El error de gobernar en la medida de Instagram y Twitter.

“La mejor política comunicacional es no tener política comunicacional”, habría sentenciado a principio de los noventa el sociólogo Eugenio Tironi. Esa idea derivó en que el primer gobierno de la Concertación, y los que vinieron de manera posterior, no establecieran relaciones estratégicas y de apoyo económico a medios de comunicación afines, que resistieron y sobrevivieron a la dictadura. Eso se tradujo en el cierre de medios escritos como “Fortín Mapocho”, “La Época”, “Análisis”, “Apsi”, “Cauce”, entre otros. Súmese a eso el cierre durante el gobierno de Piñera-1 de “La Nación” y la deriva privatizadora de TVN. La jugada consistía en evitar cualquier tipo de sobresalto en la relación con la derecha y con el mundo militar, dejando a la vanguardia de la información a medios que no eran afines, pero que gozaban de mostrarse como impolutamente neutros. 

En el momento actual del Chile que nos toca vivir, la añosa tesis de Tironi no tiene ningún sentido. Por el contrario, podríamos decir todo lo contrario: la mejor política comunicacional es tener una clara y perspicaz política comunicacional. Vamos todavía más lejos: en el Chile del 2022, gobernar es comunicar. El mundo actual exige información clara, que responda sus interrogantes y que rompa con la tendencia al cantinfleo o el hablar en jerga política. El gran problema radica en que durante los primeros meses y días del gobierno de Gabriel Boric, tanto él como sus ministras y ministros han tendido a pensar que el ser parte de una generación que se mueve en las aguas virtuales de las redes sociales no pasarían zozobras en este aspecto de ser-y-hacer gobierno, pero ha sido todo lo contrario. 

Si damos un paso entre las redes sociales del gobierno y los medios de comunicación de masas (televisión, radio, periódicos -en papel y/o virtuales-), se hace más que notoria una tensa relación entre Instagram, la prensa tradicional y Twitter. Por un lado, en Instagram, muy en la sintonía de esa red social, se expresa la cara bonita del gobierno: sonrisas ante los avances de los primeros días de gobierno, imágenes llenas de color y optimismo, que supera los grises y negros, y los días aciagos post-estallido social. En la prensa tradicional, por su parte, se ven y son notificados los errores forzados y no forzados del gobierno: aquellos en los que se ha hablado de más, en los que se han seguido lineamientos que van contra las expectativas de las personas, como también aquellos en los que, habiendo construido un logro, se ha dicho poco y nada. Y, finalmente, Twitter, que ha sido el espacio en que ministras y ministros han pedido disculpas por haber cometido un error en el plano comunicacional, a veces a largas horas de la madrugada. La pregunta surge de inmediato: ¿con qué tipo de información se quedan las personas? Parafraseando al humorista Pepe Tapia, los medios tradicionales de comunicación siguen penetrando, y ni las sonrisas y colores ni las disculpas llegan a las personas. ¡¿Cómo no hubo una cadena nacional a las 21:00 hrs. del 18 de mayo cuando se aprobó por unanimidad el alza del sueldo mínimo, que desde el 1 de agosto será de $400.000, la mayor alza en 25 años?! Esa información si está en Instagram y Twitter, pero no está en el sentido común. En el sentido común está la inflación, no las políticas que se llevan a cabo para paliarlas. Ahí había que comunicar, comunicar, comunicar. El silencio no era opción. El silencio era opción cuando no se tenía certeza de la veracidad de los datos o cuando se hablaba de “presos políticos”. 

Y si bien es cierto, existe una generación que está sobre los 50 años que no se informa por las redes sociales, no obstante ha recibido por una suerte de irradiación un mal del mundo de las redes sociales: el espíritu de barra brava, en el que no existen grises, donde las cosas son blancas o negras, con pataleo incluido. Y ese “no me gusta” o “me enoja” facebookiano se traduce en sus opiniones y se comparte en los grupos familiares o amicales de WhatsApp. Pensemos en las discusiones por el 5º Retiro de Fondos de las AFP. Ese retiro no estaba en el programa de Boric y desde los inicios del período gubernamental estaba sumamente claro que la opción del poder ejecutivo era la de no apoyar ese proyecto, puesto que aumentaría el sobrecalentamiento de la economía y con ello, derivaría en un alza de la inflación. Pero, ante el desbande de votos de la coalición, el gobierno casi a última hora saca una carta bajo la manga: el retiro acotado. Al final, no hubo retiro a secas ni acotado. La tesis inicial del gobierno cuajó. Pero al final lo que se vivió fue una derrota. Allí, lo medianamente sensato habría sido decir: “no estamos de acuerdo con los retiros de fondos de las AFP porque nos pueden llevar a una mayor inflación, pero en concordancia de lo que dijimos y recitamos a modo de paya hace sólo unos meses atrás, apoyaremos este quinto retiro, legislando a su vez, que sea el último, asegurado la protección de los fondos de pensiones de la ciudadanía”. Ahí se podría haber perdido en el congreso, pero haber ganado en la población por partida doble: se habría explicado el proceso inflacionario y se habría mostrado empatía. Un error similar se vivió hace unos días con ese constructo del “estado intermedio”. 

En síntesis, urge que el gobierno tenga una línea comunicacional clara y transversal, y que se irradie no sólo por las redes sociales, sino que se tome los medios de comunicación de masas y, aún más, que asuma activamente dicha tarea construyendo un medio escrito, y potenciando a TVN. No estaría de más, tampoco, una asesoría de lenguaje, para no sólo hacer uso a diestra y siniestra del “lenguaje inclusivo”, sino también de los epicenos y así no dejar dando bote la pelota para el trolleo en las redes sociales. Y, si bien es cierto, me parece que no es errada la idea de blindar a Boric, es hora que el tome la vanguardia del proceso en términos comunicacionales. “El presidente que habla” no puede estar mutis por el foro. Cada día lunes debe aparecer en televisión o radio marcando la agenda gubernamental. Por cierto, sin olvidarse de los matinales, que han sido el espacio de mayor conversación política desde el estallido social. Y allí, a propósito de la analogía con el gobierno de Aylwin, no estaría de más que Boric se encargara de dejar muy claro que éste no será el gobierno de las grandes transformaciones sino uno de transición. El papel de la transformación, hoy por hoy, está en manos de la Convención Constitucional, nos guste su cometido o no. 

Ser gobierno no significa, necesariamente, tener voluntad de poder, pues el azar político pudo haberte llevado a ese lugar. Pero si se tiene voluntad de poder no se puede caer tan burdamente en errores comunicacionales. Es republicano pedir disculpas. Pero es también republicano actuar con conciencia de responsabilidad. En cargos de relevancia vale lo que se es, lo que se dice, lo que se hace y lo que se parece. Y todo eso se comunica.

Luis Pino Moyano.

Kuyper, una alternativa reformacional y el socialismo. Una precisión conceptual.

Publicada en Estudios Evangélicos.

Si hay algo que fortalece el desarrollo del pensamiento es el debate de ideas, pues como diría Rosaria Butterfield “donde todos piensan lo mismo nadie piensa mucho” [1]. Y si pensar y debatir son una aventura, escribir implica riesgos. Y el riesgo principal – sobre todo en la narrativa no ficcional- radica en el acto de desnudar la mente y exponer lo que se piensa ante un público diverso, con lectores que entienden la realidad de manera similar o discordante. Y entre los últimos, hay quienes piensan diferente, pero tienen el vivo ánimo de comprender, en detrimento de quienes no les interesa comprender, sino buscar lo que se puede tijeretear para atacar con el sustento de una apologética miope y sorda.

Sin lugar a duda, la reseña escrita por Ángelo Palomino sobre el libro “Ni un centímetro cuadrado. Una introducción al pensamiento reformacional” [2], procede de una lectura seria y rigurosa, que tiene el ánimo de comprender. Con la presuposición de dicha buena fe, la que se ve avalada por el tenor de su escritura, y con el respeto que me merece el sitio web “Estudios Evangélicos”, es que me permito escribir esta respuesta al modo de una precisión conceptual. Palomino en su reseña, en el párrafo dedicado a mi artículo sobre Abraham Kuyper [3], bosqueja de manera sucinta los puntos principales que se encuentran él y, al final, comenta lo siguiente: “Aquí cabe señalar que a Kuyper se le califica acertadamente como un demócrata cristiano, como referente de un proyecto alternativo al liberalismo individualista y el socialismo estatista. Aunque hay que preguntarse si son adecuadas las referencias que plantean la lectura de un Kuyper cercano a la izquierda, por ejemplo cuando el autor señala que con él se está frente a un régimen ‘socialista’. Kuyper es más bien un socialcristiano” [4]. ¿Por qué responder a un fragmento tan breve de una reseña? Por dos razones que creo de suyo relevantes: la primera, ya fue señalada, por el respeto al interlocutor y al medio en que se difunde la reseña; y, junto con ello, el ambiente crispado de la discusión política entre creyentes, tanto en Chile como en América Latina, lo que ha generado en el mundo evangélico ruptura de relaciones fraternas y, lamentablemente, la estigmatización de hermanos en la fe, comunidades eclesiásticas e instituciones paraeclesiales.

