distancia higienizada?

Este tiempo duro ha sido el de una explicitación más radical de la idea del Mike de la novela: “Todo es personal”. Porque lo personal no se mide solamente en los momentos gratos de la vida, o en el banquete opíparo de una mesa compartida, sino cuando las papas queman, cuando se sufre, cuando hay dolor, llanto, fracaso. 

Si no se vive así, ni siquiera es negocio. Es puro individualismo.

Luis Pino Moyano.

* Mario Puzo. El Padrino. Bogotá, Penguin Random House Grupo Editorial, 2018, pp. 203, 204.

La derrota y el fracaso.

Sí, hubo fake news, información falsa-falaz-y-parcial en la campaña del Rechazo. Sí, hubo una campaña que bordeó el patetismo con la idea del “rechazo por amor” como eje, financiada con muchos millones. Sí, hubo medios de comunicación de masas que se quedaron pegados y le dieron tribuna a lo peor de la Convención Constitucional, a los adalides del griterío, de la parafernalia y de la performance vacía de sentido, pero que vende. Sí, hubo gente que votó a partir de todo lo ya mencionado sin leer una sola página de la propuesta constitucional, personas que no sólo se concentraron en un puro sector social de la población. Sí, todo eso es cierto. Pero explicar la derrota solamente desde esa variable es un ejercicio autocomplaciente. Podría explicar una parte del porcentaje de la votación, pero no nos permite comprender el nivel de la paliza electoral vivida el 4 de septiembre de 2022. 61,86% vs. 38,14% de los votos.

No es menor escribir estas letras, luego de una semana en la que intenté catalizar la información, reflexiones, penas y rabias, en una fecha tan llena de memoria: 11 de septiembre. Hasta hoy no había encontrado la clave para iniciar mi reflexión escrita. Pero este día me llevó en la memoria a los análisis de izquierdas respecto a lo ocurrido con el proyecto de la Unidad Popular y lo que se comenzó a vivir con la dictadura militar que triunfara un martes en esta misma fecha. Algunos analistas hablaban del fracaso de la vía chilena al socialismo. Otros analistas hablaban de la derrota política y militar de dicho proyecto. Fracaso y derrota como opciones que se oponían en forma binaria entre sí. Desde la distancia temporal y analítica, siempre he considerado que ambas claves podrían dar una perspectiva mucho más global. Y, por cierto, volando en el tiempo hacia el 2022, creo que ambas claves debieran estar presentes a la hora de considerar el hito del 4 de septiembre de este año. 

La opción del Apruebo sostenida por diversos movimientos sociales, partidos políticos y variadas individualidades, fue derrotada por la opción Rechazo. Quienes sostuvieron la opción Rechazo, después de una tremenda derrota electoral, lograron sortear aquello y supieron usar el espacio de la Convención Constitucional con menos del tercio de convencionales como el espacio de campaña. Desde el día 1 de la Convención avizoraron que este órgano sería el móvil revitalizador del Rechazo de salida. Y desde ahí estuvieron en campaña, visibilizando la torpeza política, las performances descontextualizadas, la desmesura, todo eso unido a la exposición de información en ocasiones cierta, en otras parcial y en otras, falsa. Pero lograron instalar una discusión, un sentido común que conforma la realidad, tanto así que quienes eran mayoría circunstancial en la Convención, en muchos casos nadaron en las olas de las respuestas a la minoría circunstancial, olvidando que las fake news operan con los prejuicios a la base, por lo que responderlas te pone a la retaguardia de los procesos. El Rechazo logró activar los miedos atávicos de la sociedad chilena cuando aludía a la seguridad y la amenaza frente a lo propio, pero a su vez, removió el sentido de lo nacional tan arraigado en aquello que algunos han llamado “el alma de Chile”. Y todo eso, hizo clic en las mentes de habitantes de esta tierra, entre los cuales se encontraban varios millones que habían dejado de votar en el contexto del sufragio voluntario. El Apruebo fue derrotado el 4 de septiembre de 2022 por gente de a pie, por personas que con un lápiz y un papel marcaron la opción Rechazo, democráticamente, no con tanques y metrallas como hace cuarenta y nueve años atrás. Y eso es demoledor*. 

Pero la mirada de esa derrota queda inconclusa si sólo se ve a los otros. El Rechazo ganó porque el Apruebo fracasó. Y se fracasó desde el momento en que se pifió el himno nacional, escrito por un joven liberal, Eusebio Lillo, que fue miembro de la Sociedad de la Igualdad con Francisco Bilbao y Santiago Arcos, que fue perseguido por actuar sediciosamente contra el régimen conservador, y que ya más viejo fuera ministro del presidente Balmaceda. Se fracasó cuando el “pela’o” Vade fue descubierto en su farsa cancerígena, en lo que fue un golpe no sólo para la Convención, sino para miles de personas que padecen el rigor de una enfermedad que suena a sinónimo de dolor y muerte. Se fracasó en la desmesura, esa de quien propusiera los soviets como un modelo a seguir (lo que, menos mal, no tuvo siquiera un voto), en el disfraz, en el espectáculo de intrigas y egolatrías cuando se tuvo que elegir a la nueva mesa del órgano constituyente, en el convencional que quería votar desde la ducha. Pero, por sobre todo, se fracasó porque no se leyó bien la realidad chilena. Se fracasó porque se perdió de vista el principio democrático que señala que en dicho régimen triunfa la mayoría pero con respeto de la minoría. Se fracasó porque se construyó un texto larguísimo, en esa gran tendencia nacional por buscar regularlo todo. Se fracasó porque ese texto era un gran collage de identidades particulares, en el que en clave liberal (de izquierdas, pero liberal), individuos se veían más fortalecidos que el colectivo social. Se fracasó porque nunca logró explicarse bien el tema de la plurinacionalidad (cuestión que todavía, a diferencia de los casos de Nueva Zelanda y Bolivia, es tema de debate en los pueblos originarios que habitan el territorio chileno). Se fracasó duramente cuando la iniciativa popular más votada, “Con mi plata no”, no fue incluida en el texto constitucional, considerándola como una opción de derecha, olvidando con ello no sólo el principio democrático de la mayoría, sino también la historia de la seguridad social. 