Creo que la mejor forma de realizar la precisión conceptual que pretendo es realizando una cita directa de un texto de Abraham Kuyper, luego citar lo que escribo sobre dicho asunto (pensando en quienes aún no han leído el libro), explicar el uso del concepto “socialista” presente en el texto del teólogo holandés y cómo éste ha sido abordado por otros autores que han estudiado su obra.

La cita de Abraham Kuyper fue tomada del libro “El problema de la pobreza”. Para la realización del artículo tuve a la vista una cuidadosa traducción al portugués. Digo cuidadosa, pues en dicho ejercicio, por ejemplo, cuando Kuyper habla de “lucha de clases” lo traducen como “conflicto de clases”, precisamente para no alarmar a un grupo de lectores que no conocen que dicho concepto se origina en el Medioevo y no de la pluma de Karl Marx. “El problema de la pobreza” es el discurso que Abraham Kuyper realiza en la inauguración del Congreso Socialcristiano, realizado en Holanda en noviembre de 1891, al alero del Partido Antirrevolucionario. Cito extensamente:

“En lo que concierne a la insustentabilidad de la situación social, nacida como tal del individualismo de la Revolución Francesa, no debe haber una opinión diferenciada entre los cristianos. Si aún estuviera sintiendo un corazón humano latiendo en su pecho y si el ideal de nuestro santo Evangelio aún le inspira, entonces su deseo debe ser de repudio en relación con la situación actual. Al final, percibimos que, si las cosas continuaran así, tendremos cada vez menos cielo y cada vez más un poco del infierno en este mundo. Nuestra sociedad está, poco a poco, desligándose de Cristo. Está inclinándose en el polvo frente al dios Mammon. Y por el estímulo inquieto del egoísmo brutal, vacilan, como el salmista lamentaría, los fundamentos de la tierra. Todas las vigas y anclajes de la estructura social se desajustan. La desorganización cultiva la desmoralización. Y, en el creciente libertinaje de unos en contrapartida con la siempre creciente necesidad de otros, es posible verificar la descomposición de un cadáver en vez de un rubor vivaz y de una fuerza muscular de un cuerpo saludable y lleno de vigor.

No, no es necesario que eso continúe así. Puede mejorar. Y la mejoría se encuentra -sin duda alguna, y no tengo miedo de usar la palabra- en el camino del socialismo. No obstante, no en el socialismo entendido como un programa proveniente de la socialdemocracia. Sin embargo, el uso de esta hermosa palabra debe ser entendida de tal forma que nuestra sociedad, nuestra patria amada, entre en sintonía con las palabras de Da Costa. Que ella ‘no sea como un pedazo de tierra lleno de muchas almas’, sino que sea una sociedad querida por Dios, un organismo humano vivo. No un mecanismo hecho de partes distintas, no un mosaico formado por adoquines incrustados al lado del pavimento de una calle, como Beets diría: no un montaje. Pero sí un cuerpo en sumisión a la ley de la vida, la cual afirma que somos miembros los unos de los otros. Un cuerpo en que, por tanto, el ojo no puede faltar al pie, ni el pie puede ser alguna cosa sin el ojo. Y esa verdad humana, científica y cristiana que fue profundamente incomprendida, vehementemente negada y gravemente derrumbada y ridiculizada por la Revolución Francesa. Y es contra esa negación, con su cuna en el individualismo de la Revolución Francesa, que todo el movimiento social de nuestros días se ha posicionado.

Por tanto, es un engaño pensar o incluso imaginar que el socialismo de nuestros días tenga como fuente la utopía confusa de los fanáticos o tenga su origen en las mentes de los hambrientos exaltados” [5].

Por su parte, esto es lo que señalo en mi artículo:

“Kuyper es consciente que se hace visible un conflicto o lucha de clases, dando cuenta de un fenómeno histórico y no de una opción política. Para Kuyper la opción política se da dentro de la institucionalidad, por lo cual, un gobierno tiene como finalidad proteger a los más débiles frente a los abusos de los poderosos de la tierra, en un régimen de tipo ‘socialista’. Un lector apresurado de Kuyper, desde nuestros tiempos, podría sentir confusión a lo menos con una declaración como esa. Pero la definición de esta alternativa refiere a ‘una sociedad querida por Dios’, en la que el rasgo comunitario se hace manifiesto en la figura de un cuerpo en el que cada sujeto es un miembro de él y, por ende, que reporta bienestar a los demás. Una sociedad en la que la misericordia no tiene que ver con sólo dar dinero, sino con el amor cristiano que consiste en ‘una donación completa’, es decir, ‘una donación de sí mismo, de su tiempo, de sus fuerzas y de su empatía’. Una sociedad en el que principio de propiedad es respetado desde un prisma teológico y con un alto sentido ético y de apego a la legalidad, puesto que: ‘La propiedad absoluta es solamente encontrada en Dios. El hombre que vive de acuerdo con la Palabra de Dios debe recordar que todas nuestras propiedades son solamente usadas como préstamo. Toda nuestra gestión es vista como mayordomía’. Un principio de propiedad que no olvida que el fruto de la tierra y la semilla que produce pan deben beneficiar a todo el pueblo. Estamos frente a un ‘socialismo comunitario’, ‘comunitarismo social’ o ‘socialcristianismo’ en el pleno sentido de la expresión, que hace un guiño a las redes simbióticas de Johannes Althusius, que tal y como explica Guilherme de Carvalho, ‘Kuyper está pensando aquí en una sociedad civil fuerte, con esferas de soberanía saludables que nada tengan sino sólo a Dios encima de ellas, y en las cuales las personas cooperan en paz para alcanzar sus fines comunes’. Por ello, la opción política del neocalvinismo no puede ser subsumida ni por planteamientos de derechas ni de izquierdas, ni mucho menos, usada como excusa para tapar otras premisas ideológicas, a no ser que se tenga una vocación para el suicidio intelectual (‘un reino dividido contra sí mismo no puede subsistir’, dijo Jesús). Y no puede ni lo uno ni lo otro, no porque sea ilegítimo que un cristiano asuma tal o cual posición, sino porque el pensamiento reformacional, consciente de la justicia de Dios expresada en la Escritura, es de por sí un camino alternativo, ‘propio’ como decían los democristianos chilenos en la década de los cincuenta y sesenta del siglo XX” [6].

¿En qué momento de mis palabras sitúo a Kuyper como un sujeto cercano a la izquierda? La verdad, es que no lo veo. El concepto socialismo lo ocupa el propio Kuyper, no es algo impuesto ni una analogía con otra palabra suya. Luego, explico el uso que el autor da a dicho concepto, señalando el énfasis comunitario que tiene para él y que emerge, huelga decirlo acá, desde una rehabilitación tomista en el protestantismo. Esto es de suyo relevante, debido al contexto histórico, en tanto el Congreso Socialcristiano se realiza el mismo año en que es publicada la Encíclica Rerum Novarum, que origina lo que se conoce como “doctrina social” en la Iglesia Católica Romana, que es lo que permite a algunos neocalvinistas construir una relación del concepto “soberanía de las esferas” con el de “subsidiariedad”, no obstante, Kuyper ocupa el primero y no el segundo, lo que por cierto no deslegitima dicha analogía. A su vez, al final del texto citado queda suficientemente claro que no hay ninguna intención de acercar a Kuyper a posiciones de izquierdas. De hecho, es la única vez en el artículo que hago alusión a ese sector del espectro político con categorías geolocalizadoras. Poco antes del texto aludido por Palomino señalo que la actitud de Kuyper respecto del derecho a sufragio del “pueblo menudo” y a la sindicalización, siguiendo la tónica de los partidos demócrata cristianos en el mundo, es consistente con su concepción política sustentada en su mirada cosmovisional porque: “se era antirrevolucionario con relación a la revolución francesa y el liberalismo, a la socialdemocracia y al socialismo estatista, lo que sentó las bases para la crítica posterior a los totalitarismos fascista y bolchevique. Kuyper era conservador y antirrevolucionario, lo que no implica negar la posibilidad de la transformación social, pues no estamos frente a un reaccionario con relación a la historia. Nadie que crea en el poder redentor de Jesucristo puede serlo” [7].

La edición en portugués del discurso de Kuyper cuenta con exposiciones de otros autores brasileños dedicados a la producción teólogico-pública. De Carvalho, antes del texto citado en mi artículo para el libro señala que, ante la disyuntiva presentada por la Cuestión Social, la solución de Kuyper está en el “socialismo”. Dice: “La perplejidad aquí resulta innecesaria: el ‘socialismo’ de Kuyper no es aquel concebido desde el influjo del principio revolucionario, que él denuncia con todas sus fuerzas, sino el socialismo entendido como la existencia de una sociedad viva y orgánicamente cohesionada, un ‘cuerpo’ con muchos miembros, con funciones diversas e interdependencia. El ojo educado sabrá que Kuyper tiene en mente la sociedad de redes simbióticas de Johannes Althusius (1557-1563), algo que estaría más próximo, hoy, de un comunitario social” [8]. Por su parte, Lucas Freire dirá que Kuyper “busca redefinir el sentido de ‘socialismo’ para significar un énfasis en la sociedad como un ‘organismo humano vivo’ en reconocimiento de la majestad de Dios” [9]. Con todo esto, estoy relevando que Kuyper resemantiza el concepto de socialismo en su uso, cristianizándolo, y ocupándolo con un fin alejado no sólo del “socialismo secular” en sus versiones marxistas o socialdemócratas, sino que también de miradas funcionalistas y mecanicistas en boga en el siglo XIX. Su mirada comunitaria tiene siempre en cuenta a la persona humana. Si este aspecto resemantizador no queda lo suficientemente claro en mi artículo del libro, inclusive con la advertencia a los lectores apresurados, aquí espero que lo esté (más todavía). Con esto, desde mi intención comunicativa me hago cargo principalmente de lo que escribí y, secundariamente, de lo que se entiende, no obstante, crea que es importante, en este caso particular, dar una explicación con el mismo talante serio con el que mi interlocutor reseñó el libro.

En todo análisis lector, no sólo en aquellos que tienen que ver con lo político, es sumamente relevante decir que los conceptos no tienen identidad, son neutros hasta que son utilizados por un autor, lo que abre posibilidades múltiples de significados. Es el uso de los conceptos por determinados actores, dando cuenta de una experiencia histórica, que los conceptos revelan la identidad, lo que hace notar la conmensurabilidad semántica de los mismos, puesto que se modifican con-y-en la práctica histórica. Los conceptos en política tienen una “dimensión ilocucionaria”, en otras palabras, permiten aterrizar el proyecto a la acción y adentrarse en la disputa que se genera por una mediación discursiva [10]. En la literatura evangélica esto es notorio en conceptos tales como “religión” o “humanismo”, con usos positivos y negativos, en ocasiones inclusive en un mismo autor. Este es el caso del discurso de Kuyper, en el que usa el concepto “socialismo” positiva y negativamente, dependiendo de lo que pretenda plantear o criticar. Por eso, cuando doy cuenta de su alternativa digo “de tipo ‘socialista’” y no “socialista” a secas, todo eso antes de la explicación de lo que refiere para él. Lo importante cuando leemos a Kuyper no es lo que nosotros pensamos que significa el socialismo, sino lo que él pensaba en la afirmación y en la crítica. Es ahí donde se encuentra, a mi juicio, la raíz del error en la lectura de Palomino a mi artículo. Es por ello, que escribí esta réplica.

De todas maneras, mi agradecimiento por la lectura de Ángelo Palomino, que motiva a seguir reflexionando sobre estos asuntos que siguen siendo relevantes, política y espiritualmente, a la hora de pensar y vivir en el Chile actual.

Luis Pino Moyano, Licenciado en Historia con mención en Estudios Culturales de la Universidad Academia de Humanismo Cristiano.

 


[1] Rosaria Butterfield. Pensamentos secretos de uma convertida improvável. Brasília, Editora Monergismo, 2013, p. 25.

[2] Jonathan Muñoz (coordinador). Ni un centímetro cuadrado. Una introducción al pensamiento reformacional. Santiago, Libros de Teología Ediciones y Fe Pública, 2021.

[3] Luis Pino. “Pensar, vivir y trabajar con los ojos puestos en el Soberano. Una lectura a Abraham Kuyper”. En: Ibídem, pp. 18-41.

[4] Ángelo Palomino. “Una propuesta de soberanías para nuestra realidad y vida pública. Reseña del libro ‘Ni un centímetro cuadrado. Una introducción al pensamiento reformacional’”. En: Estudios Evangélicos. http://estudiosevangelicos.org/una-propuesta-de-soberanias-nuestra-realidad-y-vida-publica-resena-del-libro-ni-un-centimetro-cuadrado-una-introduccion-al-pensamiento-reformacional/(Consulta: 29 de abril de 2022).

[5] Abraham Kuyper. O problema da pobreza: a questão social e a religião cristã. Rio de Janeiro, Thomas Nelson Brasil, 2020, pp. 119-121 (Traducción propia, al igual que todas las demás tomadas de dicho libro). Véase también la traducción al inglés: Abraham Kuyper. Christianity and the class struggle. Grand Rapids, Piet Hein Publishers, pp. 39-41.

[6] Pino. Op. Cit., pp. 36-37. Las citas de Kuyper son tomadas del libro referido en la nota anterior en las pp. 120, 128, 133, 134. La cita del otro autor corresponde a: Guilherme de Carvalho. “Préfacio”. En: Kuyper. Op. Cit, p. 16.

[7] Pino. Op. Cit., p. 34.

[8] De Carvalho. Op. Cit.

[9] Lucas G. Freire. “Epílogo”. En: Kuyper. Op. Cit, p. 156.

[10] Véase: Cristina Moyano. “La historia política en el bicentenario: Entre la historia del presente y la historia conceptual. Reflexiones sobre la Nueva Historia Política”. Revista de Historia Social y de las Mentalidades. “Historia conceptual y lenguaje político. Debates teóricos y estudios de caso”. Departamento de Historia Universidad de Santiago de Chile, Volumen 15, Nº 1, 2011.

Ser profesor un 29 de marzo en la Villa Francia.

Nota previa: En marzo de 2018 me encontraba trabajando en un colegio de la Villa Francia, cuyo nombre prefiero no pronunciar -mi contrato a plazo no fue renovado por participar de una huelga que buscaba mejoras en las condiciones laborales-. Ese día era «viernes santo» y coincidía con la conmemoración del «Día del joven combatiente» que recuerda el alevoso asesinato de Rafael y Eduardo Vergara Toledo un 29 de marzo de 1985, acometido por agentes de la dictadura militar. Ese día, como profesor de religión el tema ad hoc era el recuerdo de la pasión, muerte y resurrección de Jesús de Nazaret. Pero en todas las salas de clases el recuerdo de las y los estudiantes partió por los hermanos Vergara Toledo, lo que suscitó esta breve reflexión que escribí en mi Facebook ese mismo día, y que hoy transcribo para mi blog.

Hoy en clases de religión hicimos un paréntesis y quisimos explicar el sentido de la semana santa. Es un colegio en la Villa Francia, y no hubo sala de clases de 7º a 2º Medio, dónde la pregunta “¿qué se recuerda esta semana?”, no tuviese como respuesta el “día del joven combatiente” o la muerte de los hermanos Vergara Toledo. Ellos viven en la misma villa, y decían “mi abuelo los conoció”, o “yo vivo cerca de dónde ellos vivían”, o “conozco a su mamá, la señora Luisa”. Obvio que tuve que hacer una mención de ellos (alrededor de quince minutos), y cómo se plegaron en un momento álgido de nuestra historia a la lucha contra una dictadura, cuyos funcionarios les dieron muerte de manera alevosa un día como hoy de 1985, el mismo día en que tres profesionales fueron degollados.

Eso jamás debe curarnos de espanto. Ojalá la violencia del estado nunca más en este país coarte vidas, sueños y proyectos.

Mientras espero en un trámite recordé una carta de Rafael Vergara Toledo que se conserva en el Museo de la Memoria. La segunda vez que fui la encontré en un intersticio, y de ahí siempre que he ido en mi tarea como profesor paso por ahí y la leo. Su final es conmovedor:

“El Señor está vivo en el hombre y nunca lo podrán matar.