Y, por cierto, se seguirá fracasando mal después de la derrota del 4 de septiembre, si la gran razón se busca en “los fachos pobres”. Esa identidad que nace desde el ninguneo y de una práctica tan deleznable que en Chile recibe el nombre de “roteo”, sólo devela a quien la enuncia. Decir que el triunfo del Rechazo y la consecuente derrota del Apruebo se debe a “fachos pobres”, que son inconscientes, arribistas o “tontos”, y que por ello se compraron el discurso de la derecha, es de una falta de respeto por el otro gigantesca, que presupone su ignorancia esencial y, a su vez, de una autocomplacencia que les sigue erigiendo, a los autopercibidos sabios derrotados, como vanguardia iluminadora. Eso es, precisamente, no entender nada. Es estar en un estado de embriaguez individualista, ególatra y autocentrada. ¿Dónde queda la dignidad de las personas cuando exhibo con espíritu de funa su ignorancia real o aparente? Lo que hay allí es puro clasismo travestido de progresismo. 

Parafraseando a Gramsci, la vieja Constitución de Pinochet-Lagos estaba muerta, pero lo nueva propuesta constitucional no pudo vivir, debido a todos los fenómenos morbosos que se dieron en el proceso constituyente, sobre todo desde dentro de la Convención. Con todo mi respeto a la gran mayoría de convencionales que hizo bien su trabajo, no sólo en la jornada establecida, sino hasta largas horas de la noche, hay un grupo de convencionales, esos que pululaban en los matinales como si fueran rockstars, entre los cuales hay uno que morbosamente publicó una historia secreta de la Convención (porque claro, es escritor), gente que luego de esta derrota debería tener vergüenza de andar en la calle, puesto que por sus gustitos, falta de inteligencia y realismo político, por su desmesura, hicieron que nos farreáramos la gran posibilidad de tener la primera Constitución escrita en democracia, con el Congreso Nacional abierto, con la oposición libre y sin los militares en el bloque del poder. Nos farreamos la historia. 

Mario Benedetti decía en su poema “¿Por qué cantamos?”, a modo de certeza: “Venceremos la derrota”. Quisiera en estas líneas formular la misma línea poética a modo de pregunta: ¿venceremos la derrota? La respuesta desde la incertidumbre es un “no sé”. Pero, si quisiéramos vencerla deberíamos empezar a decir las cosas como son: a casi tres años del estallido social, Chile no despertó el 18 de octubre de 2019, pues lo que tuvimos fue un “reventón histórico” que expresó el malestar social acumulado por treinta años, no sólo en clave política de izquierdas y/o progresismos variados, sino también en su calidad de individuos y consumidores (“El consumo me consume” de Tomás Moulian cada vez está más vigente). En el collage de la marcha del millón no sólo hubo propuestas, sino peticiones de variada índole. Todo ese movimiento, junto a la crisis azuzada por el desgobierno de Sebastián Piñera, fue catalizada por el Parlamento quien vio en el camino constitucional la salida institucionalizada que derivara en el restablecimiento de la paz social y del encuentro ciudadano. Octubre ya había sido derrotado y lo que se preservó fue el camino político de noviembre. Eso no fue entendido por parte importante de las izquierdas, dentro y fuera de la Convención. Y cuando se opera desde presupuestos irreales lo único cierto es el fuerte choque con la realidad. 

¿Qué queda por delante? Luego de entender la derrota y el fracaso viene la pregunta por el triunfo: ¿quién ganó el 4 de septiembre? Pensar que los partidos políticos de derechas ganaron ese día, junto con decir que el Rechazo de salida sepultó la opción de una nueva Constitución, también puede ser un error. Y si no lo es, puede ser catalizado para que lo sea. La política es el universo de lo abierto, donde no hay fatalismos, en el cual “El éxito no es definitivo, el fracaso no es fatal: lo que cuenta es tener el coraje para continuar”, palabra de Churchill. No se debe olvidar nunca que el 78,28% de votantes, el 25 de octubre de 2020, dijo apruebo a la pregunta “¿Quiere usted una nueva Constitución?”, y ese mismo día, el 79% votó a favor de una Convención Constitucional para llevar a cabo dicha propuesta. Ese triunfo no fue anulado el domingo pasado. Lo que se rechazó fue una propuesta de texto constitucional y no la posibilidad y/o el deseo de tener una nueva Constitución. Tiene que escribirse una nueva Constitución por medio de una Convención Constitucional, en un tiempo más acotado, con un texto mínimo que tenga el sentido histórico de recoger lo mejor de la tradición constitucional chilena, la “Constitución de Bachelet” realizada por medio de cabildos y la propuesta de realizada recientemente. Y aquí, el papel protagónico lo tendrá Gabriel Boric y su gobierno. Luego de hacer los cambios en el gabinete, y sin dejar de lado su tarea ejecutiva llevando a cumplimiento aquellos elementos de su programa que no dependían de la nueva Constitución, Boric tiene en sus manos la tarea de catalizar y conducir el momento constitucional que no terminaba el 4 de septiembre ganara quien ganara.

Huelga decirlo, Lagos tenía razón cuando señaló que el día clave para el proceso constituyente era simbólicamente el 5 de septiembre. También la tuvo cuando dijo “la vida continúa”. Por mi parte, tengo la convicción que el momento constituyente tiene que cerrarse con una nueva carta fundamental escrita en democracia, que ponga fin a la eterna transición construida a imagen y semejanza de Augusto Pinochet y tenga a la vista el país por venir. 

Luis Pino Moyano.

* Debo esta parte de la reflexión a mi colega profesora de historia Tamara Salinas. Aprovecho de agradecer también a colegas y estudiantes con quienes pude reflexionar sobre este acontecimiento, pues me ayudaron a ordenar y producir las ideas que dieron origen a este post. Sin dudas, les eximo de la responsabilidad de mis palabras y sus resultados.