La vida es nuestra.

Qué sentido tiene la vida de un hombre si no es morir para vivir y dar vida, dar realmente vida.

El Señor está con nosotros”.

Al parecer, hay ciertos tabúes que deben romperse en algún momento en nuestro país, para hablar sin miedo, como mis estudiantes, de un hecho real que todavía les llega, y que necesita ser leído en todas sus variables, entre ellas, el cristianismo católico que ellos profesaban. Ese sólo dato debiese hacernos ser más ponderados a la hora de opinar, porque el lumpen que saldrá a destrozar y quemar cosas hoy no se iguala al dolor de un padre y una madre que perdieron a tres hijos (dos un día como hoy) y que aún no tienen justicia por ellos. Esa actitud respetuosa sólo puede estar basada en la clara comprensión del profeta Isaías cuando señaló que la paz tiene como base la justicia y no al revés.

La convicción de tener la razón, y querer expresar siempre nuestros argumentos y divergencias, no nos debe llevar a la indolencia ni, mucho menos, a la indiferencia frente a la injusticia.

Luis Pino Moyano.

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El ciudadano Gabriel Boric.

“Ya van a ver, ya van a ver, cuando los estudiantes tengamos el poder”. Eso gritábamos hace algunos años atrás por distintas calles del país, sobre todo, en aquellos años en los que emergía con fuerza la demanda-y-la-propuesta de una educación gratuita, laica, de calidad y con participación democrática de la comunidad. Y si bien es cierto, sobre los asuntos del poder coincido más con la tesis foucaultiana, es decir, con que el poder no se toma sino que se ejerce, esa generación juvenil de las movilizaciones del 2011 ha llegado al poder ejecutivo, luego de una intensa jornada de dos períodos en el poder legislativo. Jóvenes como Camila Vallejo, Giorgio Jackson, Gabriel Boric, entre tantos y tantas, a quienes veíamos desde lejos en medio de la multitud de esos días, sobrepasaron el dique de los movimientos generacionales para trascender en la actividad política, siendo actores claves de la discusión pública durante una década.

Es la primera ocasión en la que me toca hablar de un presidente del país menor que yo (por cuatro años), aunque de una misma generación. La primera ocasión, y muy probablemente, no será la última. Cuando surgió la pre-candidatura de Gabriel firmé para patrocinarla porque quería verlo en la papeleta de las primarias y en los debates respectivos. Pensé, por un momento, que sería un “voto testimonial”, porque las encuestas daban por ganador a Jadue. Pero no, la candidatura en la primaria comenzó a cobrar fuerzas, se vio un mejor manejo comunicacional en los debates que su contendiente dentro del pacto político, lo que trasuntó en un triunfo gigantesco, puesto que configuraba una propuesta democrática plausible y a tono con el Chile del siglo XXI.

Ahora bien, había que pensar la alternativa política para la presidencial de verdad. Y para eso, comencé a hacer memoria, a leer diarios viejos en papel o en la internet, a ver vídeos en YouTube. Quise ver, por ejemplo, cuál había sido la primera vez que publiqué algo sobre Boric en mis redes sociales, y la ocasión fue al asumir éste como diputado. Se trataba de una foto en la que él aparecía solo, sentado en el hemiciclo, con camisa y sin corbata, lo que había causado el horror de algunos parlamentarios, sin reparar en su asistencia y puntualidad. Ese “chasconeo” de la político era necesario para superar los tiempos de la pacata alegría concertacionista. Pero lo que más me llamaba la atención de Gabriel era su lectura de la política, como el espacio en el que se proyecta un país para el presente y para “pasado mañana” -como diría Pepe Mujica-, en el que las ideas se defienden con pasión, pero donde también se tiene que dialogar con los distintos, sea para convencer o para aprehender. Recuerdo, por ejemplo, cuando se suscitaron en 2018 una serie de reacciones en torno a la nominación de “montaje” impuesta al Museo de la Memoria por Mauricio Rojas en su breve paso como ministro. Boric dijo en esa ocasión, en diálogo con Jaime Bellolio: “tal como condenamos la violación de los derechos humanos en Chile durante la dictadura, los golpes ‘blancos’ en Brasil, Honduras y Paraguay, la ocupación israelí sobre Palestina, o el intervencionismo de Estados Unidos, debemos desde la izquierda con la misma fuerza condenar la permanente restricción de libertades en Cuba, la represión del gobierno de Ortega en Nicaragua, la dictadura en China y el debilitamiento de las condiciones básicas de la democracia en Venezuela”. Esas palabras, en la forma, daban cuenta de la rehabilitación de la añosa idea de “amistad cívica” y, en el fondo, relevaban que los derechos humanos son el mínimo ético en la acción política que no se disocia de la ética, todo eso, sin el miedo de romper con los imaginarios más vetustos y trasnochados de cierta izquierda. A modo de ejemplo: la señal de invitar a Sergio Ramírez y a Gioconda Belli a la transmisión del mando es un mensaje claro contra la dictadura orteguista en Nicaragua. 

Y, para mi, el ciudadano Gabriel Boric se termina de graduar en la actividad política cuando luego del reventón social del 18 de octubre de 2019, nadando contra corriente, decide participar activamente en el “Acuerdo por la paz social y la nueva constitución”, en la jornada ardua que termina la madrugada del 15 de noviembre de ese mismo año. Boric, a corto plazo no tenía la razón práctica, pues su partido no le había delegado para dicha función, pero tenía la razón teórica, pues él entendió bien que ese riesgoso acto sumaba para la salida institucional a la crisis. Y, a la larga, tuvo también la razón práctica, pues su presencia fue clave para la participación de independientes, de paridad y de escaños reservados para los pueblos originarios. Eso fue lo que no entendieron los compañeros de su partido que renuncian a sus filas, como tampoco la masa octubrista que le funó por “traicionarles”. Y eso es lo que no siguen entendiendo aquellos que le motejan como de una “izquierda extrema”. El costo personal era grande. Pero lo asumió. Y aquí, huelga decir que, más allá de nuestros gustos y preferencias personales, el parlamento fue quien más estuvo a la altura de la crisis social, a diferencia de un gobierno que, si no estuvo ausente, llegó tarde.

Valía la pena, entonces, votar por un candidato que tiene como convicción primaria los derechos humanos y que, a la hora en que se necesita, se la juega más allá de lo que eso signifique para su propia reputación. Pues como dice la cita de su autor predilecto, Albert Camus, que ha repetido en varias ocasiones como su “frase de cabecera”: “En política, la duda debe seguir a la convicción como una sombra”. Por eso aquí no vale la caricaturización del otro ni la asimilación del panfleto de los propios. Se requiere comprender la realidad y no mirarlo todo desde una actitud egolátrica y ensimismada. Y, a propósito de lecturas, no puedo dejar de sumar a estas palabras el gusto por las letras y los libros -con el brillo en los ojos ante un libro nuevo o usado, que los bibliófilos sabemos reconocer- del actual presidente del país. Las referencias a Óscar Hahn, Pedro Lemebel, Gabriela Mistral, Pablo de Rokha, Vicente Huidobro, Jorge Teillier, Enrique Lihn, que son mucho más que esas frases tomadas de “libros de citas” (de los cuales los políticos profesionales son muy asiduos), pues éstas tienen la fuerza no sólo de dar brillo, sino también dar sentido a lo que se quiere plantear. 

Este viernes mi hijo me preguntaba: “¿qué se siente que el candidato por el que votaste sea presidente?”. Y la respuesta es compleja. Por cierto, alegría y emoción. Imposible no recordar su “Ante el pueblo y los pueblos de Chile, sí prometo”; la frugalidad que va más allá de la ausencia de una corbata; el trayecto en el Ford Galaxie 500 con la primera ministra del interior mujer, Izkia Siches, y con la primera chófer del vehículo presidencial, la suboficial de carabineros Lorena Cid; su camino por la Plaza de la Constitución, en el que al detenerse fuera del protocolo, la gente cantó al unísono el himno nacional con los sones de una banda del ejército; su discurso, en el que retrata emotivamente las caras de Chile, en el que se rescata la lucha patriótica, modernizadora y democratizadora de Balmaceda, Aguirre Cerda, Frei Montalva, Allende, Aylwin y Bachelet, junto con una apelación latinoamericana. El discurso de casi media hora, que versó sobre cuestiones ecológicas, las dificultades de la pandemia, los desafíos del feminismo a la sociedad, la necesidad de una ciudadanía activa, y que terminó con las míticas palabras de Allende en La Moneda el 11 de septiembre de 1973, ese de la apertura de las grandes alamedas, con la resemantización inclusiva al hombre y la mujer libre, fue escuchado por una gran cantidad de personas apostadas frente al palacio y, por quienes desde nuestras casas lo veíamos en la televisión. Creo que el último presidente que habló con ese nivel de profundidad fue Lagos, el último bastión de la clásica política letrada. Y, Boric toma esa posta. “El presidente que habla”, en una época en que lo que se comunica vale mucho. 

Pero el mismo Gabriel Boric, citando a Huidobro, señaló que “el adjetivo, cuando no da vida, mata”. Todo eso reporta otro sentimiento que se traduce en una actitud  escéptica-y-esperanzada. La tarea será ardua y difícil y, no cabe dudas, que las transformaciones sociales se miden después del día de la fiesta. Será difícil concretizar parte importante del programa político. ¡Cuánto quisiera que mañana mismo me condonaran la deuda del CAE! Pero habrá que trabajar, porque no hay horizonte de expectativas sin campo de experiencias. La democracia exige participación, deliberación, propuesta, consenso y realismo. Por otro lado, habrán errores, no sabemos si muchos o pocos. Pero hay dos cosas que me tranquilizan de aquello: la primera, es la empatía de Boric, eso que los viejos llamaban “don de gentes”, que se ve reflejado en su saludo, sobre todo a niños y niñas que le piden una selfie o le regalan un dibujo con sus ideas para Chile, como también en su significativa visibilización de la salud mental. Y, por otro lado, su humildad a la hora de reconocer los errores y pedir perdón por los mismos. Comunicacionalmente, no tendremos bencina para apagar el fuego, sino a un sujeto cercano y honesto, lo que genera tranquilidad ante la adversidad. Tal vez esté augurando que la llamativa adhesión de las olvidadas lunas de miel presidenciales pasará, pero lo que prevalecerá será el entendimiento de estar frente a un ser humano de carne y hueso que cumple una tarea de liderazgo en un colectivo. Un primus inter pares. 

Y, en mi respuesta a la pregunta de mi hijo, no puede faltar la sensación de riesgo. De un tiempo a esta parte, para muchas personas evangélicas como yo, profesar dicha fe está en las antípodas de las ideas de izquierdas, no así, de los postulados de derechas, llegando en algunos casos a la ruptura de la amistad cívica y, lastimosamente, de la fraternidad cristiana. Tengo la convicción de que hay ideas de Boric que, desde una cosmovisión cristiana, reportan instantes de verdad y/o elementos de la “gracia común”, particularmente en aquellas nociones que apelan a la responsabilidad social y comunitaria, al enfoque de derechos, al cuidado del medioambiente y a la justicia social. Y también tengo la convicción, y soy muy consciente de ello, que desde el mismo enfoque cosmovisional, hay elementos de su programa, específicamente en aquellos asuntos que tienen que ver con la moral sexual, que son antitéticas en relación a la fe bíblica e, inclusive, rompen con una tradición que pone en la palestra lo social para asumir principios liberales e individualistas. No comparto el enfoque de las “políticas de identidad” muy presente en el Frente Amplio porque, a mi juicio, debilitan las posibilidades del encuentro. No obstante aquello, no creo que exista en Chile un actor político, individual o colectivo, que represente de manera integral el proyecto histórico del Reino de Dios, lo que me hace ser renuente a las figuras mesiánicas y a los cantos de paraísos en la tierra. Y en ese ejercicio de discernimiento y priorización voté por el ciudadano Gabriel Boric, como otros lo hicieron por José Antonio Kast. 

Y es aquí que me permito recordar que, en las vísperas de la navidad del 2021, Boric señaló: “Sepan que vamos a dar lo mejor de nosotros. Todos los que trabajamos en este equipo somos seres humanos que estamos expuestos a equivocarnos. Es bueno no idealizar a nadie y en eso por cierto me incluyo”. Espero que esas palabras las tenga él mismo presidente de la república en su mente hasta el último día de su gobierno. Espero que las tengamos quienes apoyamos su cometido, como quienes no lo están haciendo, tal y como el siervo romano que iba en el carro tras un general victorioso o un emperador diciendo: “Mira tras de ti y recuerda que eres un hombre y morirás”. Será el fruto del trabajo lo que quede. Y eso será lo que juzgaremos. 

Luis Pino Moyano.


 

Documentos anexos. 

Comparto dos vídeos publicados en YouTube. El primero presenta al “Boric de segunda vuelta”, pero en octubre de 2017 (para quienes hablaban de volteretas). El segundo lo muestra en su faceta de lector y, a partir de ella, son relevados otros elementos vitales. Cierro con una carta de Boric publicada en El Mercurio, el 18 de diciembre de 2021. Estos documentos sirven como complemento a lo que he planteado acá. 

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Liderazgos políticos e idolatría. Una lectura calvinista sobre el magistrado civil y la vida en el mundo que nos toca.

El domingo 19 de diciembre de 2021 dio como ganador de la segunda vuelta presidencial a Gabriel Boric, quien asumirá la primera magistratura el 11 de marzo de 2022. Hubo muchas reacciones, de diversas vertientes, contenido y forma, y quienes suscriben la fe cristiana no estuvieron exentos de ello. Como los evangélicos no somos un pueblo uniforme, dentro de nuestras filas se expresa la diversidad de prismas políticos que circulan en el país. Por ende, hubo creyentes que mostraron alegría y, otros, que reportaron mucha pena o amargura. Pero tengo la profunda convicción que ni la alegría ni la tristeza de ese día y los venideros pueden obnubilar nuestra mirada y comprensión de la esperanza cristiana. Nuestra esperanza está intacta más allá del régimen político porque ella proviene de Jesús de Nazaret. 

Un hito electoral o un proceso político no pueden derrumbar nuestro horizonte llevándonos a una falta de realismo. Esa falta de realismo se traduce en dos expresiones idolátricas. Por un lado, la de quienes ensalzan la figura del líder como si se tratara de un héroe venido de un panteón sagrado, que tiene la capacidad de explicar toda la realidad y dar solución a todos los problemas, haciendo de Chile realmente “la copia feliz del Edén”. Y, por otro lado, la de quienes sólo ven el estatus de no creyente del líder político, y consideran que se aproxima con su gobierno un juicio de Dios, lo que se traduce en el fracaso de un proyecto país, regularmente asociado al éxito macroeconómico. El acercamiento escritural realizado desde hace siglos por la teología reformada nos ayuda a librarnos de ese desequilibrio fatalista. 

Para Calvino el tema político es muy importante. Prueba de ello, es que su ópera magna, la Institución de la Religión Cristiana, que tuvo su primera edición en 1536 no se dio por terminada hasta 1559, en cuya edición se añadió un capítulo específico sobre la “Potestad Civil”. Y el tema es importante porque para el teólogo francés, el estado cumple un papel relevante. Tanto, que no lo diviniza ni lo despersonaliza. Hace recaer su papel en sus funcionarios. Dice: En su comentario a 1ª Timoteo: “Los magistrados fueron designados por Dios para salvaguardar la religión, así como para mantener la paz y la decencia de la sociedad” [1].

Una pregunta clave es: ¿A quién se obedece? ¿A Dios o a los hombres? Si bien es cierto, nosotros responderíamos que a Dios producto de lo dicho por Pedro a nombre de los apóstoles, según está registrado en Hechos 5:29. Pero la respuesta es menos sencilla de lo que parece. O, tal vez, menos agradable para nuestras lógicas. Se debe obedecer a Dios y se debe obedecer a las autoridades. Calvino, en el libro cuarto de la Institución de la Religión Cristiana dice: “El Señor es el Rey de reyes, el cual apenas abre sus labios, ha de ser escuchado por encima de todos. Después de Él hemos de someternos a los hombres que tienen preeminencia sobre nosotros; pero no de otra manera que en Él. Si ellos mandan alguna cosa contra lo que Él ha ordenado no debemos hacer ningún caso de ella, sea quien fuere que lo mande. Y en esto no se hace injuria a ningún superior por más alto que sea, cuando lo sometemos y ponemos bajo la potencia de Dios, que es sola y verdadera potencia en comparación con las otras” [2]. En otras palabras, Dios es Señor sobre todo. Él en su soberanía ha dado autoridad a distintos sujetos a lo largo del tiempo. Esta autoridad siempre es relativa y derivada. La obediencia al estado está supeditada al Dios del estado, que está por sobre todo dominio y autoridad. 