Lo que señala la bandera.

Nota: El post que comparto a continuación lo escribí el día sábado 3 de septiembre de 2022, a modo de respuestas a una entrevista para Emol. Puede leer el registro que hizo ese medio de una parte de mis respuestas junto a la opinión de la historiadora Ximena Prado, haciendo clic aquí. El texto fue editado sólo en aspectos de forma para adquirir el tono de una columna de opinión.

La bandera, junto al escudo y el himno nacional es un tipo de símbolo que recibe el nombre de emblema y que, por ello, tiene como característica la representación. Pero, también recibía otro nombre, que ha caído en desuso con el tiempo: el de “enseña”, es decir, un tipo de símbolo que busca señalar hacia algo. ¿Qué representa y hacia qué señala? La respuesta es: a la nación. Y la nación como concepto tiene otro talante que el de patria, que apela a la tierra de nuestros padres y madres, en este caso, lo que busca es el sentido de una comunidad. Y aprovechando lo que alguna vez señaló Benedict Anderson, la comunidad no existe sin un sentido de homogeneidad, de unidad. El problema de grandes implicancias históricas es que la nación en Chile fue una construcción que superó el período de la Independencia y la conformación de la república: duró todo el siglo XIX, y para fomentarla se ocuparon distintos insumos, entre los que destaca la “historia patria” con su panteón de héroes, la bandera, el escudo y el himno nacional. Por lo tanto, viene a ser un símbolo de la comunidad imaginada por quienes construyeron el estado nacional, pero a su vez, es un símbolo de unidad de la patria por venir, y es allí, donde puede ser transversal a distintos sectores de la sociedad chilena. Y, a su vez, puede tener una significación distinta para quienes en ciertos momentos fueron arrasados por el estado nacional, como los pueblos que habitaron este territorio antes de la conformación de la república. No hay que olvidar que la mal llamada Pacificación de la Araucanía también fue un acto nacionalizador.

Por ello, es que dentro del momento constitucional que vivimos, en la discusión de los emblemas nacionales, me hubiese gustado mucho que se recuperara y se estableciera como oficial aquella bandera en la que se juró la Independencia el 12 de febrero de 1818, una con proporciones áureas y con una estrella solitaria que contiene dentro de ella la Wuñelfe. Ese símbolo es maravilloso, porque allí la perfección de la unidad representada en el emblema que es la bandera se da en la diversidad. Y ahí está uno de nuestros grandes desafíos del presente, cómo ser comunidad reconociendo, valorando, respetando y dando lugar en el espacio público al diálogo y debate desde las múltiples diversidades que se mueven en nuestro país.

Flag_of_Chile_(1818)

Por su parte, la bandera es un símbolo importante, pero no es el único. Quizá sea el más reconocido, porque está presente en colegios y en actos masivos, como en los partidos de la selección chilena. La bandera chilena siempre estuvo muy presente en distintos actos políticos a lo largo de nuestra historia, tanto por partidos de derechas, centro e izquierdas. Basta ver sus banderas y escudos, y el blanco, azul y rojo está muy presente en ellos. Durante las jornadas de protesta nacional abiertas en 1983 en oposición pública a la dictadura uno de los símbolos más prevalentes era el de la bandera. Dejó de serlo en el contexto de las movilizaciones masivas durante los gobiernos de la Concertación. La eterna transición a la democracia es bien responsable de la desafección que un sector de la población tiene hacia la bandera. Y aquí es relevante decir que ella volvió a aparecer masivamente en las calles en las movilizaciones del octubre de 2019 y que estuvo presente en el acto de cierre del Apruebo el jueves pasado, acto que se cerró con la interpretación pianística del Tío Valentín Trujillo. Por eso creo, que no vale la mención de lo positivo o negativo per se. Eso está dado por el uso. Cuando Los Prisioneros cantaron “No necesitamos banderas” en el Festival de Viña el 2003, Jorge González improvisó lo siguiente: “Una bandera es linda cuando juega la selección. / Cuando la dibujamos cuando chicos en el pizarrón. / Cuando Marcelo, Iván o Pizarro meten un gol, sí. / Pero no cuando hay que ir a matar, / allí no es linda, cuando hay que ir a odiar”La bandera se vuelve un emblema vaciado de sentido cuando es apropiada por grupos que hacen apología del odio, que vulneran la memoria de quienes sufrieron los rigores de las violaciones sistemáticas de los derechos humanos. Pero con esas salvedades, la bandera no le pertenece a nadie y nos pertenece a todas las personas que somos chilenas y queremos el bienestar para quienes habitan en este país, connacionales y extranjeros.

Es aquello en particular lo que me hace creer que la performance de “Las Indetectables” en Valparaíso el sábado pasado fue horrible. Una conjunción entre vulgaridad y pobreza mental. El uso grotesco de la bandera siendo defecada e invocando el “aborto de Chile”, procede de un individualismo ególatra que ningunea al resto. Que no tiene en cuenta que la bandera es un emblema importante no sólo para quienes maltratan irrespetuosamente como “fachos pobres”. Por supuesto no está de más decir que la gran desaprobación que recibió esta performance, también respondió al hecho de la presencia de niñas, niños y adolescentes que fueron expuestas y expuestos a este acto.

Junto con ello, no creo que la respuesta a esto se dé en el marco de la fiscalización o el control, aunque hay legislación respecto del uso de la bandera y sobre las ofensas al pudor. Ni la ley ni la fiscalización tienen el poder de cambiar la conducta y las percepciones éticas de las personas. Ahí, lo que debiera ser preponderante es la reflexión. Cómo se conecta el arte con lo político, cómo aquello que se realiza en la esfera pública beneficia o daña la conciencia de las otras personas, cómo suma o resta a la causa en la que creo y trabajo. Esa ausencia de reflexión se hizo presente performáticamente. Antonio Gramsci decía que: “La crisis consiste precisamente en el hecho de que lo viejo muere y lo nuevo no puede nacer: en este interregno se verifican los fenómenos morbosos más variados”. Por eso acá hubo puro morbo que gozó lo individual perdiendo de vista lo societal.

Luis Pino Moyano.

Las epístolas de Ricardo Lagos.

El ciudadano Ricardo Lagos, el mismo que apuntó en pantalla al dictador, que fuese presidente de la república entre 2000 y 2006, y que terminara siendo defenestrado por su propio partido en abril de 2017 en su último intento de candidatura presidencial, sigue siendo un actor político clave. Nos guste o no. Lo evaluemos desde su lucha antidictatorial, o desde la clave del socialismo renovado, o desde una presidencia que comenzó con la idea del primer presidente socialista luego del golpe militar que derrocara a Salvador Allende y que terminó con el aplauso cerrado del empresariado en ese acto litúrgico que es la ENADE, o desde los fiascos del CAE y el Transantiago. Pese a ello o junto con ello, Lagos sigue siendo uno de los últimos bastiones de la política letrada: un político que escribe, que explica latamente y que sigue pensando al país de cuarenta o cincuenta años hacia adelante. Desde dicho prisma, que cuando pienso en el expresidente es el factor preponderante de mi mirada sobre él, sus dos epístolas vienen a ser una contribución al debate político democrático. Sí, porque la política en la democracia no se construye en la negación del conflicto sino en su explicitación en un marco institucional y/o público. Por ello, creo importante analizar dichos documentos

La primera epístola de Ricardo Lagos. 

La primera epístola laguiana fue fechada el 16 de junio de 2022, y tiene como destinatarios Elisa Quinteros y Gaspar Domínguez, en cuya salutación y luego de la formalidad, les refiere como “estimada amiga, estimado amigo”. Un detalle no menor, es que la carta tiene el membrete de la Fundación Democracia y Desarrollo, presidida por Lagos y que es el espacio creado por él para seguir teniendo un nexo con el debate público. La carta es breve, y se dedica en un primer momento a enumerar las ocasiones en las que Lagos contribuyó a la discusión de la Convención Constitucional, ya sea por iniciativa personal o por invitación de algunas comisiones. Luego, y teniendo dicha actuación como precedente, solicita que no se le tenga en cuenta para participar del acto de presentación del texto final de la propuesta constitucional llevado a cabo el 4 de julio, teniendo como causa el aforo del lugar y la prioridad a otras personas que no tuvieron sus mismas oportunidades de participar con antelación. Como el documento que apareció en el espacio público fue escaneado, puede notarse su firma, además de una despedida escrita a mano que señala “con especial afecto!!!”. 

No se corre ningún riesgo interpretativo para señalar que este es un documento triste, pues viene a ser respuesta a la falta de consideración, decencia y cordialidad de la Comisión no sólo a un expresidente, sino a quien tuvo el interés de “colaborar, en la medida de mis posibilidades, con el trabajo de la Convención Constitucional”. Si bien es cierto, Ricardo Lagos es uno de los sujetos claves de los 30 años que son el germen del reventón social de octubre de 2019, como señalé en mi post anterior sobre el proceso constituyente, la discusión sobre la invitación a los expresidentes fue morbosa, pues mostró a los convencionales que se oponían a ella como erráticos, torpes y poco inclusivos a la diversidad. La carta de Lagos visibilizó la falta de cortesía que cuando se manifiesta no quita lo valiente. Es decir, esta carta no es triste por lo que refiere a Lagos, sino en relación a la calidad democrática de la instancia constituyente, que le hace un flaco favor al proceso. 

La segunda epístola de Ricardo Lagos. 

Esta es una carta general, urbi et orbi, y que fue fechada hace dos días atrás, el 5 de julio de 2022, y que fue difundida a través del blog personal de Ricardo Lagos [2]. Al final del texto del blog existe la posibilidad de descargar el documento en formato PDF, lo que ha generado una disputa en redes sociales, puesto que cuando se busca el origen del documento aparece que su autoría corresponde a “jorge correa” [sic]. A mi juicio es una disputa vacua, puesto que Jorge Correa Sutil que en una primera instancia habría señalado no tener nada que ver con el documento, reconoció su participación en los siguientes términos: “En efecto, he conversado algunos aspectos constitucionales con el Presidente Lagos, quien me mostró un borrador escrito, al que le incorporé cuestiones de técnica constitucional. Yo mismo reescribí el texto pero finalmente fue el propio Presidente quien visó algunos aportes y eliminó otros que le planteé. El Presidente Lagos no es pauteable” [2]. Es decir, Correa habría participado como un amanuense, que goza de la libertad editorial de corregir y añadir, pero que no puede visar o declararse como autor del documento, sea cual sea la extensión de lo que haya escrito. El documento está firmado por Ricardo Lagos y eso es lo que termina valiendo. 

Por muy duras que sean las palabras de Ricardo Lagos, hay muchos instantes de verdad en ellas, y es necesario que tengamos en cuenta sus alcances. Enumero:

· Es cierto que el momento constituyente no habrá terminado el 4 de septiembre de 2022, sea que gane el “Apruebo” o el “Rechazo”, y frente a esa coyuntura el gobierno tendrá que abrirse como conductor del proceso y el congreso suscitar en tiempo breve un proceso de reformas, ya sea a la Constitución vigente o a la nueva. 

· La palabra consenso tiene una mala barra producto de su uso hasta el hartazgo por ciertos actores de la fenecida Concertación, pero ella tiene un talante democrático que supone el diálogo honesto, el encuentro con los diferentes sean mayoría o minoría, y el acuerdo que posibilita la sociabilidad. Y si bien es cierto, ninguna Constitución en estricto rigor es “la casa de todos”, es esperable que un texto de dicha índole debiese permitirnos ”dejar de debatir acerca de ella para convivir dentro de ella” [3].