Pero, ¿y qué pasa si nuestras autoridades no son creyentes? Comentando 1ª Timoteo 2:2, Calvino señala que “Todos los magistrados que existían en aquel tiempo eran enemigos acérrimos de Cristo; y por lo tanto se les podría ocurrir este pensamiento: que no deberían orar por aquellos que dedicaban todo su poder y toda su riqueza para combatir contra el reino de Cristo, cuya extensión sobrepasa a todo lo que se puede desear. El apóstol encara esta dificultad, y expresamente ordena a los cristianos que oren por los que están en eminencia. Y, ciertamente, la depravación de los hombres no es una razón por la que la orden de Dios no deba ser acatada. Por consiguiente sabiendo que Dios designó magistrados y príncipes para la preservación de la humanidad, y pese a la deficiencia con que ellos ejecuten el cometido divino, no debemos por eso dejar de amar lo que pertenece a Dios, y desear que permanezca en vigor” [3]. La obediencia a las autoridades es primero obediencia a Dios y, como resultado, trae el bien de la sociedad. Como señala la Confesión de Fe de Westminster: “Es deber del pueblo orar por los magistrados ( 1 Timoteo 2:1, 2), honrar sus personas (1 Pedro 2:17), pagarles tributos y otros derechos (Romanos 13:6, 7), obedecer sus mandamientos legales y estar sujetos a su autoridad por causa de la conciencia (Romanos 13:5; Tito 3:1). La infidelidad o la diferencia de religión no invalida la autoridad legal y justa del magistrado, ni exime al pueblo de la debida obediencia a él (1 Pedro 2:13, 14, 16); de la cual las personas eclesiásticas no están exentas (Romanos 13:1; 1 Reyes 2:35; Hechos 25:9-11; 2 Pedro 2:1, 10, 11; Judas 8-11)” (CFW XXIII.4).

¿Y qué de los malos gobiernos? Comentando Romanos 13:3 dice: “Porque si un mal príncipe es plaga del Señor para castigar los pecados del pueblo, reconozcamos que es por nuestra propia culpa el que una bendición tan excelente de Dios se convierta en maldición” [4].  Si Dios es providente, y nada escapa de su mano, debemos decir que los malos gobiernos son juicios que debemos saber reconocer y percibir en la sociedad. En este punto se debe tener muy presente que se debe esperar la actuación del “príncipe” o “magistrado civil” para establecer un juicio de su obrar en el gobierno, para poder establecer fehacientemente, en un ejercicio de discernimiento (¡espiritual!), la existencia de un juicio divino o no y, por sobre todo, colaboremos para que lo que es una bendición (léase, la existencia de magistrados civiles) no se vuelva maldición. Aquí no se trata de mirar desde la galería o de tomar palco, sino de estar en la cancha con disposición a trabajar y colaborar para que al país le vaya bien. 

Pero ¿qué ocurre cuando esas autoridades mandan explícitamente y de manera coercitiva violar mandamientos del Señor? Ahí no queda otra acción que la desobediencia civil. O mejor dicho, mantener nuestra obediencia a quien la debemos: al Soberano Dios Todopoderoso. Por eso, hablamos de una autoridad en los magistrados que es relativa y derivada. Incluso, esto podría derivar en acciones sociales sociales mucho más radicales. Comentando el mismo texto de 1ª Timoteo 2:2, Calvino señala que “El verdadero camino para mantener la paz se logra, pues, cuando cada cual obtiene lo que le pertenece, y cuando la violencia de los más poderosos es frenada” [5]. No se debe dejar de recordar que la libertad para Calvino es espiritual (por eso se requirió la Reforma), política (voto y participación política), y de resistencia cuando el magistrado civil se convierte en opresor. La estructura social también ha sido dañada por la caída, por ende, también está necesitada de reforma. Por ello, es sumamente importante que miembros de nuestras iglesias puedan realizar actividad política desde un punto de vista cosmovisional. Calvino plantea que: “Por tanto, no se debe poner en duda que el poder civil es una vocación no solamente santa y legítima delante de Dios, sino también muy sacrosanta y honrosa entre todas las vocaciones” [6]. 

Mientras escribía, venía a mi mente el relato bíblico del libro de Daniel que da cuenta de su testimonio y el de sus amigos Ananías, Misael y Azarías en su presencia fiel en Babilonia (Daniel 1:1-21). Ellos sirvieron a Dios y al mundo en el lugar que les tocó vivir, la capital del imperio que ha simbolizado a todos los regímenes políticos, económicos, sociales y culturales paganos. Y, en esa historia, podemos ver reflejado el hecho que el cautiverio babilónico no sólo fue un juicio purificador de la idolatría, sino un instrumento para ocupar a estos cuatro muchachos para su servicio. Estoy muy consciente de lo que estoy escribiendo y ustedes leen: Dios puede incluso hacer que seamos despojados “de bienes, nombre, hogar”, llevarnos a una tierra ajena, para cumplir su plan. Lo que aparentemente daña, nos lleva a un bien mejor y mayor. Como diría Gary Smith: “Aunque Dios no remueva toda fuente de amenaza e incluso permita que algunos creyentes mueran por su fe, no se olvidará de ellos, sino que los levantará para la vida eterna” [7]. Esa es la lectura de la historia en clave de providencia que debemos hacer. Esa lectura en clave de providencia tiene cuatro implicancias para la vida: 

a) Reconocimiento de la voluntad de Dios.

Al aceptar lo que vivimos como la voluntad del Señor, aceptamos y amamos la historia que nos toca vivir, por difícil que sea, porque entendemos que la voluntad de Dios es “buena, agradable y perfecta”, por lo que entendemos que debemos seguir sirviendo a Dios con todo el corazón;

b) Cumplir el mandato cultural en Babilonia.

Que ese servicio, implica que debemos trabajar en Babilonia, para el servicio a Dios y para quienes nos rodean. El profeta Jeremías escribió una carta para los exiliados en Babilonia para decirles como debían vivir la situación de cautiverio, a sabiendas que duraría 70 años. Les dijo: “Así dice el Señor Todopoderoso, el Dios de Israel, a todos los que he deportado de Jerusalén a Babilonia: ‘Construyan casas y habítenlas; planten huertos y coman de su fruto. Cásense, y tengan hijos e hijas; y casen a sus hijos e hijas, para que a su vez ellos les den nietos. Multiplíquense allá, y no disminuyan. Además, busquen el bienestar de la ciudad adonde los he deportado, y pidan al Señor por ella, porque el bienestar de ustedes depende del bienestar de la ciudad’” (Jeremías 29:4-7). 

Dios, que está en misión, nos invita a no sólo ver y analizar la ciudad, sino a vivir en ella. No a formar ghettos de aislamiento eclesial y familiar, fortalezas de censura que no permiten contemplar los frutos de la gracia común en quienes sin creer glorifican a Dios, con su arte, ciencia, técnica. Trabajemos con ahínco para transformarnos en misioneros que contribuyen al bienestar de la ciudad, porque de eso depende nuestro propio bienestar. Shalom, que no sólo es paz como ausencia de conflicto, sino también justicia social, vida abundante, armonía, alegría.

c) La verdadera raíz de la esperanza. 

Que debemos perseverar en la esperanza, aún cuando las circunstancias sean adversas. La carta de Jeremías, continúa más adelante y en ella dice: “Porque yo sé muy bien los planes que tengo para ustedes —afirma el Señor—, planes de bienestar y no de calamidad, a fin de darles un futuro y una esperanza. Entonces ustedes me invocarán, y vendrán a suplicarme, y yo los escucharé. Me buscarán y me encontrarán cuando me busquen de todo corazón” (29:11-13). El pueblo de Dios por años se había olvidado del Señor, practicando la idolatría y la injusticia, tapándola con un culto aparente. Falsos profetas auguraban un falso futuro y esperanza, en una paz que no llegaría. Mientras, Jeremías, les decía de manera impopular que la justicia de Dios se manifestaría en que un pueblo pagano les asolaría y llevaría a varios de ellos, deportados a Babilonia. Cuando eso ocurrió, los falsos profetas dijeron que el cautiverio duraría no más de dos años. Jeremías dijo que serían setenta, y así fue. 