· Lagos señala: “Si gana el apruebo, se debe abrir el debate para incorporar mejoras en el texto. Si gana el rechazo, lo logrado por la Asamblea Constituyente no podrá dejarse de lado, pues hay elementos muy rescatables en su propuesta, que debieran ser incluidos en cualquier Constitución que se escriba en el futuro” [4]. No me referiré a las propuestas de cambio que en los párrafos siguientes menciona el expresidente, pero sí lo haré respecto de la cuestión de fondo. Acá Lagos no está señalando un apoyo a las opciones “Apruebo” o “Rechazo”, sino que está realizando un acto de constatación de realidad. Si gana una opción y no la otra, tal cosa es lo que debería ocurrir, es la lógica discursiva. Lagos sigue en la suya, haciendo política con mayúsculas, pensando en el devenir, en los escenarios posibles, y claro está, quienes están “arriba de la pelota” legítimamente en una de las dos opciones, no logran percibir aquello. Es clave para la acción política construir múltiples escenarios para dotarlos de viabilidad en el futuro. Por eso dice: “El desafío por venir consistirá en construir una buena Constitución que nos una, a partir del texto que resulte vencedor” [5]. Y cierra su carta señalando: “Como otras veces en nuestra historia, Chile podrá hablar con una sola voz interpretando a la inmensa mayoría de chilenas y chilenos, que esperan de este ejercicio un país unido en su carta constitucional para el Siglo XXI” [6]. Lagos no está pensando en la coyuntura constitucional, está pensando en el Chile de cuarenta o cincuenta años más. Y quienes han seguido su carrera política sabrán que esa mirada ha sido una constante en su lectura de la realidad social. 

¿Dónde está el problema?

A mi juicio hay un problema triple. Dos problemas son de quienes leemos los documentos. Y el último, fue suscitado por su autor. 

Respecto de los problemas suscitados por la lectura de los documentos, uno proviene de la intención de encasillarlos en una opción, principalmente la del “Rechazo”. Esto ha generado que personas que a fines de los 80 y principios de los 90 veían a Lagos como un continuador de la Unidad Popular (para lo cual se realizó una de las más sucias campañas políticas en la historia republicana de Chile), hoy se declaren “laguistas”, medio en serio o medio en broma. Y junto a ellos, resucitados actores de la fenecida Concertación (léase, Tarud, Alvear y hasta Landarretche), aprovechándose del capital político de Lagos, salgan a realizar un manifiesto apoyo a la opción “Rechazo”. Por otro lado, figuras laguistas (el también resucitado Escalona), salen a corregir al expresidente en su discurso escrito. ¿Cuántos más se encontrarán con el complejo freudiano de matar al padre por estos días? Pero ese anhelo, surge de un error interpretativo muy recurrente en los tiempos de predominancia de las redes sociales: atribuirles a los textos cosas que no dicen. Lagos no se está posicionando por un “Apruebo” o un “Rechazo” en su segunda epístola, porque no es la finalidad de dicho documento. Por ello, creo que el criterio interpretativo de Gabriel Boric sobre las palabras del expresidente es acertado. Él señaló: “A mi me parece que lo que señala el expresidente, por cierto muy respetable dada su trayectoria, y que pone dos escenarios que son para mí bastante claros. En uno, de aprobarse la Constitución hay que hacerle mejoras, como lo señaló ayer la presidenta de la Convención Constitucional, como lo señaló Gaspar Domínguez también, como yo mismo, como presidente de la república estoy de acuerdo de que hay que tener esa disposición. Y en la otra opción, que es en la que gana el Rechazo, hay que depender del veto histórico que ha tenido la derecha para hacer reformas sustantivas a la Constitución. Es el pueblo el que tendrá que decidir. Yo siempre he dicho que ambas opciones son legítimas, nuestro rol como gobierno es que todos los chilenos y chilenas voten informados, para eso estaremos contribuyendo en la distribución del texto, y ojalá haya un debate con altura de miras” [7]. Esta declaración enfatiza en el carácter de constatación de la realidad que tiene el documento de Lagos. 

Por otro lado, el segundo error de análisis de lectura, proviene de no leer el texto en su contexto. No es la primera vez que Lagos habla sobre la Constitución de 1980, reformada bajo su presidencia en 2006. Y hay un texto capital para referir lo que piensa de la carta fundamental vigente: sus memorias. Las memorias son un tipo de documento que está pensando todo el tiempo en el porvenir, en cómo quiere ser evaluado el testimoniante en el futuro. Y Lagos escribió una muy extensa memoria publicada en dos tomos. En la introducción del segundo tomo, que habla desde el día siguiente al triunfo del NO el 5 de octubre de 1988 hasta el último día de su gobierno el 11 de marzo de marzo de 2006, el expresidente reporta un elemento temporal relevante. Ese tomo se terminó de escribir una semana antes del 18 de octubre de 2019. Entonces, antes del 18 de octubre, en medio del desarrollo de su testimonio, Lagos señaló sobre la Constitución vigente: “Nunca se pensó que la ‘nueva’ Constitución de 1980 – sin los enclaves autoritarios- significaba un orden político perfecto ni una democracia absoluta. Sí, en cambio, pensamos que la eliminación de estos enclaves ya permitía hablar de una democracia estándar; por eso usamos mucho el concepto ‘test democrático’ para graficar el punto. Ese fue el avance logrado con la reforma de 2005” [8].  Después del 18 de octubre, específicamente en mayo de 2020, Lagos señala en una introducción en la que se hace cargo auto-críticamente de la proclama contra los 30 años, lo que sigue: “Dicha Constitución, no obstante sus correcciones ha seguido siendo una camisa de fuerza a la cual hemos tenido que sujetarnos todos los gobernantes. […] Esta Constitución, tan difícil de reformar -sumada a cientos de normas, leyes y reglamentaciones dictadas por la dictadura saliente, y la tenaz oposición de la derecha de modificar en algo las reglas del juego- dio como resultado que los posteriores gobiernos democráticos han debido desenvolverse con este modelo y conseguir, dentro de sus acotados límites, mejorar la calidad de vida de los chilenos” [9]. Por tanto, Lagos reconoce allí las escasas posibilidades para el juego democrático que otorga la actual Constitución, y que las reformas que derivaron de la destrucción legal de los enclaves autoritarios, habría posibilitado con dificultades algunas reformas para el bien de la sociedad, y que ella misma, no es en ningún caso el texto de la democracia por excelencia. En otras palabras, si el Rechazo gana, es ese texto el que se mantiene vigente. Un texto originado en dictadura, al que se le realizaron las reformas que fueron posibles de ser efectuadas, con la fuerza transicional de la derecha mediante. Este juicio a la Constitución que lleva su firma es clave interpretativa para las alusiones recientes del expresidente. 

No obstante todo lo anterior, creo que Lagos ha asumido el problema suscitado específicamente por su segunda carta de manera insuficiente. Cuando se escribe, se tiene que asumir lo que se dice y pedir ser evaluado por aquello, pero también, en la medida que sea necesario, hacerse cargo de lo que se entendió, porque el acto comunicativo se da con otros. Lagos, luego de asentar que el juicio de su carta debe centrarse en la constatación de la realidad, señaló hoy 7 de julio lo siguiente: “habríamos esperado que hubiera un alto grado de consenso, porque en definitiva eso es un proceso constituyente. Y el encono que veo hoy entre el Rechazo y el Apruebo es tan grande, que entonces me rebelo a ser encasillado […] como quiera que yo responda, lo único que va a servir es para ahondar que unos u otros tienen razón. El país me conoce, no escabullo los bultos, los enfrento” [10]. Si bien es cierto, es posible empatizar con Lagos al reconocer el desequilibrio comunicacional respecto de si se opta por el Apruebo o el Rechazo, y que cada cual puede optar legítima y libremente por una de esas alternativas, y junto con ello, reconocer que sus palabras no pueden ser utilizadas como criterio de autoridad a diestra y a zurda sin un ejercicio comprensivo, no es posible llevar a cabo toda su solicitud. Él no puede rebelarse del todo a ser encasillado. Puede no querer estar encasillado en el Apruebo o el Rechazo, pero él ya está encasillado históricamente: socialista, fundador del PPD, expresidente de la república. Entonces, no puede desconocer su propio contexto de enunciación. No es cualquier militante de base de un partido que puede rebelarse contra la línea de su orgánica. Es un militante histórico cuyas palabras están cargadas de dicha densidad. Y si no quiere ser encasillado, habría que señalarle al expresidente que ya lo ha sido por algunos como parte de la opción “Rechazo”. Por ende, lo más coherente para la discusión democrática en su caso no es ser encasillado, sino voluntariamente encasillarse, sea en la opción que su partido ha asumido o en otra decidida por la libre. Su trayectoria política lo hace responsable de ello. 

Si hay algo que queda claro de toda esta discusión es que, a diferencia de lo que algunos han señalado, la política es con llorar y, como el mismo Lagos dijo el día en que fue defenestrado por su partido y al final del segundo tomo de sus memorias, “la vida continúa”. Veremos cómo continúa.

Luis Pino Moyano.


[1] Ricardo Lagos. Declaración sobre una nueva Constitución. En: https://www.ricardolagos.org/2022/07/05/declaracion-sobre-una-nueva-constitucion/#more-1099 (Consulta: julio de 2022).

[2] “Definitivo: Correa Sutil, declarado hombre del Rechazo, reconoce que coescribió la carta de Ricardo Lagos”. En: https://www.elmostrador.cl/noticias/pais/2022/07/07/definitivo-correa-sutil-declarado-hombre-del-rechazo-reconoce-que-coescribio-la-carta-de-ricardo-lagos/ (Consulta: julio de 2022).

[3] Lagos. Declaración… Op. Cit.

[4] Ibídem. 

[5] Ibídem.

[6] Ibídem. 

[7] En: https://twitter.com/T13/status/1544377183560499201 (Consulta: julio de 2022. Corresponde a un tweet de la cuenta del noticiero Teletrece, que tiene un vídeo de una entrevista en vivo a Gabriel Boric el mismo día 5 de julio de 2022, día en que fue publicada la segunda carta de Lagos). 

[8] Ricardo Lagos. Mi vida. Gobernar para la democracia. Memorias II. Santiago, Penguin Random House Grupo Editorial, 2020, p. 795.

[9] Ibídem, p. 18. 

[10] “‘Me rebelo a ser encasillado’: Ricardo Lagos se niega a hacer pública su opción para el Plebiscito y explica el ‘malentendido’ de su carta. En: https://www.theclinic.cl/2022/07/07/ricardo-lagos-opcion-plebiscito-carta/ (Consulta: julio de 2022. Toma un fragmento de la entrevista que será publicada en La Tercera el próximo domingo 10 de julio de 2022).


La primera epístola:

La segunda epístola:

Momento constituyente: El proceso, una evaluación.

“La crisis consiste precisamente en el hecho de que lo viejo muere y lo nuevo no puede nacer: en este interregno se verifican los fenómenos morbosos más variados” [1]. Estas palabras del pensador sardo Antonio Gramsci, muy citadas en la actualidad en diversos análisis políticos, es un muy buen punto de partida para pensar en un proceso de evaluación del momento constituyente. Lo viejo, lo nuevo y el morbo, tan presentes en el Chile post 18 de octubre de 2019 y que se agencian cada día como un criterio de realidad en una etapa transicional que está por verse hacia dónde nos lleva. 

Lo viejo que muere.

Si bien es cierto, cada vez más creo que lo vivido en octubre-noviembre de 2019 no fue un proceso revolucionario ni de revuelta, sino de un reventón histórico, que como tal catalizó el malestar guardado por décadas en la sociedad chilena, que hizo que se nos cayera la máscara del mito de la diferencia en relación a nuestros vecinos latinoamericanos, y que explosionó con a lo menos tres rostros no necesariamente relacionados entre sí: el rostro de la protesta social, el rostro de la violencia reactiva y o de la agresividad performática (léase la primera línea y sus símiles), y un rostro lumpen manifestado en saqueos y otros actos violentos sin móviles políticos. A todo ese marco, habría que sumar la incapacidad de un gobierno de dar respuesta oportuna ante la situación crítica y las acciones represivas en las que ojos cegados por balines policiales son más que un símbolo del abuso de poder, son una atrocidad en sí mismos. 