¿Se puede tener un futuro y una esperanza en Babilonia, símbolo de todos los imperios, reinos y gobiernos idolátricos, injustos y tiránicos? Sólo es posible si la mano del Dios de la vida actúa en favor de ellos. ¿Se puede tener un futuro y una esperanza en el Chile de hoy? Sí, se puede. Pero ese futuro y esperanza no está ni en el gobierno ni en lo que puedan hacer las élites políticas ni en el pueblo en la calle. Nuestro futuro y nuestra esperanza están en Cristo Jesús, en nada ni nadie más. Vivir pensando que podremos encontrar futuro y esperanza en personas y cosas, es meter las manos en la arcilla para levantar ídolos con apariencia de verdad o piedad. En el exilio de peregrinos y extranjeros que somos, anhelamos el hogar verdadero, el que Aquél que puede hacer nuevas todas las cosas construirá. Mientras, vivimos y trabajamos produciendo bienestar para nuestro prójimo y nosotros, pero con los ojos, y el corazón, donde deben estar… en Cristo.

d) Una mirada equilibrada. 

Debemos mantener un profundo equilibrio entre gracia común y “Antítesis”. Ambas verdades fueron enseñadas por la teología reformacional. Hablamos de gracia común, porque cada vez que vemos belleza, justicia, paz, cosas buenas para la vida, es la mano de Dios actuando en el mundo por medio de sus criaturas, por amor a su creación. Lo que no implica que quienes hacen cosas bellas, justas, en pro de la paz y el bien común, sean necesariamente en todas sus líneas de pensamiento aceptables. Lo que vemos en la gracia común es el glorioso amor de Dios y no la gloria de los seres humanos que se encuentran con sus mentes atrofiadas por el pecado. 

La “Antítesis” nos permite no perder de vista la raíz pecaminosa del pensamiento  y la vida de los seres humanos alejados de Dios. Nos permite entender cómo debemos vivir en el mundo asumiendo lo que se dice con la Palabra, modificando o reparando aquello que puede experimentar transformación, y rechazando aquello que es pecaminoso y que, por tanto, nos separa de Dios y produce daño para la vida propia y la de otros. En síntesis, nuestra tarea, no es meramente la abstención. 

Daniel, Ananías, Misael y Azarías no tenían otra opción, como a veces tampoco nosotros la tenemos, cuando la solución radical de cortar la mano que hace caer es necesaria. Pero, a veces, podemos no abstenernos, y no protestar o pelear contra todo y todos. Necesitamos aprender y leer. Aprendamos ciencias de la naturaleza y de la sociedad, literatura y lingüística, matemáticas (aunque sean el lado oscuro de la fuerza), artes en toda su variedad, y un largo etcétera. Nada más ajeno a la teología reformada que los índices de lecturas prohibidas propios de la Inquisición. Pero para leer de todo, debo antes empaparme de la Palabra de Dios, conocerla y manejarla con destreza como la espada que es, de tal manera que ella pueda darnos el marco para comprender todo lo que pasa a nuestro alrededor. Los cuatro muchachos judíos dejaron de comer, pero no dejaron de recibir la educación babilónica aunque estuviese manchada por el paganismo. Pero para sobrevivir al paganismo del cautiverio, hay que tener cautiva la conciencia a Cristo y su Palabra. 

Cierro con una cita del teólogo presbiteriano Rafael Cepeda en la que invita a la iglesia a recordar que: “la soberanía de Dios no reconoce límites, y que Él puede usar, y lo hace con frecuencia, a un gobierno o sistema injustos, y hasta enemigos de Dios y de su iglesia, como una herramienta que evidentemente se utiliza, y eventualmente se desprecia, en la edificación de su Reino. Pero ningún sistema político es tan bueno como para confundirse con el Reino de Dios, y ningún sistema es tan malo como para entorpecer el Reino de Dios” [8]. Esta es la actitud cristiana ante cualquier régimen político. Seamos prudentes respecto de nuestras declaraciones, eliminemos las lecturas fatalistas, discernamos no sólo las fuentes sino también nuestros corazones al acercarnos a ellas, no repartamos fake news, no idealicemos a seres humanos. Alabemos, gocémonos, critiquemos, protestemos y resistamos cuando sea necesario. Cualquier acción o actitud absolutizada frente a regímenes políticos puede ser el germen de la construcción de dioses con pies de barro. 

Luis Pino Moyano.

 


 

[1] Juan Calvino. Comentario a las Epístolas Pastorales. Grand Rapids, Libros Desafío, 2005, p. 61. Comentario de 1ª Timoteo 2:2.

[2] Juan Calvino. Institución de la Religión Cristiana. IV.XX.32. Buenos Aires – Grand Rapids, Editorial Nueva Creación, 1988 , p. 1194.

[3] Calvino. Comentario a las Epístolas Pastorales. Op. Cit., pp. 59, 60.

[4] Juan Calvino. Comentario a la Epístola a los Romanos. Grand Rapids, Libros Desafío, 2005, p. 339.

[5] Calvino. Comentario a las Epístolas Pastorales. Op. Cit., p. 60.

[6] Calvino, Institución… IV.XX.4. Op. Cit., p. 1171.

[7] Gary Smith. Los profetas como predicadores. Introducción a los profetas hebreos. Nashville, B&H Publishing Group, 2012, p. 281. 

[8] Rafael Cepeda. “La conducta cristiana en una situación revolucionaria”. En: Francisco Marrero (Editor). El pensamiento reformado cubano. La Habana, Ediciones Su Voz y Departamento de Publicaciones Iglesia Presbiteriana-Reformada  en Cuba, 1988, p. 175. Corresponde a un tema de estudio presentado al MEC, La Habana, 10 de abril de 1965.

Evangélicos por…

A comienzos de los noventa, en uno de los canales de televisión, uno de los días del fin de semana – si mal no recuerdo, el sábado por la noche-, comenzaron a transmitir las películas de Cantinflas. Desde las más antiguas a las más nuevas. Era muy niño, pero con el gusto de siempre por la historia, quedé alucinado con “Su Excelencia”. La representación de la guerra fría y la pugna de verdes y colorados, y la valentía de los países no-alineados, es realmente magistral. Cantinflas, personifica a Lopitos, un funcionario muy menor en una embajada que por azares y golpes de estado múltiples en un día, llega azarosamente a ser embajador de la Isla de los Cocos. Antes de terminar el film y en una álgida asamblea de naciones en la que se definirá el futuro del mundo y el país que lo liderará, Lopitos hace un discurso bello y consistente. En una de sus partes, cita a Benito Juarez – de quién ya sabía algo por el Chavo del 8-: “El respeto al derecho ajeno es la paz”. Esas palabras pueden ser un mínimo común a la hora de relacionarnos con otras personas. 

El respeto al derecho ajeno que es la paz, no implica que no se diga lo que se piensa, sino que cuando se haga se mantenga el respeto al que piensa y actúa distinto frente a una determinada circunstancia. Es no estupidizar, sino entender al otro como alguien inteligente con el que se puede dialogar. 

Dicho eso, quiero manifestar mi profundo respeto a quienes han constituido orgánicas tales como “Evangélicos por Kast” o “Evangélicos por Boric”, pero creo que dichas instancias no contribuyen al quehacer evangélico. Me suena a la pugna de la iglesia de Corinto cuando algunos se definían por ser de Pablo, Apolos o de Cefas, e incluso algunos, en un signo de superioridad espiritual se manifestaban siendo de Cristo (1ª Corintios 1:12). 

Eso último, la pose de superioridad, se encuentra muy presente en los discursos que validan el proyecto político de candidatos, analogándolos al proyecto del Reino de Dios. Que este defiende los valores de la moral sexual, este otro defiende la justicia social, que este es el candidato del pueblo de Dios, que este otro se aprovecha de los otros. O la pregunta que es a la vez afirmación: “¿Cómo puedes ser evangélico y votar por el candidato X?”. ¿Perdón? ¿De qué estamos hablando? Cuánta falta de respeto a los otros y cuán poco sentido de la humildad. Falta de respeto, porque en esos discursos lo que se hace es estupidizar al otro y desconocer su condición de hijo o hija de Dios. ¡Sola Gratia! Y falta de sentido de humildad, porque se olvida que el voto de quien suscribe la fe evangélica es un acto de discernimiento que tiene en cuenta que ningún candidato o proyecto político representa integralmente los principios del Reino de Dios, y por ende, si opto soy consciente de los instantes de verdad como de los elementos propios de la humanidad caída. ¡Sola Scriptura!