Y algo hizo cambiar la tecla, sobre todo luego de la marcha del millón, en la que comenzó a aparecer en paralelo a los cabildos autoconvocados en distintos sectores del país, la demanda de un nuevo contrato social. Una nueva Constitución. Y eso marca un hito político, pues ya no era el Chile de Pinochet el que aparecía en el horizonte, sino el de Jaime Guzmán, sostenido por la Concertación, la Alianza por Chile, la Nueva Mayoría y Chile Vamos durante treinta años. Parafraseando al vate, por ellos, los de entonces, que seguían siendo los mismos atados a un documento firmado originalmente por los integrantes de la Junta Militar de Gobierno y los ministros de la dictadura cívico-militar en 1980, y luego firmada por Ricardo Lagos y sus ministros en la reforma que quitó los enclaves autoritarios de ella en 2005. Ese documento con autoría y co-autoría es una metáfora de lo que ha muerto: el orden democrático construido por la dictadura militar y seguido, en continuidad y cambio, por gobiernos de alianza por treinta años. Esa democracia que hizo devenir al pueblo en gente y a la ciudadanía en consumidores agotó su ciclo, en una época en lo que se reclama es una política que dé la cara y en la que exista una mayor participación de las personas. 

La crisis de Chile podría agudizarse después del 4 de septiembre de 2022. Pero no por lo que pase con el Apruebo o el Rechazo, sobre todo pensando en la hipotética posibilidad de triunfo de la última alternativa, sino por el desconocimiento que el ciclo inaugurado el 11 de septiembre de 1973 y consolidado el 11 de marzo de 1990, tuvo su fin el 15 de noviembre de 2019. El 15 de noviembre de 2019, no sólo se marcó el cierre del octubre chileno, sino que se le puso la lápida al orden guzmaniano de la política. El proceso constituyente fue la salida institucional a esa crisis y dicha propuesta bajo la pregunta de “¿Quiere usted una nueva Constitución?”, fue aprobada por un 78,28% de la ciudadanía que votó en el plebiscito del 25 de octubre de 2020. ¿Qué quiero decir con esto? Que si la opción “Rechazo” llegara a ganar, la opción no está en reformar la Constitución de 1980-2005, sino en su modificación por otro mecanismo, porque su orden ya murió. Y su acta de defunción, paradójicamente, también fue firmada por quien era presidenta de la UDI en un acto freudiano en el que se mató al padre. 

Lo nuevo que (¿no?) puede nacer. 

Si bien es cierto, parte importante de lo nuevo que estaría por nacer se encuentra en el texto del borrador de la nueva Constitución, señalo inmediatamente que no me referiré a dicho documento por ahora, pues dedicaré dos posts a dicha temática, uno viendo pros y otro contras del texto. Pero si quisiera señalar algunas ideas a modo de provocación:

· El plebiscito de salida considerará una participación universal y obligatoria, cosa que no ocurre desde las elecciones presidenciales del 2009. Las elecciones municipales de 2012 fueron las primeras en realizarse con padrón universal, con inscripción automática, pero con voto voluntario. Desde hace diez años no sabemos cómo vota la mitad de la población que puede hacerlo. Por lo tanto, más allá de lo que señalan las encuestas que constantemente son promocionadas en los medios de comunicación, hay un margen de incertidumbre muy grande. Dicho de otro modo, existe posibilidades de que gane la opción Apruebo o la opción Rechazo. Reconocerlo y aceptar el juego democrático es un ejercicio clave para quienes creemos en la posibilidad de una sociedad. Pero así como señalé en el ítem anterior que un potencial triunfo de la opción Rechazo no puede impedir la muerte del viejo ciclo, el potencial triunfo de la opción Apruebo no puede asegurar el nacimiento de lo nuevo. Y no sólo por la idea del “Apruebo para Reformar” que sostienen algunos, sino porque existe la posibilidad que este texto no logre perdurar, y sea cambiado antes de lo que se imagina. O, por otro lado, porque dejando tanto margen para la ley, los anhelos de cambios de su espíritu no logren concretizarse en la realidad. 

· En segundo lugar, una pregunta: ¿cuánto de lo nuevo sigue portando lo viejo? Y aquí, ya no citaremos a Gramsci o algún medio de izquierdas, sino a Morgan Stanley y Barclays que desde Wall Street llaman a no tener miedo al cambio constitucional pues el nuevo orden inaugurado por el texto constitucional estaría “promoviendo la inversión y manteniendo un marco fiscal mayoritariamente ortodoxo”, ya que la Convención habría descartado “reformas radicales” [2]. Ergo, ¿muere el fruto político del chicago-gremialismo guzmaniano pero no su fruto económico? ¿Tendremos un neoliberalismo con un estado más fuerte en el plano tributario? Todo eso suena al capitalismo con rostro humano del que hablaban representantes de la vieja Concertación. 

· Y en tercer lugar, lo nuevo tiene mucho que ver con el gobierno de Gabriel Boric. El nexo con el triunfo del Apruebo parece estar más que claro, sobre todo en cuestiones de aplicación del programa. Pero, será mayor su responsabilidad política a la hora de un potencial triunfo del Rechazo. ¿Cómo catalizar la muerte de lo viejo y el nacimiento de lo nuevo en ese escenario? Ese papel no será el de “Amarillos por Chile” ni el de quienes propiciaron más abiertamente la opción Rechazo, o quienes están por el “Apruebo para Reformar”, sino de quien tiene el papel de conducción política, a saber, el poder ejecutivo. Por eso, el gobierno, y principalmente el presidente, no pueden atarse al Apruebo, por más unión histórica, política y simbólica que se tenga con dicha opción. Esa prescindencia será acicate para la templanza necesaria y sentido republicano para afrontar lo nuevo si esto no llega a nacer por la vía plebiscitaria. 

Los fenómenos morbosos más variados del interregno.

Cuando comenzó el proceso constituyente estaba muy animado con el mismo. Esto porque se trataba de una posibilidad histórica inédita en doscientos años de vida republicana: una Constitución hecha en democracia. Por otro lado, claramente, este proceso ha hecho visibles disparidad de criterios en muchas temáticas, con largas discusiones. Esas discusiones no son el elemento morboso, y no tienen por qué serlo. Vivimos en una sociedad tan dañada por la dictadura y la democracia en la medida de lo posible, que generó la idea que la convivencia está sostenida en el tabú, que cualquier intercambio de ideas es leído como enojo, pelea y/o enemistad. Claramente, comisiones elegidas a dedo por gobiernos autoritarios o por un dictador no van a generar discusiones altisonantes por que lo que allí prima es la homogeneidad y uniformidad. 

El morbo está el el Pela’o Vade que falsea un cáncer, usufructuando de su performance doliente para conseguir poder, a la par de reírse en la cara de miles de personas que sufren dicha enfermedad. El morbo está en no cantar y abuchear el himno nacional musicalizado por la Fundación de Orquestas Juveniles e Infantiles de Chile en un adultocentrismo y falta de realismo político de tintes patéticos. El morbo está en el griterío, ordinariez y espíritu de funa de Elsa Labraña o Teresa Marinovic, ambos símbolos de un autoritarismo que no es patrimonio de derechas o izquierdas.  El morbo está en la extinguida Lista del Pueblo llamando a fumar a quienes no son tan rojos como ellos según su desvencijado izquierdómetro. El morbo está en presidentes de comisiones que no sueltan el celular durante la sesión y olvidan a personas que tienen pedida la palabra. El morbo está en convencionales como Logan que no se apersona en el ex Congreso Nacional para cumplir su función. El morbo está en el convencional Nicolás Núñez que pretende votar estando en la ducha. El morbo está cuando en un egoísmo increíble se produce una larga votación para elegir a la nueva mesa de la Convención, teniendo las posibilidades de realizar un proceso limpio y sin las mezquindades de cara al país. El morbo está en convencionales que legítimamente estuvieron por la opción Rechazo en el plebiscito de octubre de 2020, pero que siendo elegidos/as como convencionales no hicieron nada para contribuir al debate con sus propuestas, sobre todo pensando que ahora son partidarios de reformar la Constitución que nunca quisieron modificar. El morbo está en la Comisión de Medioambiente a la que se le rechazó en general y en dos ocasiones su informe en el Pleno de la Convención, por esos fundamentalismos del punto y la coma de las particularidades posmodernas. El morbo está en toda la faramalla causada por la no-invitación a los expresidentes de la república, responsables de “los treinta años”, pero que en la escenificación les muestra erráticos, torpes, poco inclusivos a la diversidad. La sólida respuesta de Ricardo Lagos y las duras dos líneas de Eduardo Frei negándose a asistir a la entrega del borrador final son la coronación a la morbosidad. ¿Hay nivel de superación aún?

Ese morbo lo único que ha hecho ha sido restar. Y eso, no niega que muchos convencionales han hecho el trabajo con seriedad, aportando al debate, trabajando hasta largas horas de la noche, para tener en los tiempos establecidos el trabajo realizado. Todo mi respeto a personas que han contribuido a aquello, de diverso signo: Dámaris Abarca, Ignacio Achurra, Rodrigo Alvarez, Benito Baranda, Marcos Barraza, Alondra Carrillo, Roberto Celedón, Bernardo de la Maza, Gaspar Domínguez, Elisa Loncon, Cristian Monckeberg, Agustín Squella, entre otros/as. Sí, de distinto signo. Porque han contribuido al debate, discutido en buena lid, ayudado a ampliar las miradas. Todo mi respeto. Quienes han caído en la morbosidad y en el exhibicionismo egolátrico no merecen una sola palabra. 

El 4 de julio de 2022 la Convención Constitucional dejará de existir. La palabra estará en manos de la ciudadanía el 4 de septiembre de 2022. Lo viejo ya murió. Veremos si lo nuevo nace con el Apruebo a la nueva carta magna. O, en su defecto, veremos si los monstruos creados por el morbo pavimentaron el camino para el triunfo del Rechazo. Y si eso sucede, no será responsabilidad ni logro de una derecha aniquilada por Sebastián Piñera, sino por estricta responsabilidad de quienes quisieron ganar su propio gallito de la particularidad y la identidad propia en detrimento del país. Ese es el problema que produce la falta de realismo que te hace creer que estás haciendo historia con todo lo que haces. En ese constructo, nada termina siendo histórico, salvo la derrota. 

Luis Pino Moyano.


[1] Antonio Gramsci. Cuadernos de la cárcel. Tomo 2. México D. F., Ediciones Era, 1975, p. 37. Corresponde al Cuaderno 3 (1930 <34>).

[2] Iván Weissman. “El borrador de la nueva Constitución: Wall Street y Sanhattan hacen sus propios cálculos”. En: El Mostrador Semanal. 19 de mayo de 2022. https://www.elmostrador.cl/el-semanal/2022/05/19/1774626/ (Consulta: junio de 2022). 


Posts anteriores ligados a lo abordado acá:

El reventón social que nadie imaginó. (20 de octubre de 2019).

Nueva Constitución… muchas preguntas que requieren respuesta y definición. (19 de noviembre de 2019).

¿Hay una revolución en Chile? (12 de marzo de 2020).

¿Aprobar una nueva Constitución es una posición evangélica? (17 de septiembre de 2020).

Triunfo del Apruebo: emociones y trabajo por delante. (30 de octubre de 2020). 

¿Por qué es importante ir a votar? (14 de mayo de 2021).

Lo que se viene para el proceso constituyente a partir de los resultados electorales. (31 de mayo de 2021).

Crónica de un día histórico: Inauguración de la Convención Constitucional (4 de julio de 2021).

Religión y proceso constituyente. (13 de agosto de 2021).

La Lista del Pueblo: su agonizante destrucción de lo político. (28 de agosto de 2021).