Anhelo que llegue el día en que no sea problemático entre evangélicos hablar de política. Que eso no implique cacerías de brujas, cancelaciones o funas. Que no pongamos en duda la amistad y hermandad, o la honestidad del otro, porque no piensa como yo quiero que piense. Cualquier barrera que pongamos a la relación entre creyentes es un obstáculo idolátrico, porque separa lo que Cristo unió con el poder de su cruz. El apóstol Pablo señaló: “Porque en él [Cristo] habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad, y vosotros estáis completos en él, que es la cabeza de todo principado y potestad” (Colosenses 2:9,10). Nuestra identidad está en Cristo y es completa en él. Nuestra vida plena está en el proyecto histórico consumado en la cruz y que implica la reconciliación de todas las cosas (Colosenses 1:20). 

¿Con eso estoy diciendo que quien vota por Boric o por Kast traiciona la fe? No, no es lo que digo. De hecho, creo que es un derecho de hermanos/as en su condición de ciudadanos/as optar por un candidato o proyecto político, con el desafío de ser conscientes de sus principios cosmovisionales y cómo éstos se ven fortalecidos o contrarrestados en dicho acto. Pero es un ejercicio posible, y por años hermanos nuestros lo han hecho, participando en partidos políticos de diversas banderías, aportando con sus prismas al debate público. 

Este domingo 19 anda a votar, es un derecho ganado, y es un deber fortalecer la democracia. Celebra si tu candidato gana, siendo respetuoso de quien se siente derrotado/a, recordando con prudencia que los triunfos políticos se miden después del día de la fiesta. Y, por cierto, antes y después, evita las caricaturizaciones, el ninguneo y, por sobre todo, el falso testimonio. Que otros lo hagan no implica que tú sigas el mismo juego. Vota libremente y con conciencia de tu fe que alumbra el tiempo que nos toca. 

Quiero terminar con una nota personal, muy personal. A inicios de 2013 testimonié que había  entrado en un proceso reformacional, en el que había dejado de lado el marxismo como lugar de producción. Eso, con el anhelo y esfuerzo cotidiano, personal y comunitario, por solidificar mi acercamiento cosmovisional cristiano. En muchas ocasiones, he visto que hermanos quieren que eso se parezca a las conversiones de Ampuero o Mauricio Rojas, quienes no sólo dejaron el marxismo sino que hoy profesan ideas de derecha. Están en su derecho, pero no es mi caso. Hoy mis convicciones políticas podrían ser definidas como un socialcristianismo transformacionista y si se requiere la geolocalización, a un comunitarismo de izquierda. 

Quienes me conocen, saben que no está en mis opciones votar por Kast. Sino al contrario, votaré por Boric. Es la segunda vez que hago público, más allá de mi círculo de mis amigos, por quién votaré. Pero esa explicitación no es un acto de campaña. No te llamo a votar por mi opción electoral. Ese es tu derecho. Y si eres mi hermano y te consideras mi amigo, y este 19 de diciembre votas por Kast, no dudes que eso de mi parte no está en cuestión. Eres mi hermano. Espero que para ti también lo sea. Porque lo que hace posible nuestra hermandad es lo que Cristo conquistó con su sangre. 

Luis Pino Moyano.

¿Por qué escribir sobre Kuyper en el Chile del siglo XXI?

Cuando soñamos con crear el Núcleo de Estudios Fe Pública, nos propusimos como uno de nuestros objetivos el difundir el pensamiento reformacional y, junto con ello, pensar en dicha clave el momento presente. Esas dos ideas estuvieron muy presentes en mi mente cuando escribí el artículo “Pensar, vivir y trabajar en la sociedad con los ojos puestos en el Soberano. Una lectura a Abraham Kuyper”, para el libro “Ni un centímetro cuadrado. Una introducción al pensamiento reformacional”.

En ese afán es que me propuse, pensando primariamente en lectores del amplio mundo evangélico, realizar, en primer lugar un esbozo biográfico de Kuyper, retratándolo en múltiples facetas, para luego explicar algunos ejes temáticos de su producción, tales como: la posibilidad del calvinismo como cosmovisión (una visión del mundo y un sentido de la vida), el aporte del concepto de soberanía de las esferas, las nociones de democracia-derechos-y-justicia, y la expresión de una política en tanto acto concreto de espiritualidad que no pierde de vista al Soberano: Jesucristo. Esa es para mi la idea fuerza más profunda de Kuyper: El soberano no es la esfera, un sujeto o una institución, el soberano en sí, por sí y para sí dentro de esta visión del mundo y de la vida es el Señor Todopoderoso. Nada ni nadie está sobre él. Si esto se pierde de vista, se termina generando una concesión a visiones secularizadas que reclaman la autonomía, sea de individuos o de colectivos sociales. Y esa concesión no sólo es teórica, sino, por sobre todo, espiritual (cita directa de mi artículo). 

Y es aquí donde me parece relevante, en medio de una coyuntura electoral, recordar que el neocalvinismo se erigió en respuesta tanto a los ideales de la Revolución Francesa como al pensamiento liberal en sus múltiples vertientes (política, filosófica, económica, teológica) y al incipiente movimiento socialista. Y allí las preguntas caen de cajón: ¿Ante cuales revoluciones del presente el neocalvinismo lanzará su crítica? ¿Cuál será su propuesta para el presente? En todo ello, la tarea será más que ardua. Lo que sí puedo señalar, a modo de spoiler de mi propuesta interpretativa de la obra kuyperiana, es que en el pensamiento y acción políticos reformacionales no hay cabida para el totalitarismo ni el individualismo ni el mercantilismo ni el clericalismo.

A su vez, estamos en el mundo cristiano en medio de las celebraciones de Adviento, que no sólo nos hacen prepararnos para la navidad, sino que nos recuerdan nuestra condición de peregrinaje y extranjería en la tierra, mirando hacia el futuro trazado por Cristo. Kuyper, en noviembre de 1891, en la inauguración del Congreso Socialcristiano señaló: “Surgió una luz en Belén y se percibió en el Gólgota un grito de alguien muriendo y despertando una nueva esperanza para el pueblo. No una esperanza como es vista en los moldes de hoy, en la cual quieren hacer del Cristo de Dios un reformador social. Salvador del mundo es su título de honra. Un cargo mucho más sublime, superior y rico”*. En medio de contingencias como las que vivimos en Chile hoy, y que venimos viviendo desde hace dos años, treinta años y hasta cincuenta años, quienes somos creyentes cristianos, más allá de nuestras opciones políticas y electorales, válidas y legítimas si son hechas libremente y en conciencia de virtudes y limitaciones proyectuales, hacemos bien en no olvidar que la esperanza que no defrauda se encuentra en aquél que nació en Belén. Eso es lo que nos hermana y no otra cosa. Y esa rehabilitación de la “amistad cívica” en la pluralidad de voces en diálogo, será, sin dudas, una importante contribución al debate público que nuestros lectores y lectoras no creyentes agradecerán. 

Luis Pino Moyano.

* Abraham Kuyper. O problema da pobreza: a questão social e a religião cristã. Rio de Janeiro, Thomas Nelson Brasil, 2020, p. 105 (traducción propia).

 


Dato para conseguir el libro:

Boric vs. Kast y fe evangélica.

Creo firmemente que ningún candidato representa de manera total el proyecto histórico del Reino de Dios. Eso lo vengo diciendo por años. La Biblia no tiene un programa político, pero tiene principios. Ante la no existencia de un candidato que represente el cristianismo de manera integral, los creyentes tienen la tarea de de discernir qué principios priorizarán y estar conscientes de cuáles no. Frente a eso la tarea más pertinente es procurar reconocer tanto la gracia común como la antítesis de las propuestas.

Por todo ello, creo que es una posibilidad que un creyente responsable pueda votar por Boric, Kast o incluso anular si así lo estima, sin estar traicionando su fe en Cristo. Creo que ese sentido de humildad que reconoce el mundo caído en el que vivimos, y que pone su expectativa escatológica final y completa en el Reino consumado de Cristo, es mucho más coherente que la de quienes ven en un candidato la fe cristiana y en otro la suma de todos los males. 

Dicho eso, creo también que un creyente no deja de ser mi hermano porque vota e incluso promueve electoralmente A, B o C. Lo que me hace hermano en la común fe es el Cristo que dio su vida en la cruz por mi. Parafraseando a Hendriksen, cualquier intento por suplementar a Cristo deriva en una suplantación. En idolatría. Y como protestante adhiero a la declaración doctrinal y vital de la Reforma: sólo Cristo.

Luis Pino Moyano.

 


Después de esta brevísima reflexión, sugiero que escuches esta canción de Marcos Vidal: